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Rosario, martes 20 de octubre de 2026

Central Córdoba cumple 120 años, con una historia ligada al barrio de Tablada

El Club Atlético Central Córdoba celebra hoy sus 120 años. Desde sus orígenes, el club estuvo estrechamente ligado al barrio de Tablada, una relación que se mantiene vigente y que encuentra en su estadio uno de sus principales símbolos de identidad. En esta jornada festiva para los charrúas, el recorrido por sus antiguos reductos y la historia de su cancha permiten reconstruir parte de la trayectoria de una entidad que creció junto a su barriada
Central Córdoba cumple 120 años, con una historia ligada al barrio de Tablada

Por: Leonardo Volpe, especial para El Ciudadano

A diferencia de otros clubes, Central Córdoba mantuvo siempre su cancha en una misma zona de la ciudad. Esa continuidad territorial fortaleció su identificación con Tablada, donde su estadio forma parte de la fisonomía barrial.

Allí se forjó la institución y allí continúa emplazado su campo de juego, con una capacidad para recibir alrededor de 17.000 espectadores.

Los primeros reductos y el vínculo ferroviario

El primer campo de juego del club estuvo ubicado en la intersección de las calles Ocampo, Buenos Aires, bulevar Rosarino —actual bulevar 27 de Febrero— y 25 de Diciembre —hoy Juan Manuel de Rosas—, en terrenos que ocupaban Pedro Alles y Juan Ventura. En una de las esquinas de aquel lugar se encontraba el antiguo café de Díaz, un punto de referencia de la época en la zona.

Poco tiempo después, la entidad trasladó su field a un predio cercano, situado sobre 25 de Diciembre, entre Viamonte y Ocampo. Finalmente, en 1907 se instaló entre las calles Virasoro, Gálvez, 25 de Diciembre —actual Juan Manuel de Rosas— y 1.º de Mayo, donde todavía se encuentra el estadio charrúa.

Durante sus primeros años, el club Ferrocarril Córdoba y Rosario, denominación que adoptó hasta 1914, cuando pasó a llamarse Central Córdoba, mantuvo una estrecha relación con la empresa ferroviaria homónima. De allí provenía la mayoría de los integrantes de la institución, que encontró en esa vinculación un respaldo fundamental para su desarrollo.

La compañía permitió que el club utilizara el hall de la estación de trenes para celebrar sus asambleas y le cedió una oficina dentro de las instalaciones para que funcionara como secretaría. Asimismo, le alquiló sin costo alguno el terreno donde se construyó la nueva cancha, ubicada junto a la playa de maniobras y los depósitos de carga de la estación.

Con el paso del tiempo, las distintas compañías que integraban la empresa Ferrocarril Córdoba y Rosario se fusionaron en una sola, que adoptó el nombre de Ferrocarril Central Córdoba. Paralelamente, se creó la Compañía Ferroviaria de Tierras, encargada de administrar las propiedades del ferrocarril de firma británica. Esta reorganización puso en duda la continuidad del vínculo entre la entidad deportiva y la empresa ferroviaria.

Sin embargo, pese a las preocupaciones de los dirigentes charrúas, las autoridades del F. C. C. C. permitieron que el club siguiera ocupando el predio sin pagar alquiler. La situación se mantuvo hasta 1916, cuando se alcanzó un acuerdo con la nueva compañía mediante la firma de un contrato de arrendamiento.

Ese mismo año se colocó el alambrado alrededor del campo de juego y se levantó una casilla de madera con techo de paja y piso de tierra. Cuatro años después, en 1920, se realizaron nuevas reformas. De la siguiente manera, la antigua construcción fue derribada y reemplazada por un pabellón más amplio y cómodo, de trece metros de largo, con tres compartimientos, secretaría y anexos. Además, el terreno de juego fue desplazado trece metros hacia el este.

Las primeras tribunas y el crecimiento del estadio

A comienzos de la década de 1920, Central Córdoba dio otro paso en la evolución de su campo deportivo con la construcción de sus primeras tribunas. Se trató de cuatro gradas de tablones de madera, de sesenta centímetros de ancho, instaladas en el sector este.

Posteriormente, en abril de 1931, la empresa constructora Chaina & Cía. llevó adelante una obra de mayor envergadura al levantar una tribuna con estructura metálica y tablones de madera, de cien metros de ancho, diez de largo y seis de altura. La construcción estaba dividida en dos tramos, separados en la parte central por un espacio libre de casi cinco metros y medio de ancho y cinco de altura.

La nueva estructura reemplazó las gradas que hasta entonces ocupaban el sector este. La obra se completó en apenas siete días y requirió la utilización de cuarenta toneladas de hierro, una muestra de la magnitud de la intervención realizada en el estadio.

Durante muchos años, la Compañía Ferroviaria de Tierras continuó alquilándole el predio a Central Córdoba.

Finalmente, en 1958, gracias al esfuerzo conjunto de dirigentes y socios charrúas, la institución logró comprar los terrenos donde se encuentra su estadio, consolidando así su vínculo con el barrio y asegurando la propiedad de su histórica cancha.

El cambio de orientación de los arcos

El ascenso a la máxima categoría del fútbol argentino, conseguido en 1957, marcó un punto de inflexión en la historia del estadio y del club. Las autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino exigieron ampliar la capacidad del viejo reducto de Virasoro y Juan Manuel de Rosas para que pudiera albergar encuentros de Primera División.

Debido a que su cancha no reunía las condiciones requeridas, durante el campeonato de 1958 Central Córdoba debió disputar sus partidos como local en el estadio de Newell’s Old Boys. La situación llevó a los dirigentes a tomar una decisión determinante. En diciembre de ese año aprobaron las reformas necesarias para que el equipo charrúa pudiera volver a jugar en su propio terreno durante el torneo de 1959.

Los trabajos comenzaron de inmediato y en apenas tres meses, se construyeron dos nuevas tribunas en los sectores norte y sur. Asimismo, la popular fue desplazada hacia el este para modificar la orientación del campo de juego, ya que esa era la única manera de alcanzar las dimensiones exigidas por la A. F. A.

Como resultado de las obras, la cancha dejó de estar orientada de norte a sur y pasó a hacerlo de este a oeste, disposición que conserva hasta la actualidad. La transformación permitió adecuar el estadio a las exigencias de la máxima categoría y continuar escribiendo la historia del club en su propio barrio.

Un merecido reconocimiento: el estadio lleva el nombre de Gabino Sosa

La historia del estadio también está ligada al homenaje a una de las grandes figuras del fútbol rosarino y argentino. Durante la cena con la que Central Córdoba celebró su 63.º aniversario, realizada el 7 de noviembre de 1969, se decidió rendir tributo a Gabino Sosa, baluarte que brilló con la camiseta del conjunto de Tablada y también se destacó en la selección rosarina y en el seleccionado nacional.

A partir de aquella decisión, el estadio de Central Córdoba fue bautizado con su nombre, una distinción que quedó incorporada a la identidad de la institución y de su gente.

A 120 años de su fundación, Central Córdoba conserva una historia marcada por la pertenencia, el esfuerzo de sus dirigentes y socios y una relación ininterrumpida con Tablada. Desde sus primeros campos de juego hasta las transformaciones que dieron forma al actual estadio Gabino Sosa, el recorrido de la entidad charrúa refleja el crecimiento de un club cuya historia permanece profundamente arraigada en el barrio que lo vio nacer.

En la fotografía podemos contemplar el estadio charrúa tras las reformas en 1959. Gentileza de Julio Rodríguez, periodista, historiador y gran conocedor de la historia de Central Córdoba.