Ligado a la Alianza Libertadora Nacionalista de Patricio Kelly, fue el único condenado por la muerte del estudiante Arturo Ruiz García durante una manifestacion en Madrid en 1977. Ese hecho abrió lo que se conoce en España como la "Semana Trágica". El autor material de ese asesinato vive en Argentina. Cesarsky denunció a López Rega por "usurpar" la quinta 17 de Octubre y le violentó al "Brujo" el buzón de la casa en Suiza donde se había refugiado en su ocaso. De yapa: se coló en la visita al Vaticano de Carlos Menem en 1990. Argentina es el único país donde se investigan los crímenes de lesa humanidad del franquismo
El fotoperiodista Carlos Brigo publicó la foto de Cesarsky en una misa de Famus (portada) y encendió la idea de esta nota.
El próximo enero se cumplirán 50 años de un crimen político en Madrid que sacudió la transición española del franquismo a la democracia. Fue el primero de una seguidilla de asesinatos que desmintieron la declamada ejemplaridad del proceso y se recuerdan como la Semana Trágica. A Arturo Ruiz García, de 19 años, lo mataron de un tiro por la espalda cuando participaba de una marcha en reclamo de amnistía para los presos políticos de aquella dictadura. El único condenado por ese hecho fue un argentino: el ultraderechista Jorge Cesarsky Goldstein.
La de Cesarsky, antes y después de ese hecho, fue una historia de película. Sus andanzas se vinculan con José López Rega, Isabelita, Carlos Menem y el Papa Juan Pablo II, el nacionalista Guillermo Patricio Kelly y hasta el sueco Olof Palme.
Cesarsky en medios españoles (1977). Fuente: Archivo Linz de la Transición española.Ligado al peronismo desde su juventud, encarcelado en la Argentina luego del golpe de Estado de 1955 por el asalto a un local del ala izquierda del movimiento, Cesarsky se fue a la península ibérica en 1967. Allí se vinculó a organizaciones y grupos de choque paraestatales del régimen instaurado por Francisco Franco Bahamonde. Su ocupación formal era bastante más banal: vendedor de seguros.
El argentino cumplió apenas 10 meses de la condena a más de seis años que le dieron por el asesinato en Madrid. La Justicia española lo acusó de cómplice necesario: suya era la pistola con la que José Ignacio Fernández Guaza le gatilló dos veces, desde atrás, al joven granadino, un estudiante, ocasional albañil y militante de las Comisiones Obreras. El caso llegó, incluso, a la Justicia argentina.
Ironía: Cesarsky salió de prisión gracias a la misma ley de amnistía que reclamaban los manifestantes a los que atacó.
En la Argentina atravesada por la dictadura, y un día después de que Cesarsky fuera arrestado en Madrid, el bloque de ex diputados nacionales del peronismo, encabezado por el entonces joven Julio Bárbaro, publicó un comunicado para desmentir que el acusado por el asesinato de Ruiz García fueran un afiliado al Partido Peronista.
Los ex legisladores desconocieron la existencia de la «Junta de Autodefensa Justicialista», una organización cuya jefatura se atribuía el propio Cesarsky. En verdad, era su fundador y, por lo que se sabe, su único integrante.
El ex bloque peronista buscó despegar así al partido de las acciones del argentino en España y de las agrupaciones de extrema derecha que invocaban el nombre del peronismo.
El texto admite que Cesarsky se acercó al movimiento «cuando el peronismo triunfó en las elecciones sindicales de 1962». Y sobre esas circunstancias, añade: «Apareció como un francotirador atacando a dirigentes justicialistas a los que acusaba de marxistas, cual si tratase de impedir la unión del peronismo. No faltó quien
lo denunciase como perteneciente a algún servicio de inteligencia».
Contra lo que afirmaba el comunicado que firmó Bárbaro, Cesarsky aparece como militante peronista antes de 1962.
Estaba involucrado con la Alianza Libertadora Nacionalista. En 1958, tres años después del golpe de Estado contra Juan Perón, Guillermo Patricio Kelly, el extravagante personaje que había tomado por asalto ese grupo de choque, había vuelto al país de su exilio. Algunas publicaciones señalaron que regresó clandestinamente con un pasaporte a nombre del conductor televisivo Roberto Galán.
Kelly volvió tras un agitado periplo por el exterior, posterior a su célebre fuga de la cárcel de Río Gallegos y el siguiente escape de la Penitenciaría de Chile, en 1957. Había pasado por Venezuela, donde se exilió Perón en un principio, por Haití y por República Dominicana.
De nuevo en Argentina, el 13 de agosto de 1958 Kelly y otros miembros de la Alianza, más algunos de Guardia de Hierro, ocuparon un local del Comando Táctico Peronista, que respondía a John William Cooke y que el propio Perón había decidido desactivar como núcleio de la resistencia, con agradecimientos, unos días antes.
Irrumpieron en el local, echaron a todos y se apoderaron del inmueble para que, dijeron, no sea utilizado por los “infiltrados marxistas” del peronismo. Vueltas de la política, Cooke y Kelly habían protagonizado, junto a Héctor Cámpora y otros peronistas, la espectacular fuga de la Unidad 15 de Santa Cruz. Pero fuera de la cárcel, que lima asperezas por instinto de supervivencia, renacieron las enemistades.
La Policía allanó la sede partidaria tomada dos días después de la irrupción. A los que estaban dentro los detuvieron por el delito de tenencia de armas y explosivos. Uno era Cesarsky. También quedó preso Kelly, en la cárcel de Ushuaia. Los liberaron en 1963 gracias a los indultos del Gobierno de Arturo Illia.
De nuevo al 23 de enero de 1977, en Madrid. Como hacían en cada marcha pro-amnistía, varios matones ultraderechistas se acercaron con armas a la zona de la manifestación, en la esquina de las calles Estrella y Silva de Madrid, para provocar y asustar a sus participantes.
Pertenecían a grupos como Fuerza Nueva. O a la Triple A, pero no la argentina sino la Alianza Apostólica Anticomunista ibérica. Eran los mismos represores del franquismo, aún activos y vinculados a la Dirección General de Seguridad (DGS) y a otras fuerzas y cuerpos del Estado. El aparato violento del Generalísimo no estaba desmantelado, ni mucho menos.
Allí estaban Cesarsky Goldstein, para esa época de unos 50 años, y el más joven Fernández Guaza. El argentino había tejido una estrecha conexión con la DGS y con la organización Fuerza Nueva. El español alardeaba de trabajar en inteligencia para la Guardia Civil y pertenecía a los Guerrilleros de Cristo Rey.
El parte policial señaló sobre el crimen: “Un hombre de 45 o cincuenta años de 1,65 o 70 de estatura, que vestía abrigo verde tipo Loden (Cesarsky), mientras esgrimía un arma en su mano derecha y efectuaba gritos de Viva Cristo Rey, hizo un disparo al aire”. Agregaba: “Junto a él, un segundo individuo más joven (Fernández Guaza), que vestía cazadora a grandes cuadros, le arrebató el arma y efectuó a bocajarro dos disparos que hicieron blanco sobre el cuerpo del joven”.
El asesinato de Arturo Ruiz abriría lo que se conoce como la Semana Trágica de la Transición.
Al día siguiente, en una manifestación, precisamente, por el asesinato del joven, la estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense Mari Luz Nájera se convirtió en la segunda víctima fatal de las protestas.
Tenía 20 años. Una granada de gas lacrimógeno disparada por la Policía impactó en su cabeza (deja vú actual y argentino: el fotógrafo Pablo Grillo). A la chica le diagnosticaron traumatismo craneal con fractura de la bóveda craneal. No la pudieron operar y falleció horas después.
La violencia escaló. La noche del mismo 24 de enero, otro comando ultraderechista irrumpió en un despacho de abogados laboralistas vinculados a Comisiones Obreras y al Partido Comunista de España, en la calle Atocha. Buscaban a un militante comunista y, como no lo encontraron, le dispararon a todos los presentes. Cinco murieron y cuatro quedaron heridos de gravedad.
Los ejecutores de la “Matanza de Atocha” ni siquiera intentaron escapar de Madrid. Pensaron que tenían protección. Pero ya eran demasiadas muertes. El Gobierno de transición que meses después, como resultado de las primeras elecciones libres desde 1936, presidiría el ex funcionario franquista Adolfo Suárez, tenía que demostrar que el retorno a la República iba en serio. Los atraparon y condenaron. A dos de ellos le dieron 193 años de prisión. A otro, 73.
Un mes y medio antes del crimen por el que lo condenaron, Cesarsky había protagonizado una bravuconada. Fue cuando, el 5 de diciembre de 1976, el dirigente socialista sueco Olof Palme arribó al aeropuerto de Barajas para asistir al XXVII Congreso del PSOE (PartidoSocialista Obreo Español).
Cesarsky se presentó en el aeropuerto portando una gran alcancía con la forma de Mafalda. Justo él, con el personaje de Quino, siendo que el humorista gráfico estaba en las antípodas ideológicas. Se la había colgado al cuello y la agitaba con el pedido de fondos «para las familias de las fuerzas del orden asesinadas por la democracia».
Era una ironía. La alcancía tenía un cartel: “Señor Olof Palme, le entrego esta hucha (alcancía) para que repita su hazaña de pedir limosna para los asesinos de ETA y FRAP. ¿Se atreve?”.
Es que, en septiembre y octubre de 1975, Palme, entonces primer ministro sueco, había generado un revuelo internacional al caminar por las calles de Estocolmo con una alcancía en la mano. Una gran puesta en escena para la recaudacíon de fondos solidarios destinados a los opositores de la dictadura española, ya en sus postrimerías y que terminó de desplomarse en noviembre de ese año con la muerte de Franco.
La payasada del argentino con el sueco no prosperó: la policía le impidió acercarse. Pero una semana después, durante el acto de clausura del congreso de Fuerza Nueva, su presidente, Blas Piñar, felicitó al ultraderechista nacido al otro lado del océano: “iY menos mal que un argentino, Jorge Cesarsky, ha tenido el valor, que yo le agradezco y que ha faltado a los españoles, de meter una hucha en las narices al socialista sueco!”.
Cesarsky, en esa reunión, habló a los postres. A Olof Palme lo asesinaron años después, el 28 de febrero de 1986. Su crimen aún está impune.
Dos años antes. Estamos en 1973. Otro retorno de la democracia en Argentina tras el desgaste de la dictadura autodenominada «Revolución Argentina» que en su último tramo encabezó el general Alejandro Agustín Lanusse. Elecciones con Perón proscripto y una salida transitoria: la fórmula Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima, que menos de dos meses después de ganar los comicios los convocaría de nuevo para que el líder pudiera niiicar su tercer mandato.
En esas vueltas, aparece de nuevo Cesarsky. El historiador y escritor Cesar Aníbal Arrondo, en su capítulo para un libro colectivo que tituló «El regreso definitivo del general Juan Domingo Perón a la Argentina visto por el diario Crónica», lo repasa.
Arrondo señala que Crónica publicó en su portada del 16 de junio de 1973 una fotografía del entonces presidente Cámpora y el dictador Franco en el Palacio del Prado con el epígrafe «Clamorosa recepción a Cámpora en Madrid». Otra imagen está subtitulada «El abrazo del Presidente Cámpora con Perón en Puerta de Hierro».
Eran los preparativos para el regreso del lider proscripto durante 18 años. En las páginas interiores, Crónica informaba que Cámpora había sido nombrado ciudadano de honor y recibido las llaves de la ciudad de Madrid. Pero también relata encuentros entre integrantes de lo que llama Juventud Peronista con los Jóvenes Falangistas. Y el promotor de los mismos, asegura el diario, fue Cesarsky.
Muerto Perón, con el Gobierno de Isabel Martínez jaqueado por la violencia que desangraba al partido y por la economía en eclosión tras el «Rodrigazo», el hasta entonces hombre fuerte y Ministro de Bienestar Social, José López Rega, tuvo que renunciar al cargo y salir del país. Hizo que la esposa del general le diera el salvoconducto: la vicepresidenta en ejercicio de la presidencia lo nombró embajador itinerante. El 20 de julio de 1975, «El Brujo» partió a España. Se instaló primero en una quinta cerca de Jerez de la Frontera.
Y entonces aparece, de nuevo, Cesarsky. Aunque a los dos se los puede ubicar en el mismo extremo ideológico, el ex integrante de la Alianza Libertadora le complicó la existencia al Brujo apenas dos meses después de su arribo a España.
Cesarsky denunció al fundador de la Triple A ante la Justicia ibérica por usurpar la quinta 17 de Octubre, en el exclusivo barrio madrileño conocido como Puerta de Hierro donde Perón transcurrió su exilio. La presentación fue en el Juzgado 14 de Madrid, que inició un expediente y solicitó que la policía confirme o desmienta que López Rega habitaba la histórica residencia.
López Rega, que vivía acompañado por sus violentos custodios Luis Almirón y Juan Ramón Morales, tuvo que mudarse al hotel El conde Duque de Olivares.
La denuncia de Cesarsky hizo ruido en todos lados. Y «Lopecito» tuvo que huir de España, donde sus apoyos franquistas le soltaron la mano pese a la intermediación del entonces jefe de la Logia P2, Licio Gelli.
López Rega, ya casi un prófugo, recaló, con identidad falsa, en Suiza. En la localidad de Villeneuve, a orillas del lago Lemán, vivía en un chalet llamado Los Pájaros, en el 7 de Avenue Byron. Allí, poco después, se instaló María Elena Cisneros, quien se convirtió en su pareja.
Pero Cesarsky lo perseguía. Lo encontró a fines de 1982. Y violentó el buzón de correspondencia de la casa de Avenue Byron para obtener pruebas fehacientes de su paradero. Se las entregó a la agencia de noticias AFP. En base a ese material, hubo una investigación periodística, en la que intervino el diario Clarín. La revista Gente, del grupo mediático, expuso el refugio suizo del Brujo en 1982. Cuatro años más tarde, después de esconderse en Estados Unidos y Bahamas, terminó deportado a la Argentina, donde murió en prisión en 1989.
A Fernández Guaza, el autor material del asesinato por el que condenaron a Cesarsky, nunca lo detuvieron. Tenía 29 años en 1977. Con la ayuda de sus contactos en los servicios de inteligencia, según admitió muchos años después al diario El País, huyó de España por el País Vasco. Pasó a Francia y luego cruzó el océano. Llegó a Paraguay. Y en 1978, a la Argentina del Estado terrorista que encabezaba Jorge Rafael Videla.
Lo encontraron hace apenas tres años. Se descuidó en las redes sociales. En una de sus dos cuentas de Facebook, la que había creado con un nombre falso, los intercambios de mensajes lo dejaron expuesto. Un historiador español interesado en lo que había sido del asesino de Ruiz García pudo detectar que vivía en Ingeniero Maschwitz, en el partido bonaerense de Escobar. Se declaraba viudo, y en Argentina formó una nueva familia, con tres hijos y varios nietos.
Los abogados que representan a la familia de Ruiz García en Argentina reclamaron entonces la detención inmediata de Fernández Guaza. Lo hicieron ante la jueza federal María Romilda Servini, que lleva adelante la única causa judicial abierta en el mundo para investigar los crímenes de lesa humanidad y el genocidio cometidos durante la Guerra Civil Española y la dictadura de Franco. Su potestad para actuar se funda en el principio de jurisdicción universal, impulsado por organismos de derechos humanos, el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y familiares de víctimas.
Sin embargo, el arresto del ultraderechista español nunca se concretó. Primero un fiscal, y luego la Cámara de Casación Penal, consideraron que no estaba acreditado que el asesinato de Ruiz García pudiera ser calificado como de lesa humanidad.
«Aportamos numerosa información respecto del recorrido criminal desarrollado por Fernández Guaza, su vinculación con el aparato represivo del franquismo y su radicación en Argentina. Dicha información la hemos obtenido de un meticuloso trabajo de investigación desarrollado por el historiador español Carlos Portomeñe”, explicó en su momento el abogado Duilio Jorge Ramirez.
En junio pasado, la familia de Arturo Ruiz presentó un recurso en la Audiencia Nacional de España para exigir la desclasificación de información y esclarecer los vínculos de su autor, refugiado en Argentina, con las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado en ese entonces.
El fotoperiodista Carlos Brigo publicó en su cuenta de Facebook la foto de Cesarsky que motivó este extenso repaso por alguna de las andanzas del ultraderechista. Es de la misa de Famus, la organización Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión, celebrada el 19 de noviembre de 1985.
Durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, Famus tuvo fuerte presencia a través de solicitadas, actos públicos y misas. Bajo el manto de homenajes a militares muertos por las organizaciones armadas de los 70, estaba la defensa del terrorismo de Estado y el reclamo de impunidad para sus perpetradores directos.
En las misas sobresalía la presencia de monseñor Emilio Teodoro Grasselli, uno de los varios miembros de la Iglesia católica de estrechos vínculos con las cúpulas militares de la dictadura, durante la cual fue secretario privado del vicario castrense, Monseñor Adolfo Tortolo.
Otra reapareción espectacular del ukltra argentino fue nada menos que al lado de Juan Pablo II y del presidente Carlos Menem durante la visita del mandatario al Vaticano, el 19 de octubre de 1990. Para sorpresa de la delegación que acompañaba al riojano, Cesarsky se coló en la audiencia papal junto a periodistas que cubrían el viaje presidencial.
La revista Somos publicó una foto en la que aparece Cesarsky enfrente de Menem y del Pontífice, que le da la mano a un periodista situado a su lado.
Según la revista, la guardia vaticana, alertada por los jefes de seguridad de Menem, se acercó a Cesarsky, quien mostró una credencial de periodista español. De este modo, consiguió permanecer al lado de los acreditados de la prensa argentina y salir en la foto.
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