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Coki Debernardi: “Cuando sea viejo voy a cantar cumbia”

El músico se presenta este sábado junto con los Killer Burritos en el Centro Cultural Güemes  en la que será su primera presentación del año y la consolidación en los escenarios de “Fugitivo”, el disco compuesto en colaboración con Franco Mascotti y Ricardo Vilaseca

Un té negro con limón. Dos sobrecitos de azúcar en reemplazo de la miel. La humedad es insoportable y el cambio de clima no es aliado de nadie en Rosario. Tampoco de César Debernardi, Coki, que tiene concierto este sábado y por eso se cuida la garganta. Pero ya lo sabemos, aunque la infusión cumpla con la promesa de su efecto protector, su voz nunca funciona igual. Y eso nos atrapa.

Entre los vivos

Fugitivo fue un disco compuesto durante la pandemia, en una soledad casi absoluta. Debe ser por eso que la voz de Coki Debernardi parece estar muy cerca del oído, cantando casi en un susurro secreto. Cuenta que cantó tres veces el disco para grabarlo. En su casa, solo, con un micrófono muy precario. En otro lugar, “más o menos” y por último en un lugar abierto, con vista al parque. Cantarlo en un lugar así no es una contradicción con la búsqueda de un efecto de encierro, “porque no hay que matar a alguien para escribir una canción sobre el crimen, ¿no? No hay que estar encerrado solo para cantar con angustia y soledad, sino interpretar algo es poder salir de ese lugar que quizás sea más confortable entre comillas para poder llevarlo a una cosa mejor”, dijo el músico.

Pero el disco además de una voz replegada sobre sí misma, tiene una orquestación muy fina, donde las guitarras están casi siempre en un segundo plano. El efecto es el de una intimidad arrulladora, una búsqueda de complicidad entre la melodía, la letra y la instrumentación que sólo en algunos momentos muy puntuales retoma la estridencia del rock. Llevar esas sutilezas al escenario, tocar estos temas en vivo supone una vuelta de tuerca más que la habitual. Porque si bien estamos acostumbrados a que en cada show de los Killer las versiones de los temas son únicas, en los temas de este disco, esa reconversión alquímica requiere sin dudas de un trabajo mayor.

“Un desafío absoluto: algo entre comillas inorgánico, muy de laboratorio, pasarlo a orgánico.  A veces es más fácil al revés. Fue todo un desafío, pero somos muchos. A veces cuatro guitarras, dos teclados, un bajo y una batería. Entonces, hubo que repartir toda esa orquestación que tiene el disco. Todo lo que está hecho en computadoras, orgánicamente cobra una vida increíble. Muchísimas texturas están reemplazadas: algunos teclados por guitarras, guitarras por teclados. Lo laburamos mucho, estamos mucho tiempo ensayando”, expresó.

Libertad, enloquecido

Debernardi habla de trabajo arduo, de goce y de la inspiración que llega si se la busca. Piensa en el escenario, en que la posta es que sea un generador de emociones. Mira las tapas de los discos que están en la estantería, las observa detenidamente. Charlamos acerca de cuáles son buenas tapas a pesar de la música que tienen y viceversa. Y dice que la estética “es fundamental”. Me cuenta que por primera vez en el arte de tapa de un disco de los Burros interviene otra artista, la dibujante rosarina Alina Calzadilla. La imagen muestra un paracaidista en llamas, nada más atinado para la metáfora de un fugitivo.

Hablamos también de la puesta en escena, de la experiencia de subirse al escenario una y otra vez después de siete discos y veinticinco años. Hacemos cuentas, es un disco cada cuatro años, aunque sabemos que el promedio es mentiroso. Porque en los últimos siete, estuvieron trabajando en otros proyectos, tocando con Fito, de gira mundial, haciendo base en Rosario. Killer Burritos puede hacerlo, puede irse de gira y volver. Tocar cuantas veces quiera y editar un disco cada dos años o después de siete porque, básicamente, son libres.

“La libertad no es sólo elegir cómo es la tapa o cómo suena un disco.  Elección estética es tener una banda como la que tengo, que no la podría tener en otro lugar. Las bandas mías cambian todo el tiempo. Eso es una elección estética. El ejercicio de la libertad es una decisión estética”, planteó.

Y sumó: “Yo me quiero sorprender cada vez que me subo a un escenario, todas las veces que me subo a un escenario necesito sorprenderme. Primero yo, para que el de abajo se sorprenda también. Que no pasa por hacer nada loco, estoy lejísimo de hacer algo que se llame vanguardia o experimento. Es una experiencia personal mía la de poder hacer que la música suene siempre diferente. Y con los Killer pasa siempre que es un show distinto”.

Es ahí

—¿“Sin poder aterrizarlo” te seguís divirtiendo ahí arriba, en el escenario?

—Sí. Me sigo transformando. Me sigo shockeando, no soy la misma persona cuando me subo a un escenario, me cambia completamente la vida.

—¿Pensabas que ibas a hacer lo que hiciste cuando saliste de Cañada de Gómez?

—Sí, lo hice todo a propósito. Es como la canción que dice “lo hice para quebrar, lo hice para para quebrarme a mí”. Lo hice para quebrarme a mí. Un poco por tímido, otro poco para transformarme. Como cuando era chico, veía siempre transformaciones de superhéroes o de cosas que iba a ver y eso me transformaba. Como la primera vez que vi a Charly, como la primera vez que lo vi a Oscar Alemán. Aunque no supiese nada de música. Alemán: un solo hombre con una guitarra y se la ponía atrás y tocaba y bailaba y cantaba y la rompía y ahí te das cuenta que esa persona seguramente se bajaba y no era eso. Eso era el mundo del espectáculo y, además dentro del mundo del espectáculo, era un artista.

—¿Y hoy qué estás escuchando?

—Parece como una especie de trap pero con narcocorrido. Me interesan mucho las letras, que son muy directas y tiene la orquestación en la mezcla entre el narcocorrido y el hip hop. Me interesa mucho la música de México: todas las sonideras de México. Y me gusta mucho también el vallenato y la cumbia colombiana. El tradicional. Alguna vez voy a terminar cantando cumbia, en una banda de cumbia. Cuando sea viejo voy a cantar cumbia.

—¿Cómo te imaginas ese escenario?

—En un lugar común, pero divirtiendo a la gente de esa manera.

El té se había terminado hacía ya un rato. El limón ya estaba exprimido y aguado en la taza. César Debernardi sonreía craneando un final de carrera distinto al de una estrella de rock convencional. Puede hacerlo. No se traiciona. Ese es el poder que te da la libertad.

Para agendar

Coki Debernardi junto a los Killer Burritos se presenta este sábado, a partir de las 21,  en el Centro Cultural Güemes (Lagos y Güemes), con su primer show del año. Las anticipadas están a la venta a través de la plataforma http://EntradaPlay.com

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