
Cinco personas comenzarán a ser juzgadas mañana, acusadas del homicidio de la contadora Laura Susana Bard, asesinada de un tiro en el pecho en su casa del barrio porteño de Flores por ladrones que simularon que iban a comprar un televisor LCD que la víctima vendía por internet.
Fuentes judiciales informaron a Télam que el proceso se iniciará a las 10 ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 6 porteño, en el Palacio de Tribunales de Capital Federal, en Talcahuano 550.
Allí serán juzgados Nicolás “Tecla” Farías (de 25 años), Kevin Douglas Bais (de 29), Antonella Pantuso, Juan Domingo Cano y Juan Martín Cano, todos acusados por el “homicidio en ocasión de robo” de Bard (46), los dos primeros en calidad de “autores” y los tres restantes como “partícipes necesarios”.
“Espero que la justicia condene con la pena máxima a los asesinos para que paguen con sus vidas lo que le hicieron a mi mujer, por todo el sufrimiento que ella tuvo”, dijo Gabriel Arroyo, viudo de la contadora.
“Éramos un matrimonio de verdad y nos amábamos hasta que llegaron los asesinos y la mataron. Tengo mucho dolor y bronca por eso. Sólo quiero que no salgan más de la cárcel”, remarcó el hombre.
Agregó que ellos le dieron todo lo que había en la casa para se llevaran, “pero no les alcanzó y la mataron como un perro”.
Los jueces del tribunal son Leonardo José de Martini, Guillermo Yacobucci y María Alejandra Dietrich, mientras que la parte acusadora estará integrada sólo por el representante del Ministerio Público Fiscal, Diego Nicholson, ya que los familiares de la víctima no se constituyeron como querellantes.
Los voceros consultados dijeron que el proceso se llevará a cabo en dos audiencias programadas para lunes y martes próximos, para las que fueron convocados a declarar siete testigos.
El hecho por el que se juzga a los cinco imputados ocurrió cerca de las 20.20 del 7 de septiembre de 2011 en un departamento del primer piso de un edificio del pasaje Gustavo Riccio 194, a una cuadra de avenida Rivadavia y Carabobo, en Flores.
Allí se encontraba Bard junto con su pareja, llamado Gabriel Omar Arroyo, su sobrino y un vecino.
De acuerdo con el expediente, la pareja había decidido poner a la venta por la web, en el sitio <Mercado Libre>, un televisor LCD y otros objetos personales ya que tenían planeado mudarse a la ciudad de Mar del Plata.
La semana anterior al homicidio recibieron el llamado de una mujer –acusan a Pantuso de ser quien llamó–, quien se mostró dispuesta a comprar el televisor y pactó con la dueña que iría a ver el LCD el fin de semana.
Siempre según surgió en la investigación, el domingo 4 de septiembre se presentó en su casa Pantuso junto con Douglas Bais, simularon inspeccionar la TV y acordaron efectuar un depósito bancario durante la semana y regresar luego con el comprobante para retirar el electrodoméstico.
El miércoles 7 regresó Bais, aunque acompañado de otro hombre que se presume fue Farías, e ingresaron nuevamente tras exhibir un comprobante de depósito, que luego se demostró era fraguado.
Una vez adentro, extrajeron armas de fuego, amenazaron a todos los presentes, los inmovilizaron con precintos plásticos y comenzaron a exigir un dinero que decían conocer que tenían para un viaje.
Pese a que la pareja les explicó que el dato con el que contaban era equivocado, que no tenían dinero y que el viaje a Mar del Plata no era por turismo, los delincuentes continuaron con sus demandas e incluso uno de ellos le dio una descarga eléctrica en el cuello a Bard con una “picana” para defensa personal.
En un momento dado, Arroyo logró zafarse del precinto que le sujetaba las manos y comenzó a forcejear con los agresores hasta el balcón, desde el cual se arrojó a la calle, cayó sobre el techo de un auto estacionado y, al resultar ileso, comenzó a pedir auxilio a los vecinos.
Ante esa situación, los dos ladrones tomaron unos pocos objetos de valor y se dirigieron hacia la puerta para escapar, aunque Bard creyó que su intención era atacar a su marido y corrió detrás de ellos.
Los agresores notaron que la mujer los seguía y le dispararon un tiro en el pecho que le provocó la muerte poco después, a pesar de haber llegado con vida a un centro asistencial.
Finalmente, los ladrones subieron a un Citroën C3 donde los esperaban sus cómplices –para la Justicia de primera instancia los Cano– y huyeron a toda velocidad.
