El puente Rosario-Victoria cumple hoy 10 años. Una década en la que cambió para siempre el perfil del denominado corredor bioceánico para siempre. Los 60 kilómetros que separan a las dos ciudades, tiene el puente principal de tres kilómetros incluidos los viaductos de acceso; otros siete kilómetros a través de 15 puentes menores y 47 kilómetros de terraplenes. La construcción del enlace costó 385 millones de dólares.
Hoy, entre las 11 y las 12, estará cortado el tránsito por el acto que se realizará a la altura del peaje, donde los intendentes de ambas ciudades, Mónica Fein, de Rosario, y Rubén Gracilazo, de Victoria, descubrirán una placa y firmarán un convenio turístico.
La megaobra permite que crucen, en promedio, más de 5 mil vehículos diarios; y en los meses de cosecha gruesa, entre marzo y junio, la cantidad de camiones asciende a más de 1.500 por día. La construcción del puente le dio un verdadero impulso a la región, sobre todo a Victoria, cuya población en está década aumentó más del 20 por ciento, según el último censo.
La vida de los victorienses se modificó para siempre. “Cambiamos la siesta eterna por la falta de estacionamiento”, resumió Mario Rizzi, comerciante entrerriano que tiene su negocio frente a la plaza principal y que cree que el sector privado ganó y el Estado no está a la altura de las circunstancias.
La ciudad entrerriana recibe cada fin de semana 3 mil personas, y los fines de semana largo más de 5 mil. El casino fue un imán para promover el turismo en la ciudad de las siete colinas, pero con el puente la actividad inmobiliaria también fue en alza. “Agentes inmobiliarios, entes privados de turismo y el Centro Comercial de Victoria dan cuenta del cambio contundente que el acceso vial ha traído a nuestra costa, sin limites de proyección”, expresó Rizzi. Y agregó: “Consultamos a inmobiliarias sobre valores y operaciones en este transcurso que avalan la demanda actual, ampliamente expansiva. Lo más significativo ha sido la participación privada, ligada a todos los sectores de servicios turísticos como hotelería, gastronomía y esparcimientos varios, como el casino, el complejo termal, salones de fiestas, la pesca, los paseos náuticos y turismo urbano que han reemplazado la mano de obra barata por trabajo digno para sectores sociales históricamente postergados”, señaló Rizzi.
Incluso hay rosarinos que diariamente cruzan a trabajar a Victoria. Y hay un dato pintoresco y revelador que muestra hasta qué punto cambiaron los hábitos y las costumbres del otro lado del Paraná. “El mate en Victoria es la bebida por excelencia, por eso en los bares sabemos que el visitante es rosarino cuando pide un cortado. Aquí se servía el café de filtro y te lo cortaban con un chorrito de leche, y la verdad que hubo que adaptarse y comprar máquinas de café exprés para tirar un buen cortado o café con leche, eso te marca un poco cómo nos tuvimos que adaptar”, cuenta Eduardo Cabrera, responsable de la comercialización del Club de Campo Los Algarrobos. Y sigue: “Algunos entrerrianos suelen decir que Victoria es ‘la menos entrerriana’ de todas sus ciudades, así es, acá llegaban los medios rosarinos con sensación de presencia, las radios rosarinas y los canales siempre fueron muy seguidos; y el histórico intercambio de jóvenes victorienses que iban a estudiar Medicina a Rosario hizo, por ejemplo, que muchos de ellos fueran cofundadores de sanatorios muy importantes como el Parque o el Británico. De allí que muchos entrerrianos crean que los victorienses somos muy rosarinos”.

