Rosario, miercoles 26 de agosto de 2026
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Rosario, miercoles 26 de agosto de 2026

Conversaciones con Walter Eggo: Acerca de la propuesta oficial de reforma de la Carta Orgánica del BCRA

«“Esta problemática ya la analizamos hace unos años, ¿cierto? Hagamos memoria juntos”, me dice y le respondo: "Claro que sí. En el año 2011 lo discutíamos en el marco de la política económica que se diseñaba para la campaña presidencial de Hermes Binner"»
Conversaciones con Walter Eggo: Acerca de la propuesta oficial de reforma de la Carta Orgánica del BCRA

Por Ángel Sciara (*)

Hace algún tiempo que no conversaba con mi amigo Walter Eggo y la oportunidad se presentó con la propuesta del gobierno de Milei para reformar la Carta Orgánica del Banco Central. Lo llamé para preguntarle si no le parecía que esa cuestión era, como en muchas otras, ella y sus circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset.

—“Sin duda”, me respondió enseguida. “Un contexto económico y político interno e internacional era el del país en la creación del BCRA en 1935 (gobierno militar, liberal y fraudulento); otro distinto el de su nacionalización en 1946 (peronismo triunfante). En 1991 con la ley de convertibilidad (del peronismo liberal), se asemeja al que quiere establecer ahora el gobierno libertario, como una reacción hacia las antípodas de la Carta actual, modificada en el año 2012 por el gobierno kirchnerista.”

Aprovechando su predisposición, ahondo el tema preguntándole si ¿se le ocurre alguna hipótesis que lo explique, además de las circunstancias?

—“Creo que hoy, me dice, la reforma que se propone es un movimiento político ideológico del gobierno libertario, y se relaciona con el concepto de ‘independencia’ del Banco Central”. Y se explaya, preguntando y respondiéndose. “¿De qué o quienes tiene que ser independiente? ¿De los grandes grupos económicos financieros del país y del exterior?”. Nada lo indica, más bien lo contrario, si pretende que las autoridades actuales sean inamovibles. “¿De los ciclos políticos con alternancia ideológica, a imagen y semejanza del Perú, cuyo modelo se toma? Difícil, dada la idiosincracia argentina, en la relación política y economía: ¡sufrimos el síndrome electoral de los años impares!! Hoy, dicen, en el mercado financiero “se empieza a incorporar en los precios el riesgo político-electoral. ¿Del gobierno de turno? ¿Por qué su gobierno no lo hace ya sin necesidad de modificar la ley? ¡Hoy las medidas del BCRA las anuncia el Ministro de Economía!! ¿De la política económica aislando a la política monetaria? Un despropósito económico”.

Sin perder el hilo, continúa: —“De lo que se trata, entonces, es “independizar” la emisión monetaria del estado de las cuentas públicas (déficit) del gobierno de turno, para preservar el valor de la moneda (¡como si este fuera el único motivo para emitir moneda y ésta la única causa de la inflación!!!). Pero como su dogma es el equilibrio fiscal, (no requiere emisión para financiar un déficit), esta independencia no le interesa a su gobierno, sino que alcanzaría a futuros gobiernos posiblemente no libertarios. Por eso, ante tal eventualidad, los votos que se necesitan para nombrar por el Congreso al presidente, vice y 2 autoridades, propuestos por el PE, son menos que los que se necesitarían para removerlos: ¡los dos tercios de ambas Cámaras!! Y, además, propone, demagógicamente, penalizar a quienes incumplan la ley.”

—Podemos decir, entonces, le resumo, que la independencia del Banco Central, que se busca con la modificación de su Carta Orgánica, no es independizarla del gobierno de turno, como tampoco, hasta que no nos curemos de nuestro síndrome, aislarlo totalmente de las alternancias políticas partidarias, sino más bien independizarlo financieramente del PE, al prohibirle que financie los déficits presupuestarios con emisión monetaria.

—“Esa es mi opinión”, me dice Walter Eggo, “aunque como usted sabe, una ley se puede cambiar por otra ley”. Y continúa preguntándome: “¿Esta problemática ya la analizamos hace unos años, cierto? Hagamos memoria juntos”, me dice.

—Claro que sí, le respondo. En el año 2011 lo discutíamos en el marco de la política económica que se diseñaba para la campaña presidencial de Hermes Binner.

—“Efectivamente”, me dice. “Entonces proponíamos la independencia operativa del Banco Central en el marco de una política monetaria consistente con las otras políticas fiscal y cambiaria que, en una unidad de política económica, sería establecida por una gobernanza adecuada (un Consejo de Política Económica). Obviamente, pensamos un rumbo de la economía distinto al actual”.

—Y se explaya. “Esto implicaba que el Banco Central tenía participación también en las políticas de empleo y actividad económica, además del objetivo de ‘preservar el valor de la moneda’. Y también proponíamos la modificación de la ley de entidades financieras, vigente desde la dictadura del 76, instrumento fundamental para revitalizar el crédito al sector productivo. Pero ya está bien, no nos pongamos nostálgicos”.

–O sea, le insisto, que la propuesta implicaba algo más que “cuidar el valor de la moneda.”

—“Ciertamente”, me responde. “Por eso califiqué como un despropósito aislar la política monetaria de la unidad de políticas económicas. No éramos monetaristas dogmáticos, solo preocupados por la cantidad de dinero. Un Banco Central debiera operar la política monetaria, que forma una unidad consistente con la política fiscal y cambiaria y también con las políticas de ingresos y de crecimiento, esto es, una política económica que, cuidando el valor de la moneda, se ocupa, también, de la generación de empleo y de la actividad económica productiva”.

—Pero eso es, precisamente, le observo, lo que el gobierno nacional considera un “incumplimiento lógico” y propone cambiar con la reforma de la Carta Orgánica.

—“En mi opinión”, me responde WE, “tener como único objetivo preservar el valor de la moneda, evitando la emisión monetaria para cubrir el déficit fiscal, se debe a una confusión conceptual de la inflación. La inflación, a mi entender, dice, es un fenómeno sobre la moneda, definido por sus efectos (su pérdida de poder adquisitivo, su capacidad de compra, el valor de la moneda, licua las deudas y otros efectos), pero no es un fenómeno causado sólo por un exceso de emisión, es un fenómeno multicausal que incluye a la cantidad de dinero y la demanda de dinero como una causa posible, pero que también convalida los aumentos de precios. Hoy, faltan pesos y la actividad económica no se reactiva por falta de consumo. Pero nos estamos yendo, dejémoslo aquí”.

–Para entenderlo, le digo, permítame acotarle. Sería como el fuego, del que conocemos sus efectos: calienta, quema, alumbra; son lo aparencial, pero su esencia, las causas profundas de ellos, hay que descubrirlas. La esencia de la inflación, sus causas, como en el caso del fuego, requieren un análisis científico, no dogmático ni apologético.

—“Efectivamente”, me dice, “el análisis cuantitativista de los economistas austriacos es un dogma. Muchas veces, el presidente de la Nación y su ministro de economía se contradicen, seguramente, a sabiendas, cuando le atribuyen las variaciones del IPC al alza de los precios regulados, a la suba del precio del petróleo por el cierre del estrecho de Ormuz o por el aumento estacional del precio de las frutas y verduras; el presidente de BCRA, nada menos, dice sobre la suba del IPC de julio, que se debe a la presión de “elementos muy puntuales”. Y mantienen el tipo de cambio planchado.”

—Si es esa conceptualización dogmática, la que está implícita en la reforma de la carta orgánica que se propone, le pregunto, ¿Entonces, es por eso que la reforma propuesta es similar en los objetivos e instrumentos a lo dispuestos para el Banco Central del Perú?

—“Así es”, me dice, “en ese punto. Es lo primordial, junto con que las autoridades que designa el PE con acuerdo del Senado, no puedan ser fácilmente sustituídas. El gobierno de Milei también agrega otras normativas financieras restrictivas. Hay que reconocer -agrega Walter Eggo- que el Perú ha logrado la estabilidad de las autoridades de su Banco Central en los últimos años, pese a las alternancias política-ideológica ocurridas entonces en su Poder Ejecutivo”.

—Entonces, a usted le parece, le pregunto, que esa estabilidad se debe a que lo establece la Carta Orgánica y que, entonces, aquí debiera ocurrir lo mismo. Le adelanto, le digo, qué en mi opinión, toda receta para transformar la realidad es siempre mediatizada por el poder de los actores involucrados en un tiempo y lugar.

—“Así es”, me responde. “Ese voluntarismo y mecánica economicista es ingenuo”, me contesta. “La economía y sus instituciones son “arraigadas”, dependen de cada tiempo y lugar. La estructura de la economía peruana y su rumbo, así como la calidad de sus instituciones, son formaciones históricamente constituidas.”

—Y continúa, aclarando su idea: “La estructura social y económica del Perú, país unitario, y la idiosincrasia de su pueblo, no es asimilable a la nuestra, y tienen un rumbo económico aceptado socialmente. Por eso, no sorprende que cambien de presidente con frecuencia inusitada y las variables macroeconómicas como la tasa de inflación y el tipo de cambio no se espantan y el Banco Central permanece incólume”.

—Le repregunto, entonces. ¿Usted quiere significar qué en nuestro país, a diferencia del Perú, todavía no tenemos un “rumbo” económico y social, consensuado social y políticamente, más allá de mantener los equilibrios fiscal y cambiario y alcanzar tasas bajas de inflación?

—“Efectivamente”, me contesta. “Lo que se denomina estabilidad macro no es suficiente. Vivimos en un país federal, que otrora fue una economía paradigmática y en el que su pueblo no pierde las esperanzas de recuperar un sendero de crecimiento económico con equidad en su distribución del ingreso, tanto social como territorial. El gobierno libertario cree que tal escenario de la economía real, lo generará el “mercado”, ordenador social por excelencia, según ellos. Por eso elije el modelo peruano. Pienso, en cambio, que el consenso social hay que construirlo y ese es el papel de la política.”

—Si la copia no responde al original o la receta no cura de la misma manera, la pregunta que me surge estaba cantada. ¿No había otros modelos en los que fijarse?

—Claro que sí, ¡pero se requiere apertura ideológica!! Hay países federales cuya gobernanza de sus Bancos Centrales tienen arquitecturas adaptables. Podrían haber elegido la institucionalidad brasileña, pero este gobierno nuestro es refractario a todo lo que venga de allí. Fíjese que interesante, agrega.

“El Banco Central de Brasil, creado en 1964, es una entidad federal autónoma, caracterizada por no estar vinculada a ningún ministerio y por poseer autonomía técnica, operativa, administrativa y financiera. Su objetivo fundamental es garantizar la estabilidad de precios, así como preservar la estabilidad y eficiencia del sistema financiero, atenuar las fluctuaciones en el nivel de actividad económica y promover el pleno empleo.”

—Me suena parecido a lo que me contó del año 2011, le digo. Y con una sonrisa me dice: algo de eso hubo. Y continúa. También tenían el de un país que es el faro ideológico de nuestro presidente y que, además, es un país federal: los Estados Unidos de América. La Reserva Federal (como se denomina al Banco Central) se maneja con una gobernanza con sedes regionales (reservas federales estaduales) y un enfoque de la política monetaria que, además de preservar el valor de la moneda, debe velar por los niveles de empleo de la economía estadounidense. ¡Que paradoja, la Reserva Federal de los EEUU es heterodoxa (económicamente hablando) y ortodoxo sería nuestro BCRA!!!

—Precisamente, relacionado con el caso que describe, tuve noticias, le digo, de que el PS ha planteado una alternativa, federalizando el Banco Central de la RA, en el sentido estadounidense, con lo cual se cumpliría con “la banca federal” estatuida en el articulo 75, inc. c) de la Constitución Nacional de 1994. ¿Se debatirá en el Congreso?? Sería muy interesante que eso ocurriera. Saldrían a la luz los argumentos de la ley de reforma de la carta orgánica del BCRA que se propone, hasta ahora sólo discursivos.

—Y, para terminar, le pregunto. ¿Le parece a usted que para el anuncio del envío de esta ley hacía falta una cadena nacional?

—“Por supuesto que no, y menos con un discurso presidencial abstruso y falaz, mezclando señoreaje, impuesto inflacionario y trillones de por cientos, con la supuesta “estafa por falsificación” de moneda por el Banco Central: el Banco Central no emitirá por adelantos al Tesoro, ni por financiación a provincias y municipios, ni por compras de títulos públicos en el mercado primario, ni por distribución de utilidades derivadas de sus activos, pero lo seguirá haciendo por la compra de dólares a los exportadores y por la compra de títulos públicos en el mercado secundario. Antes y ahora emite por diversas causas y siempre de forma legal, aunque los billetes no los imprima la Casa de la Moneda y vengan de China”.

(*) Ex ministro de Economía del Gobierno de Santa Fe (2007 – 2015)