Ciudad

Crónica de una muerte anunciada: el esquema comercial en el edificio La Favorita no funcionó, hay conflicto y el futuro es incierto

Los propietarios del emblemático inmueble de Córdoba y Sarmiento y el desarrollador que impulsó hace tres años el modelo de centro de ventas multimarca se responsabilizan mutuamente por el fracaso de la experiencia que reflotó el lugar tras la salida de Falabella. Rumores de intención de venta y despoblamiento de locales

El último emprendimiento comercial en el edificio histórico de La Favorita, anunciado con pompa hace apenas tres años y con la expectativa de transformarse en un polo reactivador del casco céntrico de Rosario, no funcionó. Al margen de la situación económica general, el concepto de centro de ventas multimarca no pudo sostenerse y ahora, de nuevo, el futuro del lugar es incierto. Rescición anticipada del contrato de locación, disputas entre los herederos de los propietarios originales del inmueble con el gestor del fallido modelo de negocios y huida de marcas definen el cuadro de situación actual. Lo que sigue es una incógnita.

El emblemático edificio de Córdoba y Sarmiento, otrora además punto de reunión en el microcentro, volvió a abrir sus puertas en mayo de 2023 luego de dos años cerrado. La ilusión duró poco. La salida de servicio de la famosa escalera mecánica parece metáfora del fracaso de una apuesta que no captó la atención de los rosarinos. La reactivación de La Favorita tras el retiro de la firma chilena Falabella tenía un horizonte de 10 años. El primer contrato vencía en octubre de 2027, pero con la opción de renovarlo por otros cinco años.

 

Relación rota

El operador comercial Onatisur, cuya cabeza visible es el empresario Guillermo Nudenberg, y la fiduciaria Compañía Asturias, que representa a los dueños del inmueble, herederos de los hermanos García, admitieron que el contrato de locación ya está extinguido. Es el único punto de acuerdo: ambas partes se echan la culpa del abrupto y anticipado final.

Los problemas hicieron eclosión en mayo último, pero datan de antes.

Onatisur había pedido al fideicomiso la extensión del contrato hasta 2032 para ofrecer certidumbre a los comercios cuyo subalquiler vencía el mes pasado y pretendían renovar, o bien poder ingresar nuevas marcas con un plazo razonable de permanencia. También, en el contexto de crisis económica, propusieron una revisión a la baja del contrato de locación, que rondaba los 40 millones de pesos mensuales. El fideicomiso se negó. Y además, adujo incumplimiento de obligaciones contractuales del desarrollador: impago de los meses de abril y mayo.

Foto: Juan José García.

En torno a esas disputas, el desperfecto de la escalera mecánica que lleva a la primera de las cuatro plantas del edificio parece una anécdota, pero utilizada como argumento por las dos partes. El desarrollador sostiene que la reparación le corresponde a los propietarios, que se negaron a asumir ese costo echando mano a una adenda del contraro que, dijeron, establece que el mantenimiento está a cargo del locatario.

«Ante la negativa del propietario suspendimos, tal y como nos permite la ley, el pago de los alquileres de abril y mayo, hasta tanto reemplacen las escaleras que son vitales para el edifico y sin las cuales la operación se ve irremediablemente afectada», explicaron públicamente desde Onatisur. Además, acusaron a la contraparte de conductas desleales por difundir las controversias. En ese punto, lanzaron la sospecha de que los dueños del inmueble pretenden forzar su desalojo adelantado para vender el edificio. La valuación del mismo, según corrillos coincidentes, es de unos 17 millones de dólares.

Así las cosas, el desalojo de los locales es evidente. Quedan pocos activos. La firma de indumentaria This Week y el bar Remember, por ejemplo, adelantaron que se retiran de La Favorita a fin de este mes. Los desalojos, informó el desarrollador comercial, son consensuados con los inquilinos.

 

El origen, allá lejos

 

La historia de La Favorita remite en su inicio a dos inmigrantes españoles: los hermanos Ramón y Ángel García.

Ambos abrieron en 1897 una pequeña tienda de puntillas, encajes y telas llamada, precisamente, «La Favorita». El éxito fue inmediato debido a la calidad de sus productos y una atención personalizada.

El negocio creció y se transformó en una sociedad colectiva familiar. Los García no solo vendían ropa: ofrecían una experiencia de estatus para la floreciente burguesía agroexportadora de Rosario. Toda una visión de la época y los negocios que sintonizaban con esa élite local que pretendía reconocimiento.

A finales de la década de 1920, la esquina original de la tienda quedó chica para el volumen del negocio. Los propietarios decidieron tirar abajo las viejas estructuras y levantar un verdadero templo al consumo. El modelo a copiar fue el de las grandes galerías europeas, como Lafayette en París o Harrods en Londres.

El imponente edificio que se mantiene hasta ahora abrió en 1929. Un año particular, además, para la historia mundial.

Con su estilo academicista francés, el inmueble se convirtió en una joya arquitectónica por su diseño: un gran espacio central que recorre los pisos coronado por un enorme vitral cupular que filtra la luz natural. Más una novedad, que fue y aún es un ícono: las grandes escaleras mecánicas y los ascensores señoriales.

Porque ingresar a La Favorita no era solo ir a comprar. Se cargó de simbolismo. Era un paseo social dominical o de fin de semana para el que se imponía una vestimenta de gala.

 

Decadencia y nuevos operadores

Foto: Juan José García.

El modelo de la tienda departamental familiar empezó a hacer agua hacia finales del siglo XX. El desembarco de los grandes shoppings y la globalización terminaron con ese modelo de ventas.

El grupo chileno Falabella puso entonces la lupa sobre Rosario y en 1994 reemplazó el negocio. La multinacional adaptó el esquema al formato de tienda por departamentos moderna con secciones de indumentaria, hogar y tecnología.

La pandemia y las reconfiguraciones globales terminaron con esa apuesta muy pronto. Falavella reestructuró sus operaciones en la Argentina y anunció el cierre de todas sus sucursales en el país. En mayo de 2021, las persianas de Córdoba y Sarmiento se bajaron. Hasta que, dos años después, se levantaron con el desarrollo comercial que recuperó el nombre original y ahora está en tren de acomodar un final lo menos conflictivo posible.

 

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