
“Carezco de personalidad. No soy nadie. Si me piden que interprete a Peter Sellers, no sabría: por suerte, trabajo tanto que pocas veces tengo que representarme a mí mismo”. La cita es de quien para muchos fue el mejor actor cómico de todos los tiempos, el británico Peter Sellers, de cuya muerte se cumplen hoy 30 años.
En realidad, el verdadero Peter Sellers había muerto poco después de nacer en 1920. Era hijo de Bill Sellers y Agnes Doreen Marks, una pareja de actores británicos de vodevil que soñaban con tener un hijo que siguiera sus pasos. Tras la prematura muerte de Peter, tuvieron otro bebé, Richard Henri, quien nació el 8 de septiembre de 1925 en Southsea, condado de Hampshire, en la costa sur de Inglaterra.
Por imposición familiar, Richard siguió la carrera soñada para su malogrado hermano y adoptó el nombre artístico de éste. Así nació la leyenda de Peter Sellers, un hombre que desde el vamos tuvo que reemplazar a alguien, tuvo que interpretar un papel y que dijo de sí mismo: “Hubo un yo detrás de la máscara, pero me lo extirpé con cirugía”. Desde pequeño, Richard comenzó a trabajar tras bambalinas junto a sus padres, y luego siguió una carrera como solista que lo llevó al mundo de la radio, medio en el que triunfó a los 25 años gracias al programa de humor “The Goon Show”, que la BBC de Londres emitió con gran éxito entre 1951 y 1960. Allí, Sellers se reveló como un cómico desopilante, con un inagotable repertorio de chistes y voces de personajes. Consiguió el empleo imitando por teléfono la voz de algún pez gordo de la farándula que lo recomendaba.
Aunque su debut cinematográfico fue con Penny Points to Paradise (1951), una floja comedia realizada por Tony Young, el éxito le llegó en 1955, con El quinteto de la muerte, film dirigido por Alexander Mackendrick. En la cinta, un clásico de la comedia negra británica, su personaje de asesino torpe sugiere los rasgos que lo caracterizarán: algo siniestro, inquietante, oscuro, late tras la catarata de risas.
Pero las verdaderas tinieblas estaban en su vida real. Huraño y tacaño, tuvo una relación tormentosa con sus cuatro esposas y sus tres hijos. Adicto a las drogas y a los excesos, a su primera mujer, Anne Howe, la dejó ni bien alcanzó la fama. Luego sus hijos se vengaron en una biografía revelando su crueldad. Tampoco dejó un gran recuerdo en la sueca Britt Ekland, su segunda esposa, quien denunció que Peter la golpeó, introdujo en la cocaína e intentó hacer abortar. A su lado, Sellers sufrió una decena de infartos, a los que sobrevivió de milagro: escondido tras alguna de sus muchas máscaras, logró esquivar varias veces a la muerte.
Aunque las reiteradas crisis cardíacas le impidieron terminar de rodar Bésame, tonto, una comedia dirigida por Billy Wilder, Hollywood ya lo había descubierto y en 1963 Sellers se convirtió en el cómico más conocido del mundo gracias a la película La Pantera Rosa (The Pink Panther), dirigida por Blake Edwards, donde inmortalizó al inspector Clouseau. Lo notable es que Sellers no fue la primera opción para interpretar a ese personaje. El papel iba a ser para Peter Ustinov, quien se retiró del proyecto a último momento. Así Sellers se hizo con el personaje que le proporcionaría la inmortalidad cinematográfica.
Edwards, un gran admirador de los clásicos del cine mudo, era un experto en humor gestual, y fue el maestro que hizo de Sellers el clown perfecto. Hasta entonces Peter se destacaba por su capacidad a la hora de imitar voces, pero con Edwards se convirtió en un mago de los gestos, descollando en el papel del torpe inspector. La Pantera Rosa enfrentó a Sellers con su mejor pareja cinematográfica, el elegante David Niven, con el que volvería a coincidir en otras cuatro películas. El éxito de la cinta propició la creación de los célebres dibujos de la Pantera Rosa y la segunda parte de la saga, Un disparo en las sombras, estrenada en 1964 y que se centra en la figura de Clouseau.
Aunque Sellers y Edwards se odiaban, filmaron varias entregas más: El regreso de la Pantera Rosa (1975), La Pantera Rosa ataca de nuevo (1976) y La venganza de la Pantera Rosa (1978). Además, en 1968 ambos rodaron La fiesta inolvidable (The Party), en la que Peter encarna al torpe actor indio Hrundi V. Bakshi, quien por error termina invitado a una fiesta en una mansión.
Pese al éxito, director y actor nunca se entendieron. “Supe que tenía delante un psicótico desde que lo conocí”, dijo Edwards. Sellers, alucinado por las drogas, la masonería y un asesor espiritual, llegaba al rodaje con mensajes mesiánicos: “Ya sé cómo resolver la escena, Blake, anoche me lo dijo Dios”. Edwards lo traicionó estrenando en 1982, dos años después de la muerte del actor, una última entrega de la exitosa saga del inspector Clouseau: Tras la pista de la Pantera Rosa, en la que Peter aparece en escenas que habían sido descartadas de las películas anteriores. “Es la primera vez que he trabajado tranquilo con Sellers”, sostuvo, chistoso y cruel, el director.
En 1962 y 1964 Sellers trabajó también con Stanley Kubrick, con quien logró algunos de sus mejores trabajos. Primero rodaron Lolita, en 1962, con un papel atípico para Sellers: el villano Clare Quilty, un antipático pederasta que utiliza su fama para seducir a Lolita. Dos años después lo hicieron en la brillante parodia de la Guerra Fría Dr. Insólito (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb) en donde Sellers interpreta tres papeles: el capitán Lionel Mandrake, el presidente de Estados Unidos y el delirante Dr. Strangelove del título original. Por su apabullante interpretación fue nominado por primera vez al Oscar como mejor actor (estatuilla que conseguiría Rex Harrison por My Fair Lady).
Luego, mientras coleccionaba trenes eléctricos, autos de lujo y mujeres, Sellers protagonizó numerosos films más, entre ellos, ¿Qué pasa Pussycat? (1965), Tras la pista del Zorro (1966), Casino Royale (1967), The Bobo (1967), I Love You, Alice B. Toklas! (1968) y Hay una chica en mi sopa (1970). En 1969, se casó –por tercera vez– con Miranda Quarry, de quien se separó dos años más tarde.
En 1979, Sellers protagonizó su última gran película, Desde el jardín, dirigida por Hal Ashby, por la cual fue nominado por segunda vez al Oscar (que ganó Dustin Hoffman por Kramer vs. Kramer). Impulsado en parte por su obsesión por la muerte y la reencarnación, Sellers produjo el film, y realizó una de las mejores interpretaciones de la historia del cine: el señor Chance Gardiner. La película es un canto a la vida y un estudio sobre la muerte. Allí, Sellers muestra mucho de sí mismo encarnando a Mr. Gardiner, un niño grande que, a base de decir tonterías relacionadas con la jardinería (lo único que conoce de la vida además de los programas de TV), logra que todo el mundo lo admire.
Émulo del gran David Garrick, actor de la Inglaterra del siglo XVIII , cuentan que cierta vez Sellers estuvo al borde de las lágrimas en un plató televisivo cuando le preguntaron sobre su vida. Tras una fachada de bromas, él era un hombre inseguro, neurótico e infeliz. Algunas de sus frases traslucen su pena: “Soy como todos los humoristas, sólo soy divertido cuando estoy trabajando”, dijo. O una reflexión aún más triste: “Soy un fantasma. Alguien irreal. Hasta que me hago de carne y hueso en la gran pantalla”.
La vida de excesos que vivía le costó sufrir ocho infartos consecutivos en 1964, tras los cuales fue declarado clínicamente muerto. Aunque se lo reanimó a tiempo, Peter quedó obsesionado con la idea de la muerte. Dijo haber experimentado como salía de su cuerpo y como una luz lo atraía. Dicha experiencia le produjo un acercamiento a una vida más espiritual durante un tiempo. Empezó a familiarizarse con creencias como la reencarnación y a interesarse por el cristianismo. Aunque su pertenencia a la masonería era pública y fue miembro hasta su muerte de la logia Chelsea Nº 3098 de Londres, Peter se declaró creyente del espiritismo, que se convirtió en una de sus mayores obsesiones. Pero la frustración por no poder alcanzar la paz interior que buscaba hizo que pronto volviera a su vida de excesos.
El jueves 24 de julio de 1980, después de filmar la última toma de El diabólico plan del Dr. Fu Manchú, Peter Sellers murió en Londres de su enésimo ataque al corazón. Tenía 54 años y dejó viuda a su cuarta esposa, la actriz Lynne Frederick.