Un equipo del Conicet descubrió alteraciones en las personas que están expuestas a estas lámparas, incluso por un tiempo breve
La moda de las uñas perfectas está cada vez más instalada, pero pocos conocen los posibles riesgos para la salud que pueden implicar ciertos métodos de secado.
“Existen dos tipos principales de lámparas utilizadas para endurecer esmaltes: las de luz ultravioleta (UV) y las de luz LED. Las lámparas UV, más antiguas, emiten radiaciones similares a las de las camas solares, y está comprobado que la exposición reiterada a este tipo de rayos puede ser cancerígena. Las lámparas LED, por su parte, se consideran más seguras, ya que tienen efectos antiinflamatorios y no producen radiación dañina de por sí. Sin embargo, algunas versiones están diseñadas específicamente para emitir luz UV, lo que también puede provocar efectos nocivos sobre la piel”, explicó Yael Borojovich, dermatóloga de OSPEDYC.
El riesgo de daño está directamente relacionado con la frecuencia de exposición. Es un efecto dosis-dependiente: a mayor cantidad de sesiones, mayor es el riesgo acumulado. Estudios recientes realizados por el Conicet demostraron que las radiaciones UV emitidas por estas lámparas alteran el funcionamiento de partículas de la piel, en especial de la tirosinasa, una enzima fundamental en la producción de melanina, el pigmento natural que protege la piel del sol. Incluso las luces LED que emiten radiación UVA, cuyo espectro es similar al de la luz solar que llega a la superficie terrestre, pueden causar daño en la piel.
El tiempo promedio de exposición durante el secado del esmalte es de 4 minutos, un lapso suficiente para generar modificaciones en la composición natural de la piel. Esto puede derivar en irritaciones, hipersensibilidad, alergias, e incluso en casos más extremos, cáncer de piel.
“Entre los daños más frecuentes se encuentran las alergias y reacciones tóxicas – continúa Borojovich- como dermatitis peri ungueales, fragilidad o desprendimiento de la uña. También puede producirse daño en el ADN de las células cutáneas, lo que incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de piel. La exposición reiterada altera la producción de melanina y contribuye al envejecimiento prematuro de las manos, provocando arrugas, manchas y lesiones como queratosis actínicas”
Frente a este panorama, es importante tomar algunas precauciones para reducir el riesgo. Se recomienda usar protector solar con factor 50 en las manos antes de cada sesión de manicura, y complementar con guantes que tengan protección UV y dejen expuestas únicamente las uñas. Otra opción es optar por esmaltes tradicionales de secado rápido que no requieran el uso de lámparas.
“Si elegís hacerte las uñas con gel, es importante consultar qué tipo de lámpara se utiliza en el salón y optar por aquellas que no emitan luz UV. En todos los casos, usar protector solar debe ser una medida básica y constante”, finaliza Borojovich.
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