Un ex jugador de hockey de la primea división de Gimnasia y Esgrima de Rosario deberá abonarle a otro ex deportista del mismo equipo 133.000 pesos por haberle roto la mandíbula de una trompada. Así lo determinó el Tribunal Colegiado de Responsabilidad Extracontractual N° 1, integrado por las juezas Mariana Varela y Susana Igarzábal, y por su colega Marcelo Quaglia, quienes condenaron a M. P. a resarcir a B. G. por el golpe y las secuelas permanentes que le dejó, en lo que fue una serie de bromas inocentes cada vez más pesadas y que terminaron muy mal cuando varios jóvenes regresaban de un festejo en el auto de uno de ellos, precisamente quien recibió el golpe y demandó a su compañero de equipo.
Ninguno de los testigos que prestaron declaración vio el momento exacto en que el puño de M. P. se incrustó en la cara de B. G., pero sí fueron testigos y refirieron lo que había ocurrido antes, el sonido que escucharon y las consecuencias, cuando éste último se tomaba la cara con las dos manos y de su rostro manaba abundante sangre. “Quedó sentado en el cordón y le dice: «Tomátela que me rompiste la mandíbula», ante la sangre y la situación se bajan mis dos amigos de la facultad, yo llamo por teléfono, lo llevo al sanatorio y se quedan Alejandro y Patricio en el lugar del accidente”, dijo uno de los testigos que declararon en el juicio.
Los hechos ocurrieron en la noche del 27 de octubre de 2012 en Paraguay entre Córdoba y Rioja. Eran cinco jóvenes de fiesta, todos jugadores de hockey y entre ellos había también compañeros de facultad, en relaciones cruzadas. Estaban en un Ford Fiesta y uno de ellos, el demandado, vivía cerca de allí. Quien estaba al frente del auto, el demandante, le dijo que no iba a llevarlo precisamente por esa razón, pero los testimonios dicen que se subió igual.
A poco de arrancar, M. P., que estaba en el asiento de atrás, tomó de la cabeza a quien se había sentado en el asiento del acompañante y lo apretó contra el apoyacabezas. B. G. lo increpó, y le dijo que dejara de hacerlo “porque le iba a romper el auto”. Pero él continuó con las bromas, que ya habían trocado la situación de festejo por molestias.
Según coincidieron los testigos, volvían de un bar de Moreno y Córdoba, y al tomar por calle Paraguay, B. G. paró el auto y le exigió a M. P. que se bajara, pero éste se negó. Entonces bajó él de su auto, abrió la puerta trasera y comenzó a forcejear. Allí se disparó la trompada que literalmente le rompió la carda a B. G. “Mirá lo que me hiciste hacer”, dicen que dijo M. P. ya visiblemente nervioso.
Quien viajaba en el asiento del acompañante, y a quien M. P. venía tomándole la cabeza, levantó a B. G. del cordón de la vereda, donde se había sentado, y lo llevó al sanatorio Centro para que lo atendieran.
MP., visiblemente nervioso, y los otros dos jóvenes quedaron en el lugar y se fueron cada uno a su casa.
Larga fue, dijeron los testigos, la recuperación de B. G., quien requirió estudios, un implante de titanio y padeció mucho dolor hasta que volvió a masticar.
Peritajes médicos apuntan que quedó con secuelas, menores pero de por vida, que mensuraron en una incapacidad física del 7 por ciento. Empero al año siguiente volvió a jugar al hockey en su club, pero ya con otras condiciones: cuando M. P. integraba el equipo titular, B. G. no formaba parte, y viceversa. Nunca volvieron a coincidir en una cancha, y la relación siguió por vía judicial.
Ahora el exabrupto de M. P. deberá saldarse con un resarcimiento en efectivo, más las costas del juicio y honorarios de los letrados intervinientes.
