Con Las muchachas, la realizadora rosarina Alejandra Marino reúne el material testimonial que quedó fuera del film de 2012 para reconstruir el legado político, social y de derechos que transformó la vida de miles de mujeres argentinas
Alejandra Marino estuvo en Rosario la última semana de julio para presentar en Casa Marechal (Salta 1356) el libro “Las muchachas. Ellas cuentan” (Milena Caserola, 2026) y el documental que fue la base de este texto, estrenado en 2012.
Marino es rosarina, vive en Buenos Aires. Es directora y guionista, ha participado en festivales nacionales e internacionales. “Hago cine feminista”, dirá en la entrevista con El Ciudadano. Con el documental “Las muchachas” descubrió una experiencia que no tenía en mente cuando empezó a investigar en 2009 el rol de las mujeres en la Fundación Eva Perón. Fascinada con los testimonios de las mujeres que participaron de la organización del Partido Peronista Femenino, se dio cuenta de que mucho material había quedado fuera del documental. Entonces, reunió todas esas fotos que no habían entrado y parte de los testimonios que se recortaron para publicarlos por completo en este libro recientemente editado. En esta cuenta de Instagram hay información sobre las presentaciones y también se puede solicitar el libro.
El Partido Femenino Peronista nació en 1949, con el impulso de Eva Duarte de Perón, y fue la organización de mujeres más grande de la época en la región: tuvo presencia en las 23 provincias, más de 3 mil unidades básicas y la participación activa de miles de mujeres.
El derecho a voto había sido consagrado en 1947 y las mujeres votarían masivamente en las elecciones de 1951. El entonces presidente, Juan Domingo Perón, en 1949 dijo en la asamblea nacional del partido que le había otorgado a Evita la tarea de organizar esta “rama femenina” y así fue. Estaba prohibida la participación de hombres, el espacio era conducido y gestionado íntegramente por mujeres.
—¿Cómo encontraste a estas mujeres?
—Lo primero que hice fue ir al Instituto de Investigaciones Eva Perón que funciona en lo que era el Hogar de Tránsito N°2 y ahí me dieron el contacto de una de ellas y a partir de una iba encontrando a las otras.
Vi que había muchas que desde hacía mucho tiempo no se manifestaban públicamente. Creo que fueron grandes olvidadas porque también es cierto que la tragedia del 76 de alguna manera eclipsó esta primera tragedia de nuestro país que fue el golpe de Estado del 55.
Ha habido otras tragedias, pero destaco estas en cuanto a una escisión social enorme que yo creo que la estamos viviendo aún hoy. Hubo una decisión en contra de la militancia, en contra de las políticas sociales, que ahora se manifiestan más que nunca en esto que nos toca vivir, en desdeñar y atacar un Estado presente.
Y la película para mí también fue un cambio desde muchos lugares. Como cineasta porque antes estrenabas una película y lo importante eran las salas. Ahora, en cambio, lo importante es que el público la reciba. La he pasado en centros culturales a veces muy pequeños, de barrios carenciados. Cuando la piden, yo voy y la llevo y la acompaño, porque me parece que nos hace bien conocerlas.
Ellas nos hacen bien con su amor y su construcción de Evita, con su testimonio acerca de cómo fue esa labor en una construcción política que permitió que todas nosotras fuéramos empadronadas y tuviéramos un documento de identidad. Para nosotras es muy importante.
—¿Cómo explicarías la experiencia del partido femenino peronista? ¿Qué te parece lo más importante de esa experiencia y todo lo que implicó?
—Yo no soy una militante política, soy una cineasta. A veces me hacen algunas preguntas que son más para personas que ejercen la política de otro lugar. Por supuesto que yo hago un cine político, un cine feminista básicamente. Creo que la experiencia fue importante porque es una construcción participativa de las mujeres que se dio por primera vez y que además fue único en el mundo, en un momento muy machista de la historia.
Además hay algo que Evita propiciaba también en su discurso sobre la mujer, el rol de la mujer en la familia y se ha tomado eso como un discurso desconociendo toda esta participación política. El partido peronista femenino, además, tenía mujeres trabajando para mujeres. No se podían resolver necesidades porque para eso estaba la Fundación Eva Perón y Eva tenía dentro de su política que se le escribiera directamente a la Fundación cuando había búsqueda de un trabajo. Pero sí había un relevamiento de las necesidades, de la situación de la mujer en ese momento, y la representatividad también. Es decir, tener por primera vez una representatividad a mí me parece que es importante para que nosotras lo conozcamos como parte de nuestro ADN.
—Recién decías que hacés cine feminista, ¿dentro del feminismo te parece que también ha sido olvidada esta historia? A veces me ha dado la impresión que dentro del feminismo se omiten estas experiencias que se dieron entre el 46 y el 55, por ejemplo, que hacen a nuestra historia feminista también.
—Sí. Tuvimos la suerte de que Chiqui González hiciera el prólogo para el libro. Chiqui destaca esto. Porque teníamos una figura enorme de Eva, que tiene que ver con sus políticas sindicales, su acompañamiento a las infancias, su acompañamiento a las personas mayores. Y también desde la fundación de los hogares de tránsito, los hogares para niños, el recorrido por el país para conocer cuáles eran las necesidades en cada lugar. Pero no conocíamos esta cercanía de Eva hacia las mujeres.
Esta construcción que hacen estas mujeres es extraordinaria. Y Evita falleció a los 33 años, ver cómo una persona tan joven armó estratégicamente ese partido… Y fue interesante recoger de ellas la felicidad que les daba esta participación política. Es decir, en qué lugar las ponía personalmente y en forma colectiva.
Cuando empecé a hacer el documental y a conocerlas, creo que tampoco pensaba en términos feministas en ese momento. Me acuerdo que era una época en que te hacían preguntas como “¿hay un cine femenino y un cine masculino?”. Y yo siempre “Mirá, yo no sé, yo hablo desde lo que yo soy como mujer y cómo fui me formando y cómo fui armando conocimiento de todo lo que a nosotras nos pasa que tiene que ver con el trabajo, con la creatividad, con las oportunidades laborales”. Pocas veces a nosotras se nos dan los grandes presupuestos para durar. De las y los directores seguimos siendo el 20 por ciento. Digamos que a pesar de que se nos suele ver mucho más que antes, en todos los ámbitos hay que reconocerse.
Es emocionante, hemos llevado el libro a La Plata y ahora a Rosario y pasa como una cosa muy fuerte, se me acercan y dicen: «Yo soy presidenta del sindicato de tal, yo soy tal». Es genial.
Hemos tardado mucho más en acceder, las necesidades son mucho más perentorias. Cuando nos dicen a nosotras las cineastas, “bueno, hombres y mujeres y no binaries estamos pasando por la misma dificultad en lo que es en este momento la producción cinematográfica en Argentina” es verdad. Estamos pasando la misma dificultad, pero nosotras tuvimos mucho más tiempo postergadas. Entonces, obviamente tenemos menos trabajo. Y eso es tremendo porque igual mantenemos nuestra familia, nuestras casas, nuestros hijos, pagamos nuestros alquileres y necesitamos tiempo para crear también.
—Cuando entraste en la investigación ¿vos ya tenías una información general de qué se trataba toda esta experiencia? ¿Hubo algo que te sorprendió?
—Yo era totalmente ignorante de esto. Había referencias que tenían que ver con la Fundación. Entonces, mi primera idea era trabajar con el tema de mujeres trabajando para mujeres desde la Fundación. Y en el Instituto de Investigaciones vi algo que tenía que ver con el Partido Peronista Femenino, pero que lo vi a través de ellas. O sea que empecé a investigar a través de su testimonio. Ignoraba todo esto y fue muy emocionante que ellas lo reconstruyeran, lo evocaran y generaran imágenes con su evocación.
Tal es así que cuando presento un guion en el Instituto de Cine para hacer el documental, la investigación estaba basada en la fundación y había algo que tenía que ver con reconstrucción. Mi idea era hacer una reconstrucción de ellas saliendo por primera vez de su casa, hacerlo con actrices, lo que también era un problema porque era un momento en donde a veces los jurados no bancaban las reconstrucciones.
Pero cuando las empezamos a escuchar nos dimos cuenta de que nada iba a superar lo testimonial. No había reconstrucción que superara verlas, ver en cada gesto, en cada marca de su rostro, en esas bocas que pintaban para nosotras, en esos arreglos, en esos peinados, en esa forma de vestir, de recibirnos… Ninguna reconstrucción iba a superar lo testimonial y esa disposición de ellas a hablar y el deseo de ser escuchadas.
—Me sorprendió y me interesó mucho ver la variedad de perfiles también. Mujeres en situación de vulnerabilidad extrema, de vivir en la calle a encontrar una salida. Hasta casos de mujeres profesionales. También mujeres trabajadoras, ¿no? Fue una experiencia que se acercó a distintos sectores del pueblo.
—Hubo muchísima diversidad. Evita eligió a las primeras personalmente y lo que veía era la capacidad de laburo. Después, la confianza de que ellas se multiplicaran a lo largo y a lo ancho del país. Les dio la responsabilidad de multiplicarse. Primero fueron 23, después hubo diputadas y hubo concejalas y demás. Una de las testimoniantes, por ejemplo, era una niña que vivió en los hogares de tránsito, a cuya mamá después le facilitaron trabajo y se pudo volver a su pueblo a trabajar y a criar a sus hijos. Al padre lo metieron preso porque no se hacía cargo de los hijos, por ejemplo, y esto es increíble, es un anticipo de lo que ahora yo sé que en Rosario se respeta mucho que tiene que ver con que los varones pueden ir presos si no cumplen con la cuota alimentaria.
Hasta en ese tipo de cosas Eva tenía una influencia en las mujeres y les hacía saber que tenían derechos, que también podían criar a sus hijos solas teniendo un trabajo.
Hay algo en lo que Eva ha sido fundamental, que ellas comprendieron y gracias a eso nosotras por transición, a pesar del 55 y a pesar de todo, aprendimos: con la independencia económica. La independencia económica te permite la libertad, la verdadera libertad. La que vos quieras, ¿no? La que tiene que ver con tu trabajo, con tu tiempo, lo que sea. Esa es una elección nuestra.
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