
Entusiasmado quizá por la teoría de la relatividad, por esa hipótesis de Albert Einstein que hacía furor en la década del 60, el profesor de física (un buen cura que luego dejó los hábitos para ir tras el amor de una mujer) no perdía oportunidad de decirles a sus alumnos que las acciones y las palabras habladas quedaban grabadas para siempre en algún lugar del universo.
¿De ficción? Tal vez, pero aquello que en el pasado suponía un sueño hoy es una realidad. “En el futuro –decía el sacerdote– cuando el hombre logre un asombroso grado de desarrollo tecnológico, se podrán ver nuestras imágenes y escuchar nuestras voces. Nosotros no estaremos aquí, pero allí estará el testimonio, casi vivo, de lo que fuimos, de lo que hicimos y de lo que dijimos”.
¿Demasiada fantasía? Probablemente. Pero no faltaron científicos que sostuvieron la idea de que una vez traspasada la velocidad de la luz también se abría la puerta hacia el pasado. Después de todo, un poeta genial como Borges, entre nostalgias y espejos, se preguntó “¿Dónde estará mi vida, la que pudo haber sido y no fue…?”
En las últimas horas de ese 2010 que ya no es, que partió sin que nada ni nadie pudiera detenerlo, me he preguntado, con la misma nostalgia del poeta, pero sin su ilustración y su talento, claro, ¿dónde estarán los años que se fueron? ¿Dónde las criaturas? ¿Dónde los pensamientos, las palabras y las obras?
Acaso el pasado no sea más que un vano recuerdo; o tal vez sea presente, o pueda serlo alguna vez en cierto espacio del universo.
¡Oh sí! El tiempo se hace de instantes que, como perlas que ruedan por un abismo infinito, nadie sabe adónde van. Aquél que fue al comenzar a escribir esta columna, exactamente ya no es más (o acaso siga siendo en algún punto del cosmos y en una dimensión no sospechada).
De todos modos, y lleno de fantasía alimentada por el deseo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Dónde estarán aquellos años que pasaron? ¿dónde estará mi padre y aquel instante hecho de muerte y llanto? ¿Dónde las sonrisas y las felicidades que giraban en aquel largo y viejo pasillo que parecía proteger al niño pobre y de toda pobreza, pero feliz al fin con poca cosa? ¿Hacia dónde habrán ido aquellos atardeceres y los póstumos gorjeos de aquellos gorriones aglutinados en la vieja palmera del pasillo?
Y la pregunta por antonomasia de todo aquél que busca comprender el secreto del tiempo y de la vida: ¿dónde estarán aquellos que nos amaron y que amamos y que un día partieron? No hay respuestas que pueda dar la razón y, en todo caso, podría augurárseles bastantes visos de verdad a aquéllos que sostienen que “aquello que un día fue ya no es más”.
Sin embargo, el ser humano no es sólo razón y lejos está de poder resolver los enigmas de la creación con una ecuación invariable. Otras potencias dentro del ser humano, como la fe, la esperanza, se atreven a soñar con mil preguntas que tienen respuestas para ellas.
El año 2010, con sus circunstancias, se ha ido. Se fueron los instantes de los que se nutre la vida: los buenos, los malos y aquellos que no son ni una cosa ni la otra. Y aun cuando se han ido también aquéllos que fuimos (porque a cada instante somos distintos en cuerpo y alma), no se han ido ciertas cosas, afortunadamente. No se ha ido el “yo”, ni las potencias tales como el deseo, la esperanza, la fe, la voluntad.
Y es bueno retornar a la pregunta de Borges para concluir este espacio con una breve reflexión: “¿Dónde estará mi vida, la que pudo haber sido y no fue…”?
Es cierto que hay ciertas fuerzas que parecen determinar el rumbo de la vida de cada persona, pero no es menos cierto que el ser humano dispone siempre de ciertas herramientas (potencias) que los años que pasan no se llevan: el libre albedrío, y mencionadas anteriormente: deseo, fe, esperanza, voluntad, a la que se debe añadir el amor. Sí, el amor, pues como dijo otro genial poeta, Nervo: “El amor embota hasta los aguijones de la muerte”.
Es decir, el 2011, seguramente, trae consigo ciertas pautas, cierto destino, por decirlo de alguna manera, pero esa felicidad deseada al chocar los cristales hace unas horas atrás, esos sueños que quieren concretarse, esa vida que puede ser, sólo verá la luz en la medida que salgan a luchar, convencidas del triunfo, esas potencias que ningún año, ningún tiempo se puede llevar.
