Rosario, domingo 27 de septiembre de 2026
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Rosario, domingo 27 de septiembre de 2026

De San Francisco a internet

El Nodo Tau, un emprendimiento que nació en Rosario para integrar a los excluidos con las “nuevas tecnologías”, cumplió 15 años de vida. Y los celebra como empezó: una capacitación en Gobernación.

“Los muchachos tienen arriba de su techo de chapa una antena wi-fi, que le apunta a una torre y de ahí a otra antena. Eso es fantástico, y sin embargo es gente que está excluida de un montón de otras redes: por ejemplo, no les llega la energía eléctrica”, cuenta Danilo Lujambio. La paradoja que traza es, cuanto menos, llamativa, y él es uno de los que la hicieron posible. Es que una década y media atrás, cuando las tan invocadas “nuevas tecnologías” aún ni se habían asomado por Rosario –y cuando lo hicieron eran inaccesibles– cuatro jóvenes desencantados con la militancia partidaria comenzaban a trabajar en una idea que podía sonar a disparate: construir un lugar para integrar a los excluidos sociales y económicos en la comunicación y la información globales. Así nació el Nodo Tau, que el 1º de octubre cumplió 15 años de vida y los festeja hoy con la misma impronta con la que nació: capacitando. Dos paneles con referentes de la educación popular y las comunicaciones abrirán desde las 18.30 en el salón Córner –en el primer piso de la sede de Gobernación, San Lorenzo entre Dorrego y Moreno– una jornada abierta que, obviamente, cerrará con un brindis.

Lujambio tiene 45 años y es ingeniero electrónico. En realidad, ésa es la profesión de tres de los cuatro fundadores del Nodo Tau: el cuarto es analista de sistemas. Por ello, el proyecto que comenzaron a enredar podía sonar descabellado, pero no carecía de aval técnico. Y tampoco de experiencia previa: “Todos habíamos tenido militancia en la Iglesia de los pobres. De allí viene el nombre Tau, que es un símbolo franciscano. Los cuatro nos conocimos en la militancia y salimos desilusionados”, se refiere Lujambio a los ingenieros Luis Martínez y Eduardo Rodríguez, y al analista Damián Vázquez, los fundadores del Nodo.

Según recuerda, el primer impulso vino de un pedido concreto de otra organización de cuna local: el Taller Ecologista. “Ellos ya tenían el lema: «Pensá global, actuá local» y estaban articulados con otro nodo: la red Wamani, de Buenos Aires. Ellos nos dieron una mano importante, nos empujaron, y nos animamos a hacer algo local. Y para sorpresa nuestra, apenas arrancamos varias organizaciones –y periodistas– se nos sumaron enseguida. Porque era una herramienta fantástica, era un servicio que nadie daba en Rosario: antes, si alguien necesitaba una articulación global, o mandaba un fax o hablaba por teléfono. Y salía carísimo”.

Así las cosas la mezcla entre militancia, profesión y la indetenible expansión de la “red de redes” tuvo en Rosario un capítulo especial. El fundador de Tau recuerda, por caso, que ellos daban un servicio de correo electrónico gratis a organizaciones sociales, cuando ese servicio no existía en Rosario ni pagando.“La gente lo podía chequear cuando quisiera, pero el correo se actualizaba una vez al día. Como no había entonces proveedor comercial las organizaciones sociales que ya en ese entonces tenían mucha necesidad de trabajo global, como las ecologistas, enseguida quisieron asociarse a nosotros”, cuenta Lujambio.

Pero en ese proceso tuvieron que enfrentar otro problema, y no menor. Hacerse entender. “Nosotros hablábamos idiomas que eran desconocidos. Hoy cualquiera dice “módem” y la gente sabe lo que es. Pero en ese tiempo teníamos que ir con el aparatito, mostrarlo, explicar cómo se usaba. En los cursos que dábamos –dimos cursos casi desde que empezamos– hacíamos el dibujito, mostrábamos por dónde iban las comunicaciones. Porque era importante que la gente se apropiara de la herramienta, más allá de la comunicación”.

Aunque recientes en términos cronológicos, los tiempos en los que Rosario era un páramo tecnológico quedaron atrás en un santiamén: hoy se multiplican las conexiones a internet, y la gran mayoría son de banda ancha. La misma Municipalidad tiene una red gratuita y también, por trabajo propio, Lugro, el Grupo de Usuarios de Software Libre, ofrece conexión. Bares y maxiquioscos disponen acceso a quienes paran a tomarse un café. ¿Y qué hace, en ese nuevo contexto, el Nodo Tau?

“Los desafíos próximos tienen que ver con los iniciales –responde Lujambio–. El tema del acceso en determinados lugares  sigue siendo un problema importante. Estamos trabajando en una salita comunitaria en el barrio Toba de Travesía, y en la cooperativa de ahí no tenemos ni siquiera una energía eléctrica limpia. Entonces hay que fijarse en lo que es la desconexión a las redes en sentido amplio: en este caso a la red de energía. Cuestión básica para tener no una computadora, sino un montón de otras cosas que la cooperativa se merece tener, como enchufar un heladera, por ejemplo. Las zonas de exclusión siguen estando presentes en nuestra sociedad y en nuestra ciudad, y es importante que estas cosas se planteen y se sigan visibilizando”.