Una bebida que forma parte de la tradición argentina encontró en Rosario una nueva manera de disfrutarse. El recorrido tiene una historia que comienza en el barrio Belgrano y llega hasta Pichincha, entre bares, gastronomía y el clásico ritual de compartir una copa.
Hay costumbres que nunca desaparecen del todo. El vermut es una de ellas.
Durante años fue protagonista de encuentros familiares, mesas de amigos y tardes de charla. Hoy vuelve a las barras de Rosario, acompañado por nuevas propuestas gastronómicas y por una generación que recuperó el ritual del aperitivo y le dio su propia impronta.
En la ciudad, ese regreso también puede convertirse en un recorrido. Una ruta que une barrios, historias y sabores y que tiene un punto de partida particular: Belgrano, en el oeste rosarino.
Una historia que empezó en Belgrano
Antes de que Pichincha se transformara en uno de los grandes polos gastronómicos de Rosario, el vermut ya tenía una casa propia en el oeste de la ciudad.
En avenida Provincias Unidas 770 nació Belgrano Café, un proyecto familiar encabezado por Matías Dana, quien encontró en el mundo de los aperitivos una pasión que con el tiempo se convirtió en un emprendimiento.
Su vínculo con el vermut comenzó años antes, con un concurso que le permitió viajar a Italia y continuar luego su experiencia profesional en el mundo de las bebidas. En 2018, después de un largo trabajo junto a su familia, abrió las puertas de Belgrano Café.
El vermut fue desde el comienzo uno de los grandes protagonistas. La propuesta creció y de aquella historia también nació Belgrano Vermut, llevando el nombre del barrio a una botella.
Así, un proyecto nacido en un barrio rosarino comenzó a construir una identidad que hoy puede encontrarse en distintos puntos de la ciudad.
Pichincha, parada obligada
El recorrido llega ahora a Pichincha, uno de los barrios que más cambió su perfil en los últimos años y que se convirtió en una referencia para quienes buscan gastronomía, bares y vida nocturna.
Caminar por sus calles al caer la tarde es encontrarse con mesas que empiezan a ocupar las veredas, luces que se encienden detrás de las barras y ese movimiento que anuncia el comienzo de la noche.
Y entre las opciones aparece el vermut.
Una de las paradas es Bichicleta – Casa de Aperitivos, en Riccheri 361, una propuesta que recupera el espíritu del aperitivo y lo combina con una mirada actual sobre la gastronomía y la coctelería.

Otra estación del recorrido es Sifonazo, en Alvear y Jujuy, donde el vermut se disfruta en un ambiente relajado y se acompaña con algunos de los clásicos que forman parte del ADN gastronómico rosarino.

Para completar el viaje, Belgrano Café también desembarcó en Pichincha, sobre boulevard Oroño. De esta manera, aquella historia que comenzó en el barrio Belgrano encontró una nueva casa en uno de los sectores más concurridos de la ciudad.

Una ruta para tomarle el pulso a Rosario
Más que una lista de lugares, la Ruta del Vermut propone una manera diferente de conocer la ciudad.
Porque sentarse a tomar un vermut también es observar cómo vive Rosario: las mesas compartidas, las charlas que se extienden, los amigos que se encuentran después del trabajo y quienes llegan por primera vez a la ciudad y buscan descubrir sus sabores.
Para el turista, además, es una excusa para salir del circuito tradicional y conocer dos barrios con personalidades diferentes.
Belgrano aporta el comienzo de la historia. Pichincha, el movimiento y la escena gastronómica actual.
Entre ambos aparece un hilo conductor: una bebida que llegó desde Europa, se convirtió en parte de las costumbres argentinas y hoy vuelve a ocupar un lugar destacado en las barras.
El barrio detrás del nombre
El nombre de esta historia tampoco es casual.
El barrio Belgrano forma parte de la identidad de Rosario desde hace más de un siglo. Sus calles, sus casas y su perfil residencial cuentan otra parte de la ciudad, mucho más alejada del movimiento turístico de Pichincha.
Y fue justamente allí donde comenzó este recorrido alrededor del vermut.
Con el tiempo, la propuesta cruzó la ciudad y llegó a nuevos públicos. El nombre del barrio quedó en una botella y también en una experiencia que hoy puede seguirse por distintos puntos de Rosario.
Es, de alguna manera, un pequeño viaje dentro de la propia ciudad: del oeste al centro, de un barrio tradicional a uno de los grandes polos gastronómicos, y de una antigua costumbre a una nueva forma de disfrutarla.
Rosario, copa en mano
Rosario tiene muchas postales: el Paraná, el Monumento a la Bandera, sus parques, sus museos y sus grandes espacios culturales.
Pero también tiene otras escenas que aparecen cuando baja el sol.
Una mesa en la vereda. Una picada para compartir. Una charla que se alarga. Una copa de vermut con hielo. Y una ciudad que empieza a cambiar de ritmo.
La Ruta del Vermut invita justamente a descubrir esa Rosario.
Una Rosario que también se conoce sentándose a la mesa, recorriendo sus barrios y brindando por los sabores que forman parte de su identidad.