A esto sumó que «la fatiga del fenómeno libertario responde a la falta de empatía temática, a fallas en la estrategia de comunicación y al impacto de diversos escándalos que erosionaron la narrativa antisistema».
El informe «La Fatiga Digital – Agosto 2026» de la consultora Ad Hoc constató un descenso del 70% en las menciones al Presidente en comparación con febrero de 2025. El estudio también reflejó una fuga de la audiencia en los canales aliados, con transmisiones en vivo que apenas superaron las 200 mil visualizaciones, una cifra marginal frente a los números millonarios del año 2024.
Las disputas internas destruyen la estrategia digital
La crisis virtual tiene una explicación política directa por la marginación del asesor presidencial Santiago Caputo del aparato de redes. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se impuso en la discusión interna y relegó al consultor, lo cual paralizó a la militancia digital de base, la cual rechaza con firmeza los pactos con los «políticos de carrera» del PRO.
El apagón en el volumen de la conversación libertaria coincide temporalmente con la detención en Bolivia del estratega Fernando Cerimedo, quien fue el arquitecto de la campaña original. La salida forzada de este consultor dejó un vacío operativo que desnudó las carencias del nuevo equipo de comunicación para sostener la atención de la agenda pública.
La asunción de Santiago Oría a cargo de las redes sociales del Gobierno representó un fracaso inicial marcado por la impericia técnica. El funcionario protagonizó un papelón por la detección de errores en el uso de bots para viralizar publicaciones, lo cual activó el castigo de los algoritmos y «dañó la distribución orgánica» de todo el mensaje oficial.
Para contrarrestar el apagón, Javier Milei elige la confrontación violenta
Frente a la pérdida de relevancia y encuestas que lo ubican con 35 puntos de imagen, el mandatario intensificó los agravios contra periodistas y opositores. En una semana de escasa actividad de gestión, realizó más de 350 publicaciones con insultos como «mierdas», «simios», «ensobrados», «basura» y «corruptos».
Desde el entorno libertario justifican la violencia presidencial y señalan que el mandatario «ataca cuando lo atacan más». Sin embargo, los analistas concluyen que «a Milei se lo empieza a percibir como uno más» y advierten sobre «la dificultad de encontrar temas que efectivamente conecten con la sociedad» en la actualidad.