Cuatro equipos del Conicet Rosario desarrollan herramientas clave para garantizar el acceso, la calidad y el saneamiento de los recursos hídricos
Investigadores-de-CIFASIS-ISHIR-IBR
El agua no es solo un recurso vital, sino un problema público que requiere soluciones urgentes. En ese camino, investigadores rosarinos del IBR, el ISHIR y el CIFASIS (Conicet-UNR) lideran proyectos que abordan la problemática desde múltiples frentes. Su trabajo diario va desde el uso de microorganismos para limpiar efluentes hasta el análisis de sistemas complejos para mitigar inundaciones y mejorar la red sanitaria, demostrando el valor de la ciencia en el territorio.
Detectives microscópicos: el rastreo de la contaminación invisible
En los laboratorios del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), la ciencia diseñó una alarma biológica. El equipo de la investigadora Susana Checa trabaja con biosensores bacterianos capaces de detectar metales tóxicos en el agua. ¿Cómo lo hacen? Aprovechan los mecanismos de ciertas bacterias y los «rediseñan» para que emitan luz fluorescente al entrar en contacto con la contaminación.
“Muchas bacterias tienen naturalmente la capacidad de detectar metales tóxicos. Nosotros modificamos esos mecanismos y les sumamos la capacidad de alertarnos”, explica Checa.
La clave de este desarrollo local es que no solo avisa si hay un metal, sino que identifica su nivel de peligro real: la llamada «fracción biodisponible». Esto significa que el biosensor marca exactamente qué cantidad del contaminante puede ingresar a los organismos y causar daño. «Por eso estos biosensores son indicadores directos del riesgo ambiental», subraya la científica.
Bacterias aliadas para limpiar el agua
No se trata solo de detectar, sino también de limpiar. Otra línea de investigación del IBR, bajo la dirección de Natalia Gottig, estudia microorganismos con una habilidad clave: remover el manganeso, un metal que al estar disuelto arruina la calidad del agua. Estas bacterias transforman el metal en partículas sólidas que luego quedan atrapadas en filtros.
“Es una forma de aprovechar procesos biológicos naturales para mejorar el agua de manera sustentable”, detalla Gottig. El potencial de esta técnica es enorme, ya que los óxidos que forman estas bacterias podrían inmovilizar también otras sustancias tóxicas, abriendo la puerta a nuevas plantas de tratamiento biológico.
El salto a la calle: del laboratorio al territorio
El desafío de los científicos rosarinos no termina en la mesada de trabajo. La meta es que estos desarrollos se conviertan en soluciones de uso cotidiano, como dispositivos portátiles de monitoreo o sistemas de filtrado a gran escala.
Sin embargo, la calle no es el laboratorio. “El gran desafío es el escalado: lo que funciona en condiciones controladas tiene que sobrevivir luego en escenarios variables, con cambios de temperatura o de la química del agua”, plantea Gottig. Para lograrlo, coinciden las investigadoras, es vital generar vínculos con el Estado y el sector productivo para que acompañen el desarrollo tecnológico.
Las inundaciones no son (solo) un capricho de la naturaleza
El agua también cuenta la historia de cómo habitamos la ciudad. Desde Investigaciones Socio-Históricas Regionales (ISHIR), el historiador Pablo Suárez estudia el impacto territorial del agua y derriba un mito histórico: las inundaciones no son simples «fatalidades naturales». Detrás de cada anegamiento hay decisiones humanas, falta de planificación urbana y obras postergadas.
«Costó mucho pensar las inundaciones como procesos ligados a la forma en que las sociedades transforman el espacio», señala Suárez.
El caso del arroyo Ludueña en Rosario es un ejemplo claro para el investigador. La expansión urbana sobre zonas inundables demuestra que el crecimiento sin planificación convierte al agua en un factor de daño. «Estudiar las obras y el acceso a los servicios sanitarios es, en el fondo, estudiar cómo se construyen las desigualdades territoriales en nuestra región», reflexiona.
Inteligencia artificial y agro: anticiparse al futuro
En una región fuertemente ligada al campo, el aporte del Centro Internacional Franco Argentino de Ciencias de la Información y de Sistemas (CIFASIS) resulta estratégico. Allí, el equipo del investigador Martín Romagnoli cruza el estudio del agua con la gestión de los recursos en el sur santafesino.
¿El objetivo? Entender cómo el clima y la actividad agrícola afectan el agua superficial y subterránea en la zona núcleo. Para esto, no usan tubos de ensayo, sino simulaciones computacionales e Inteligencia Artificial.
«Analizamos grandes volúmenes de datos obtenidos a través de sensores remotos para mejorar nuestras predicciones», indica Romagnoli. Estas herramientas matemáticas permiten a quienes toman decisiones en políticas públicas y en el agro anticipar escenarios y evitar el agotamiento de los recursos hídricos.
Ciencia local para un desafío global
En un nuevo Día Mundial del Agua, el trabajo de estos equipos demuestra que la investigación no avanza en abstracto. Frente a una crisis hídrica innegable, la ciencia rosarina aporta soluciones concretas, combinando el cuidado del medioambiente, la salud pública y la planificación urbana. Una muestra clara de que el conocimiento, cuando se aplica a los problemas de la ciudad, mejora la calidad de vida de todos.
CRÉDITOS Y DATOS DE LA NOTA
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