Haciendo honor a su historia, fue colosal la movilización de hinchas a San Nicolás para el encuentro contra Defensa y Justicia por Copa Argentina. En realidad no sorprende. Conmueve
Por Juan Pablo Sarkissian
Haciendo honor a su historia, lo primero que hay que decir, es la colosal movilización de hinchas a San Nicolás para el encuentro contra Defensa y Justicia por Copa Argentina.
Es que sólo desde la pasión se puede intentar entender semejante concurrencia.
En realidad no sorprende. Conmueve.
Después está el partido. En este punto, el primer tiempo, fue más o menos lo que el equipo venía ofreciendo. Esperar, presionar, de manera inconstante y hemipléjica, e intentar organizar alguna jugada orienta hacia el arco contrario.
Y así fue. En el minuto 38, con Ever Banegas como ideólogo, el rojinegro se inventó una interesante jugada, con la dosis de fortuna necesaria, y Luciano Herrera definió con tanta contundencia como con calidad.
Antes, el panorama era el habitual. Pobre. Defensa y Justicia manejaba la pelota y generaba situaciones de gol.
No paso. Porque Keylor Navas continua siendo una de las claves en el funcionamiento de Newell’s. Y si además, los delanteros contrarios la tiran afuera el cero en el arco leproso es muy posible.
Lo que no es cierto lo de la solides defensiva. Y no es sólo responsabilidad de los defensores. Navas sigue (y da la sensación que seguirá) siendo clave, porque Newell’s no defiende bien.
Tras el gol de Herrera la cosa cambio. Es insoslayable, para cualquier análisis, tener en cuenta el contexto.
Y el contexto era que Newell’s ganaba 1 a 0 y a los tres minutos emboco el segundo. Palo y a bolsa.
Ahora sí. Tal vez el rojinegro haya jugado los mejores minutos (como contra Boca) desde el arribo de Cristian Fabbiani.
Siempre dio la sensación que Newell’s estaba más cerca del tercer gol que Defensa, desmoralizado, convirtiera.
Algunas cuestiones puntuales
Raro lo de Carlos González, tuvo dos situaciones muy claras para convertir. Y no.
Raro lo de Juan Manuel “Juanchon” García. Se habla del gol de Gonzalo Marioni, pero sería pertinente valorar lo de García. Es poco su aporte, si claro. ¡El que esté exento de pecados que arroje la primera piedra!
Parece que Valentino Acuña no sólo es futuro, tiene cara de presente.
Y Éver Banegas, claro. El tipo se la ingenia, con aciertos y errores, intentar hacer jugar al equipo que no siempre le responde.
Y nos dice, sin gritos ni estridencia: “Lo viejo funciona”.
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