Nacido en Mendoza en 1928, se convirtió en uno de los creadores argentinos más influyentes y visionarios, y figura clave de la vanguardia internacional, tras radicarse en París a finales de los 50, donde fundó fundó el Grupo de Investigación de Arte Visual
El mundo del arte está de luto. Julio Le Parc, uno de los artistas argentinos más influyentes y visionarios del siglo XX y XXI, falleció este sábado a los 97 años. Creador incansable, su obra revolucionó la forma en que el público interactúa con las artes visuales, rompiendo los límites tradicionales de la pintura y la escultura para transformar al espectador en un participante activo.
Nacido en Mendoza en 1928, Le Parc se convirtió en una figura clave de la vanguardia internacional tras radicarse en París a finales de la década de 1950. Allí fundó el Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV), desde donde impulsó un manifiesto claro: bajar el arte de los pedestales y devolverlo a la gente a través del movimiento, la luz, el color y la experiencia sensorial.
A lo largo de su extensa carrera, Le Parc desafió las formas estáticas. Sus móviles monumentales, sus juegos de luces intermitentes, sus laberintos de espejos y sus investigaciones con el color no sólo conquistaron las galerías más prestigiosas del planeta, como el MoMA de Nueva York, el Centro Pompidou de París o el CCK en Buenos Aires, sino que también tomaron el espacio público.
“El arte no debe ser algo sagrado para contemplar en silencio, sino que debe ser una experiencia viva que despierte la percepción”, solía pregonar el maestro mendocino.
En 1966, recibió el Gran Premio de Pintura en la Bienal de Venecia, un hito que consolidó su estatus global. A pesar de las décadas en el extranjero, su vínculo con la Argentina se mantuvo intacto todo el tiempo, siendo celebrado con masivas muestras retrospectivas que fascinaron a distintas generaciones.
La partida de Julio Le Parc marca el fin de una era para la abstracción geométrica y el cinetismo, pero deja un legado imperecedero. Sus obras continuarán vibrando, moviéndose y reflejando la luz en los principales museos del mundo, recordando que el arte, ante todo, es energía en constante transformación.
Con su fallecimiento, la cultura argentina e internacional pierde a un faro de la creatividad, pero su invitación a jugar y a mirar el mundo desde una perspectiva cinética quedará encendida para siempre.
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