Más de mil millones de toneladas de alimentos, equivalentes a una tercera parte de la producción mundial, son despilfarradas cada año por un costo de 750.000 millones de dólares y un nefasto impacto en el medio ambiente, indicó ayer la FAO, la agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura.
Más de mil millones de toneladas de alimentos, equivalentes a una tercera parte de la producción mundial, son despilfarradas cada año por un costo de 750.000 millones de dólares y un nefasto impacto en el medio ambiente, indicó ayer la FAO, la agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura. “El masivo despilfarro de alimentos tiene gran importancia para la seguridad alimentaria y para la seguridad en general”, declaró José Graziano da Silva, director general del organismo al presentar en Roma, donde tiene asiento, un informe sobre el asunto.
“No podemos permitir que una tercera parte del total de alimentos que producimos sea perdido o despilfarrado debido a prácticas inadecuadas, cuando 870 millones de seres humanos están cada día hambrientos”, se indignó Da Silva.
Según el informe, el 28 por ciento del terreno cultivable del mundo se utiliza para producir alimentos que nunca se comerán.
Este inaceptable despilfarro genera también “un grave perjuicio al medio ambiente”, según la FAO. A título de ejemplo, “cada año, los alimentos producidos sin ser consumidos causan un gasto de agua equivalente al caudal anual del Volga en Rusia y son responsables de generar en la atmósfera 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero”.
A escala mundial, algo más de la mitad del despilfarro se produce en el origen del proceso, es decir en las fases de producción, de manutención o de almacenamiento. El 46 por ciento del despilfarro restante ocurre en el proceso ulterior de transformación, de distribución o de consumo.
Según el informe, los costos económicos directos del despilfarro de productos agrícolas –excluyendo pescados y mariscos– representan unos 750.000 millones de dólares cada año en el mundo, lo equivalente al PIB anual de Suiza.
“La prioridad absoluta” es la prevención de pérdidas y despilfarros, pero en caso de excedentes alimentarios, la FAO aboga por su reutilización, por ejemplo su entrega gratuita a las personas más necesitadas.
Entre las prácticas recomendadas, algunas de ellas ya en vigor, la FAO cita los nuevos sacos de plástico utilizados en Filipinas para proteger el arroz de los roedores, un nuevo sistema de embalaje en Gran Bretaña que permite mantener frutas y verduras frescos durante más tiempo, y una cadena de tiendas en España que vende al por menor según las cantidades deseadas por el cliente, evitando así la compra de cantidades superfluas que corren el riesgo de ser luego tiradas.
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