Que Diana Taurasi desarrolló una de las más impactantes carreras que el básquet pueda mostrar no está en duda, y para el gusto de muchos es también la mejor jugadora de la historia. En Estados Unidos a esta canalla de raíces rosarinas la idolatran y una vez retirada sigue recibiendo el afecto y el cariño, además de las distinciones lógicas a su trayectoria.
Todavía sin el tiempo necesario de inactividad para llegar al Salón de la Fama, Phoenix Mercury organizó su ceremonia de despedida y retiro de camiseta tras 20 años gloriosos que recorrió con Uconn en la NCAA, en Europa y con la selección de Estados Unidos.
Diana le dedicó palabras a su familia, a su papá Mario, que llegó desde Italia, y a su mamá, Liliana, la rosarina. “Papá se levantaba a las 4 de la mañana para manejar durante una hora y media hasta la fábrica. Lo hacía bien temprano para evitar el tráfico y luego dormía en el auto, en el estacionamiento, hasta la hora de entrar. Así cada día durante 50 años. Ellos me enseñaron todo”, dijo para terminar con un palazo a Donald Trump. “Entonces no me digan que este país no fue construido por personas de trabajo, sin importar dónde nacieron”.
Tras formar la familia en Rosario, se fueron a vivir a California y allí nació Diana, quien nunca perdió las costumbres argentinas y su amor por la ciudad. Incluso se dio el gusto de pasar un año aquí y de pasar el tiempo jugando en Talleres de Villa Gobernador Gálvez.
En el entretiempo del duelo entre Phoenix y Portland la camiseta 3 fue retirada, mientras que la incorporó a su Anillo de Honor, el círculo que reúne a las máximas leyendas del club.
Tras el partido se realizó la ceremonia con los discursos de amigos, autoridades y, claro, de Taurasi.