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Efecto Mundial: la fiesta del fútbol que suspende la grieta y le gana al individualismo

La psicóloga Marisa Germain analiza cómo la euforia mundialista actúa como un catalizador frente a una sociedad cada vez más fragmentada. Por qué el fervor por el equipo nacional es uno de los pocos momentos que genera una ilusión de identidad compartida

Un hincha llega al Monumento a la Bandera con una camiseta de NOB y una bandera de Argentina atada a la cabeza. Agita los brazos mientras grita “Vamo vamo selección…”. Desde más atrás un grupo de jóvenes empieza a corear por lo bajo “El que no salta es un inglés” y, enseguida, el cántico se contagia entre quienes están a su alrededor que lo empiezan a corear al unísono. La camiseta del hincha de NOB se confunde con otra de un hincha de Central y, de repente, todo se vuelve celeste y blanco. Un par de aventureros se suben arriba de los postes de luces mientras de fondo flamean algunas banderas de Argentina. Varios le sacan fotos y se preguntan sobre esta extraña relación entre un triunfo y la necesidad de subirse a lo alto. Un grupo de pibes y pibas arenga arriba de una camioneta, un matrimonio canta con un bebé en brazos, dos niñas asoman la cabeza desde un auto con guirnaldas celeste y blancas en la frente. La fiesta es total. La caravana toma varias cuadras y arrastra con su efusividad hacia el Monumento que se colma entre bocinazos, silbidos y cánticos. Es miércoles 15 de julio y, aunque es invierno, no hace frío. Argentina acaba de pasar a la final del mundial de fútbol tras ganarle al histórico rival Inglaterra, dando vuelta en el segundo tiempo un partido que se vivió como una final. No fue sólo un partido de fútbol: el recuerdo de “la mano de Dios” y la bandera improvisada por unos hinchas que los jugadores desplegaron al terminar el partido con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas” mostraron que algo más se disputaba en el encuentro. ¿Por qué despierta tanta pasión un mundial de fútbol? ¿Es capaz de borrar las divisiones sociales y unir el país bajo una misma camiseta? La psicóloga Marisa Germain analiza el fenómeno del mundial de fútbol y explica que así como la sociología francesa de finales del siglo XIX consideraba a las fiestas patrias o más tarde a los carnavales o los rituales religiosos como grandes aglutinadores sociales, hoy en la sociedad argentina el mundial de fútbol opera como un momento en el que se rompen las lógicas de división social: de clase, culturales e incluso políticas. 

“La celebración es un momento en el cual la sociedad habilita una forma de unión que suspende por un tiempo limitado todos los principios de división social. En Argentina ocurre en torno a la práctica del fútbol. Lo que produce esa especie de euforia que compartimos tan intensamente es justamente que no hay muchos momentos a lo largo de la vida en común en que podamos sentirnos completamente ligados a los otros. Y eso, efectivamente, genera sentimientos intensos porque son de duración limitada”, explica Germain a El Ciudadano.

Para la psicóloga el sentimiento de estar tan intensamente ligados a los otros se da a partir de un principio de hermanamiento en la identidad que, para nosotros, es una identidad futbolística. “Las cualidades que tenemos los argentinos y que nosotros creemos que nos son identitarias se ponen de manifiesto en el fútbol. La sociedad pasa por el catalizador del mundial de fútbol y el efecto es de unión muy intensa. Terminada la fiesta mundialista reaparecen de modo inevitable las divisiones, las luchas, las oposiciones, los enfrentamientos, aunque tampoco desaparecen totalmente durante el período de la fiesta sino que se suspenden”, señala, y menciona como ejemplo las discusiones en torno a Malvinas en la previa del partido con Inglaterra: “Si había que ponerla de manifiesto, si estaba bien que los jugadores dijeran que era solo un partido de fútbol, si estuvo bien que mostraran la bandera al final del partido muestran que esas diferencias permanecen”. 

Una manifestación de lo colectivo

En épocas del “sálvese quien pueda” y de fragmentación social, la comunión que genera el mundial aparece como una excepción y una emergencia de lo colectivo. Germain señala que la fiesta del mundial se disfruta con una alegría tan intensa justamente porque es la contrapartida del individualismo en el que vivimos habitualmente. “Cuanto más individualista y fragmentada está la sociedad, cuanto más rotos están los lazos que compartimos habitualmente, más intenso es el sentimiento de alegría y de felicidad que provoca la fiesta en la que nos sentimos ligados a los otros. No es un germen de lo colectivo, sino que es una manifestación de lo colectivo que existe, pero que tiene cada vez menos ocasiones de aparecer y un espacio cada vez más acotado socialmente”, explica. 

La psicóloga señala que en otras épocas de la sociedad lo colectivo era más intenso, se manifestaba más extensamente y primaba sobre el individualismo. “La presencia de lo social en nuestras vidas era muchísimo más importante. Y entonces la fiesta era un espacio más para la manifestación de la diversidad. En ese sentido, el papel de este tipo de fiestas, como la del mundial, está ligado a las ocasiones no muy frecuentes en que nosotros nos identificamos con nuestros compatriotas sin demasiadas barreras ni intermediaciones”, aclara. 

Para Germain, en Argentina prácticamente no hay ninguna otra celebración equivalente. Las grandes manifestaciones se dan en momentos de luchas sociales, pero no hay tantas vinculadas a una celebración: “Los festejos del Bicentenario, que fueron muy extendidos y movilizaron mucha gente, también tuvieron el carácter de una fiesta, pero no son frecuentes en nuestra historia. Hay grandes movilizaciones y manifestaciones donde nos encontramos con otros, pero está más ligado a las luchas sociales. Momentos de fiesta con tanta movilización popular no son tan comunes en nuestra sociedad”.

 

Fútbol y política

Sin embargo, aclara la ilusoria impresión de que los festejos tras una victoria futbolística puedan superar las divisiones sociales y políticas. “No hay manera de que en una sociedad no haya grupos que tengan perspectivas diferentes y opuestas. No existen sociedades completamente homogéneas internamente donde no haya grupos con ideas diferentes. No importa cuál sea la fuente de esa diferencia: por intereses económicos (como las clases sociales), por origen religioso (como en los enfrentamientos que vemos en algunos países de Medio Oriente), o por tradiciones culturales ancestrales. La impresión —ingenua y, en muchos casos, también interesada— de que esta unidad producida por el mundial, la camiseta o el equipo supera las divisiones que la política inscribe en la sociedad es una ficción y una ilusión basada en la posibilidad de eliminar las luchas. Eso no es posible. Prácticamente no existen sociedades sin divisiones políticas. Aunque no se refleje en partidos políticos, es política la diferencia de género, étnica, de clases. Si se inscribe socialmente, se lo hace en términos políticos”, explica.

En ese sentido, señaló que no hay posibilidades de separar el fútbol de la política, sino como una ilusión temporal. “Basta que volvamos a los campeonatos locales para que rápidamente haya una inscripción de la relación entre fútbol y política. Y no hay ninguna casualidad en el hecho de que, para llegar a determinados lugares en la política, muchas personas atraviesan cargos en los clubes de fútbol, por ejemplo Macri o Santilli, entre otros”, menciona. 

En cuanto a los discursos que les piden a los jugadores de la Selección que expresen o tomen una postura política, Germain señala que el reclamo es que se inscriban en las causas populares y nacionales. “Malvinas es una causa nacional. Lo que se puso de manifiesto como forma de lo común en la fiesta del fútbol tiene que ver con las causas populares y nacionales. En otra época habían sido otras manifestaciones, como por ejemplo parte de esta misma Selección juntándose con las Abuelas de Plaza de Mayo y pidiendo por la aparición de los nietos. En general, remiten a lo que es parte de la conciencia popular, lo que nuestra sociedad reivindica como propio. Para los argentinos, la defensa de los derechos humanos es un rasgo propio. La defensa de Malvinas, y de los pibes de Malvinas en particular, es un rasgo de lo que somos. En ese sentido, lo que se les demanda es que den lugar a eso, que inscriban eso que nos es socialmente propio y parte de nuestra identidad”, concluye.

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