Por: Florencia Guma (*)
En el Día Mundial de la Alimentación 2023, es fundamental considerar el impacto de nuestras elecciones alimentarias en el planeta, en particular, en el recurso limitado del agua. A pesar de las diversas teorías sobre una alimentación saludable, un factor común es el agua, vital tanto para nuestro organismo como para el sistema alimentario.
El agua, un recurso finito, es esencial para la vida en la Tierra, constituyendo más del 50% de nuestros cuerpos y cubriendo la mayoría de la superficie del planeta. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de ella es apta para beber, para la agricultura y para la mayoría de los usos industriales. La agricultura, que representa la mayor parte de las extracciones de agua dulce, está ejerciendo una presión significativa sobre este recurso cada vez más escaso.
El aumento de la población, la urbanización, el desarrollo económico y el cambio climático están exacerbando la tensión en los recursos hídricos. La cantidad de agua dulce disponible por persona ha disminuido en las últimas décadas, y la calidad del agua se está deteriorando debido a una gestión inadecuada, la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación y el cambio climático. Corremos el riesgo de sobrecargar este recurso hasta un punto de no retorno.
La solución a este desafío global requiere la colaboración de gobiernos, el sector privado, agricultores, académicos, la sociedad civil y todas las personas. Es necesario producir alimentos de manera más eficiente en términos de agua, distribuir equitativamente este recurso y preservar los sistemas alimentarios basados en el agua para asegurarnos de no dejar a nadie atrás. Nuestro enfoque en la alimentación debe considerar su impacto en el agua y el ambiente, y debemos actuar con responsabilidad para garantizar un futuro sostenible.
▪ Comer alimentos locales y de temporada para reducir la huella hídrica como frutas, verduras, legumbres, mijo y nueces.
▪ Priorizar alimentos frescos sobre productos procesados y ultraprocesados.
▪ Reducir el desperdicio de alimentos mediante un almacenamiento adecuado y la reutilización de sobras para una receta nueva o hacer compost.
▪ Ahorrar agua y energía en actividades diarias, como ducharse y usar dispositivos electrónicos de manera eficiente (apagarlos si no los estás usando).
▪ Evitar la contaminación del agua al desechar adecuadamente residuos y utilizar productos de limpieza ecológicos.
▪ Participar en operaciones de limpieza ambiental local para proteger el entorno.
▪ Comprar de manera sostenible, prefiriendo materiales naturales y orgánicos como ropa de algodón en vez de poliéster o acrílicos.
▪ Mantenerse con información sobre soluciones para la conservación del agua y el ambiente.
▪ Contactar a líderes locales para promover políticas ambientales y mostrar preocupación de la comunidad.
Todos y todas podemos tomar medidas relacionadas con el agua para el futuro de la alimentación, las personas y el planeta.
(*) Florencia Guma es Licenciada en Nutrición (MP 5820), matriculada en el Colegio de Nutricionistas de la provincia de Buenos Aires. cofundadora de la Fundación Sanar.
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