Cuesta explicar lo que le pasó ayer a Central Córdoba en su excursión a Vicente López. Hizo todo el desgaste y tuvo el doble de situaciones de gol. ¿Ganó? Ni ahí, perdió por la mínima y dejó casi sentenciada su suerte en la divisional.
Solamente un milagro salvará al Charrúa del descenso. Es que hoy en día, los números indican que, de los 27 puntos que restan, deberá conseguir al menos 21 como para tener la más mínima ilusión de mantener la categoría.
El problema es que jugando así va a ser difícil…muy difícil. La realidad marca que Córdoba no le hace un gol a nadie y encima le embocan en las pocas que le generan. Así fue durante toda la temporada y ayer ante Platense.
No menos de seis o siete chances claras de gol dilapidó el Charrúa en cancha del Calamar, tanto antes como después del gol de Sebastián Matos.
Nunca concretó y volvió a quedarse con las manos vacías, algo no podrá pasar el próximo sábado ante Comunicaciones.

