Josefina Zuain es bailarina, investigadora, editora y escritora. Creadora de "Cuadernos de Danza" estuvo en Rosario presentando su último libro. Y al paso dejó definiciones sobre su arte: "A mí me aburre muchísimo el Arte Contemporáneo, me parece una esnobeada absoluta, (aunque) esa posibilidad hizo que yo fuera abriendo espacios de escritura para pensar la danza"
Por Luisina Ruiz Díaz / Especial para El Ciudadano
El miércoles 29 de abril se celebró el Día Internacional de la Danza. Como cada año, en el Instituto Provincial Superior de Danzas N° 5929 Isabel Taboga sucedieron una serie de actividades, que culminaron en una intervención urbana en la Plaza Sarmiento (San Juan y Entre Ríos). La misma fue llevada adelante por estudiantes de todas las orientaciones y años del mismo profesorado. En ese marco se invitó a la bailarina, escritora, docente e investigadora Josefina Zuain, quien a lo largo de dos días dictó un seminario sobre el registro y la escritura de la danza. Además realizó una presentación de los libros que publica la editorial, creada y dirigida por ella, Segunda en Papel Editora.
Al presentarse dice que estudió Historia del Arte en la UBA, se especializó en Arte Medieval, y que está finalizando su doctorado. Comenta: “El proceso de investigación de doctorado reúne un poco la danza, la escritura y la práctica editorial”. Agrega con respecto a sus investigaciones en danza y escritura: “Cada libro fue también modificando las condiciones de la investigación. Es en el encuentro entre la Historia del Arte, y ese lugar siempre muy teórico del Arte Contemporáneo, que a mí se me abre la pregunta respecto de por qué en la danza no hay el mismo caudal o el mismo pensamiento y la misma producción o modo de producción del pensamiento y de la teoría. Si bien luego a mí me aburre muchísimo el Arte Contemporáneo, me parece una esnobeada absoluta, esa posibilidad hizo que yo fuera abriendo espacios de escritura para pensar la danza. Espacios de escritura colectivos, individuales, autorales, editoriales, pedagógicos, de taller, de conversación, plataformas como son Cuadernos de Danza y Segunda en Papel. Espacios en donde fuera posible abrir, posibilitar distintos textos que pudieran abordar asuntos, pensamientos, modos y dinámicas de la danza, cuestiones del cuerpo también”.
– ¿Cómo es la relación entre la danza y la escritura? ¿Son múltiples esas relaciones o es una única?
– Son un espacio, un intersticio, un hueco de trabajo constante. Así como digo que en la danza investigamos los modos de investigar, de la misma manera pasa con la escritura teórica, con la escritura que hace teoría, pero que no es teórica porque nace teórica según su forma, pero que en ese hacerse, tejerse, entramarse, se hace una teoría, hace una teoría. En ese sentido, las relaciones son múltiples, recíprocas, simultáneas, inauditas, infinitas y son un espacio de pura posibilidad, que quisiera que nunca se defina cuál es la relación. En ese sentido, para mí iniciar la investigación tuvo que ver con desplazar del centro de la escena la cuestión de la notación. Muchas veces cuando hablamos de escritura y danza enseguida se cae en la discusión sobre los sistemas de notación en danza y si sirven, no sirven, si pueden, no pueden y la falta de un sistema de notación que nos una. Aparece toda una suerte de problemas más del orden de la Torre de Babel, que es evidente que no se resuelve y que no es un problema en el sentido negativo, sino que es una problemática con la que trabajamos, que puede hacer ebullir un montón de posibilidades, que cada quien se invente su sistema de notación o que alguien lo invente y lo transmita, y que otro utilice (el sistema) Laban de forma regular”.
– ¿Cómo te diste cuenta que no tiene sentido seguir sosteniendo esa división entre teoría y práctica, entre danza y escritura?
– Justamente la práctica de la escritura, la práctica de la investigación, es la que va haciéndose de un cuerpo. Y ese hacerse de un cuerpo, es en relación a la improvisación, la danza, la escucha somática. Ese es el cuerpo que está escribiendo, que está promoviendo la escritura o que está acompañándola, de modo que no se escinden. Más bien me sorprende cuando encuentro producción en donde están escindidos, donde se vuelve a sostener que esa escisión es posible, incluso como una ficción de escritura de nosotros mayestáticos, que a mí es un modo de texto que no me interesa leer, que alguien me diga lo que todos piensan. Me interesa que me diga qué piensa, qué hace, qué escribe, qué se pregunta. Entonces, no creo que haya una cuestión como de declinarme hacia, sino más bien como un proceso de hacerse un cuerpo.
– Hablas de la falta de notación en la danza y de cómo salirse de ahí para poder hablar de escritura y danza. ¿Por qué para vos es interesante correrse de ese lugar?
– Cuando yo empiezo a pensar las relaciones danza y escritura, lo estoy pensando mucho más cerca del arte contemporáneo y de la escritura como del ensayo teórico que acompaña a la obra de arte, a la práctica del artista como una persona, que se hace un perfil a través de sus obras. Un perfil, un recorte, unas aristas que van definiendo una semántica, un campo conceptual, unas redes de procedimientos y operaciones. A mí me interesaba eso, qué era lo que hacía la escritura en esa complejidad que se estudiaba como arte contemporáneo.
Cuando yo iba a buscar la cuestión de la escritura en la danza lo que aparecía siempre era la notación. Eso es una parte, puede ser, pero yo no me refiero a eso, porque la notación es más bien como un sistema de archivación, de traducción o de conservación. Es una cuestión más museística que productiva, en el sentido de eso que ejecuta la escritura. Por ejemplo, en esa red de cosas que es el arte contemporáneo; en donde el artista escribe, el curador escribe, el teórico escribe, todas las figuras que practican la escritura en esa constelación. Incluso bibliotecas, documentos como: catálogos, textos de sala, fichas técnicas, statements, biografías. Toda una serie de producción escrita, procesos de escritura. Entonces, como venía más por ese lado, lo que yo encontraba en la notación es como una reducción. No es la escritura de la danza lo que a mí me interesa, sino todas las prácticas de escritura que potencialmente podrían participar de la danza y eventualmente no estarían participando.
Por ejemplo, las obras no tienen curador y eso para mí era una pregunta: por qué las obras de danza no tienen curador. Si las obras de artes visuales sí, o los artistas de danza suelen no escribir statements. No tienen un posicionamiento teórico, están trabajando con asuntos, pero no con conceptos.
Todos esos eran los lugares en donde yo encontraba desde y hacia dónde andaban las preguntas. Entonces, claro, la notación era un problema mínimo, súper historizado al mismo tiempo.
– Hablaste sobre que la escena no es el único lugar donde aparece la danza. En relación con eso, ¿qué le dirías a ese periodismo que intenta escribir sobre danza, sin interesarse demasiado en la danza o que lo hace desde ciertas prenociones?
– Lo que sucede es que ahí manda mercado, porque es lo que se comercializa. Lo que se comercializa son las obras de danza. Como se pueda, porque no quiere decir que nos llenamos de plata, porque que sea un mercado, no quiere decir que sea un mercado próspero, pero no deja de serlo. Vos ponés una obra, alquilás un teatro, cobrás una entrada, repartís un borderó, hay una economía; o lo haces en tu casa y es gratis, y sólo entran cinco personas, pero también hay una economía.
En particular, a mí nunca me interesó mucho ser una artista escénica. Me pasó algo muy loco y es que el año pasado, a principio de año, produje lo que yo le llamaría mi primer solo. Además, la primera vez que, estando en escena, como dice mi amiga española, “me la paso teta”. Me la paso muy bien en escena, pero es algo que no me había pasado y que además no me interesaba mucho que me pasara. No era necesariamente a donde apuntar con las prácticas de danza. Entonces sí que tuve que poner en valor el no querer. Ni ser coreógrafa, ni ser intérprete. Pero sí establecerme en otro espacio, que son los espacios de investigación, de laboratorio, de escritura.
A mí me cuesta todo muchísimo, no me sale fácil, entonces me gusta mucho estudiar la técnica, el movimiento. Puedo estar ahí y llegar hasta donde llegue, me da igual, pero me gusta el estudio del movimiento, el estudio kinético, me gusta ver el trabajo de los demás.
Ahí pasa un poco lo mismo que te decía en relación a la notación. Si dedicarse a la danza es sólo ser coreógrafa o intérprete y además, en realidad, la carrera está asignada. Vos sos primero intérprete y después coreógrafa y después, cuando te retirás de coreógrafa, ya podés escribir un libro. Es una linealidad muy corta y un modo de pensar que está muy cerca de la caducidad.
Esa idea de carrera, que es una linealidad, que también responde a un tipo de bailarín y bailarina, a un perfil de formación y demás. En realidad hace mucho ruido con lo que yo entiendo. Por lo que es, para mí, haber de alguna manera procesado y resuelto que lo mío es con la danza. Pero para mí también que sea con la danza es levantar pesas, y es con la escritura y también es bailar twerk.
Y de pronto pasó lo de la obra, ahora sí estoy haciendo un trabajo escénico. Capaz el único, no lo sé, de intérprete y de dirección. Validar todos los otros espacios. Porque, además ¿qué es lo que más hacemos? Estamos en salas de danza, es lo que más hacemos. Lo que menos hacemos es estar en el escenario, es el tiempo mínimo de la vida de la danza. Te pasás la vida en la sala, tomando entrenamiento, dando entrenamiento, ensayando una obra. El lugar donde sucede la danza es la sala de danza, no es el teatro. En el teatro también un poco a veces.
Podés pasarte ensayando dos años una obra, dos veces por semana, durante cuatro horas cada vez y hacés una función. Por eso también es el tema de catalogar esos procesos de escritura, porque entonces en esos dos años de ensayo aparece un primer diálogo con un vestuarista que, al final, no lo resolvés con esa persona porque no tenés presupuesto y aparece un primer equipo de ensayo que para el año siguiente se modificó y empezás por estar, fanatizada con un texto, con La Divina Comedia de Dante y a fin del año encontrás el Diario de la Dispersión de (osario) Bléfari y en realidad te vas más para ese lado que para el lado de La Divina Comedia. Entonces hay algo de todo ese proceso documentado que permite justamente darle valor a ese tiempo de trabajo. Si no está la idea de que vos llegás, la obra está ahí, hecha. Realmente la obra sería la punta visible de un proceso muy espeso en el tiempo, en el cuerpo, que se hace cuerpo, se hace documento, se hace danza.
– ¿De dónde o cómo surgió la idea, las ganas o la intención de tener una editora que sólo publique libros de danza?
– En algún momento yo me doy cuenta de que estoy haciendo eso. No es que yo me siento a armar un proyecto, sino que de pronto estaba en una serie de procesos que se materializaron en libros. En ese momento le digo a María Paz Garaloces, que es mi compa, mi socia de la editorial, me parece que vamos a tener una editorial. Pensemos estos tres libros como parte de un proyecto editorial, aunemos esto a ver qué pasa. Los tres libros en realidad habían sido estrategias. Eran tres procesos que se materializaban finalmente en libros; porque por distintas razones eran procesos de trabajo que requerían responder a una demanda muy propia de las convocatorias actuales, y es que vos tenés que hacer algo nuevo. Como Cuadernos de Danza ya existe, recibió alguna vez un apoyo, la sostenibilidad de los proyectos es algo que a las plataformas de apoyo o de subsidios no les interesa, quieren que siempre hagas algo nuevo.
En ese momento había subsidios, ahora estamos en la lona, teníamos un montón de modos de gestionar recursos. Alguien había recibido un mecenazgo que se le estaba venciendo, era para hacer unas traducciones, de ahí sale Improvisación en danza. De pronto estamos por sacar tres libros, hagamos una editorial y vemos, hagamos un sello, empecemos con una unificación.
Siempre cuento que mi padre cuando sacamos el primer libro me dijo que no iba a tener una editorial hasta que no tuviera al menos ocho títulos publicados. Así que yo me puse a trabajar para responder la demanda de papá y también a mí me resulta un trabajo, un proceso. El proceso editorial me encanta y lo disfruto muchísimo. La sensación esa de terminado, materializado, prolijo, pesa. Me resulta un lugar muy placentero, estimulante y claro que eso también lo contagio, entonces trabajo con un montón de gente, con quienes estamos en distintos procesos ultraestimulantes, inventarnos un nuevo libro.
El libro tiene mucho peso, no sólo material sino también simbólico. Es un sistema de valoración y es un dispositivo muy poderoso, yo creo que es nuestro mayor invento como humanidad, es el libro. Entonces, en ese sentido, yo me crío en un entorno de libreros, mi viejo es librero. En algún momento aparece el fantasma de que con los libros digitales van a desaparecer los libros en papel: yo creo que es tan poderoso el dispositivo que ni en pedo.
Pero en ese sentido también yo siento que la editorial, el libro como dispositivo, eleva una apuesta, que es la que yo empiezo a hacer desde Cuadernos de Danza y que continúo haciendo porque además la articulación de las redes, y la articulación entre Cuadernos de Danza y Segunda En Papel, son totales.
Somos un poco siempre las mismas personas y al mismo tiempo no, porque en Cuadernos de Danza yo tengo 28 colaboradores. Los libros los organizo por grupo, por equipo de trabajo. Más o menos son 14 los libros que estoy acompañando en un proceso, son 14 equipos, en donde tenés un mínimo de 5 personas. Edición, diseño, autoría, corrección. Corrección porque siempre trabajo con dos o tres correctores: como no trabajo con manual de estilo tenemos que leer varias personas, para ver si es un error o es una decisión. Hacer una lectura yo le digo, como una corrección somática. Para dimensionar esas redes gigantes.
Es importante pensar en el texto en relación a un potencial lector, cuando es un texto para publicar. Si ya aparece un lector, si fantaseo con que va a ser leído, lo escribo de una manera. Del cuaderno salen miles de cosas. El cuaderno es como el gimnasio, es el lugar en donde estás entrenando, se dicen un montón de estupideces, por qué no, uno también piensa estupideces, por suerte las escribe en un cuaderno, las deja ir y nadie lo puede leer. A su vez de ahí puede salir cualquier cosa: un artículo académico, un posteo, un libro, una carta de amor.
Para ampliar la información se puede acceder a los siguientes links:
https://cuadernosdedanza.com.ar/
https://bit.ly/4fyhnFs
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