La intención del Gobierno nacional de avanzar con un esquema de aranceles para estudiantes extranjeros en las universidades públicas reabrió una discusión histórica sobre el financiamiento de la educación superior. La iniciativa, mencionada por el vocero presidencial Adrián Ravier, pone el foco en las carreras con mayor presencia de alumnos de otros países, entre ellas Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), donde el Ejecutivo asegura que los extranjeros representan el 32% de la matrícula.
En diálogo con Cadena 3 Rosario, el decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, Jorge Molinas, confirmó que los porcentajes difundidos por el Gobierno responden a un criterio estadístico específico, aunque aclaró que no reflejan la realidad cotidiana de las aulas. «Con los estudiantes que realizaron la reinscripción anual, el porcentaje da aproximadamente un 30%, pero si tomamos a los alumnos que efectivamente ingresaron este año, el número baja al 20%. De unos 2.200 inscriptos, alrededor de 600 son extranjeros, en su mayoría provenientes de Brasil», explicó.
Molinas sostuvo además que la discusión pública parte de una definición equivocada sobre quién es considerado extranjero. «Nosotros hablamos de menos del 2% de alumnos extranjeros, porque quien viene a estudiar y permanece durante una carrera como Medicina termina nacionalizándose. Después de eso ya es un estudiante argentino y goza de todos los derechos que establecen la Constitución y las leyes migratorias», afirmó.
Para el decano, el debate impulsado por el Gobierno desvía la atención de los problemas estructurales que atraviesa el sistema universitario. «Esto es similar a una cortina de humo. Se pone el foco en los estudiantes extranjeros y no en los verdaderos problemas que tiene hoy la universidad pública», señaló. También recordó que muchos jóvenes argentinos emigran para desarrollarse profesionalmente, mientras estudiantes de otros países llegan al país buscando una formación reconocida internacionalmente.
Consultado sobre los modelos universitarios en el mundo, Molinas reconoció que varios países cuentan con sistemas públicos de educación superior, aunque con fuertes restricciones de ingreso. «En Francia, España, México o Brasil existen universidades públicas, pero los cupos son muy limitados y el acceso depende de promedios muy altos o de contar con recursos económicos. Nosotros defendemos un sistema donde cualquier persona con vocación pueda estudiar», argumentó.
Respecto de una eventual reforma legislativa que habilite el cobro de aranceles a estudiantes extranjeros no residentes, Molinas fue prudente, aunque dejó clara su posición. «Si el Congreso modifica la ley, la universidad deberá cumplirla. Pero creo que una norma que solamente cobre a los extranjeros no estaría abordando el verdadero problema del sistema universitario», expresó.
El decano también rechazó la idea de que la presencia de estudiantes extranjeros perjudique el funcionamiento de la facultad. «No tenemos un cambio significativo en la dinámica académica por recibir alumnos de otros países. Además, hoy es imposible calcular cuánto cuesta cada estudiante porque la universidad está funcionando con recursos muy limitados. El 40% del presupuesto anual que recibimos del Estado se destina solamente a limpieza y papel higiénico», ejemplificó.
Sobre el aporte que realizan quienes llegan desde otros países, Molinas destacó que muchos permanecen varios años ejerciendo en la Argentina. «En el caso de los brasileños, deben esperar un tiempo para que su título sea reconocido en su país, por lo que trabajan aquí durante varios años. Muchos además terminan formando familia, desarrollando vínculos laborales y deciden quedarse definitivamente», indicó.
Frente al planteo sobre si es justo que el Estado argentino financie la formación de quienes eventualmente regresan a sus países, el decano respondió que el debate debería centrarse en la política migratoria. «Ellos viven acá, pagan impuestos, alquilan, consumen y lo hacen como cualquier argentino porque ya son argentinos. Si el Gobierno quiere modificar las políticas migratorias debe discutirlo en el Congreso, no trasladar esa discusión a las universidades», sostuvo.
Finalmente, Molinas defendió el valor de una comunidad académica diversa y aseguró que el intercambio cultural fortalece la formación profesional. «El sistema universitario se potencia con la interacción entre estudiantes de distintos orígenes. La pluralidad enriquece el aprendizaje y genera beneficios que van mucho más allá de la formación individual», concluyó, al tiempo que insistió en que el debate sobre el financiamiento universitario debería abordarse de manera integral y no limitarse exclusivamente a la situación de los estudiantes extranjeros.