Desde la universidad pública se reconoció la situación que padecen los nuevos profesionales, especialmente en guardias.
“Venimos de un proceso cultural de sobreexigencia de trabajo de los profesionales”, sostuvo el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario, Ricardo Nidd. A raíz de una nota publicada en El Ciudadano el lunes pasado, acerca del reclamo de médicos residentes que piden por las mejoras en las condiciones laborales de los recién egresados –en especial de aquellos que se desempeñan en el sector privado de la Salud– y lograron formar un consejo para dialogar con los distintos actores involucrados en la formación de posgrado, Nidd dialogó ayer con este medio sobre la situación, que según aseguró se está tratando de resolver. Y recordó que la casa de altos estudios que dirige, a través del Foro de Facultades y Escuelas Públicas de Medicina, del que participa, presentó un documento al Ministerio de Educación de la Nación en el que respaldó “la construcción de estándares de acreditación de carreras de posgrado, contemplando guardias de 12 horas y de descanso posguardia”. Y recordó que esa distribución de trabajo y descanso tiene fuerza de ley.
“Pero hecha la ley, hecha la trampa: hay que hacer cumplir las normas. Hablamos al respecto con el Colegio de Médicos, porque los centros de salud privados no tienen carreras de posgrado, ya que las carreras de posgrado están construidas sobre el viejo modelo de residencia del sector público”, explicó el decano. Además, señaló que la UNR no tiene la posibilidad de generar todas las plazas para la cantidad de médicos que egresan, ya que por año se matriculan en el Colegio de Médicos de la provincia unos 800 nuevos profesionales, mientras que hay disponibles entre 350 y 400 vacantes para la formación de posgrado.
“Algunos dirían que la universidad genera demasiados médicos y que hay que cerrar el grifo: eso jamás. Al contrario, nosotros nos ufanamos de nuestro modelo de admisión inclusivo y de que consideramos a la educación superior un derecho universal”, subrayó.
Ese modelo “inclusivo de ingreso” al que se refirió Nidd, genera un número de egresados que termina superando las plazas de formación de posgrado existentes, paso ineludible para que los médicos puedan ejercer la profesión. Es por ello, según detalló el decano, que debe haber un esfuerzo institucional para generar más lugares de formación, motivo por el cual se le abre la puerta a los centros de salud privados, de modo que formen a los residentes.
“Los sanatorios privados pueden formar médicos de calidad al igual que los hospitales públicos. Si hay privados que pueden garantizar procesos de calidad, hay que aprovecharlos. Pero hay que hacer un fuerte hincapié con ellos para advertirles que hay una ley de residencias que habla de guardia de 12 horas, de descanso posguardia y, sobre todo, habla de la posibilidad de sostener esa formación con recursos, y que cobren”, sostuvo Nidd.
De hecho, el profesional dijo que “el Colegio de Médicos tiene una actitud de reunir a los distintos servicios formadores y exigirles alguna forma de remuneración”.
Cabe recordar que los organismos encargados de supervisar la correcta formación de los residentes son la Comisión de Servicios Formadores –por parte del Colegio de Médicos en el sector privado– mientras que en el ámbito público de la salud lo son la UNR, y la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Conau), del Ministerio de Educación.
Sobre un sistema “vertical”
Los médicos residentes que conversaron con este medio sobre la situación compleja por la que atraviesan en sus procesos de formación de posgrado, consideraron al sistema de residencias de “estructura vertical” y “a veces hasta militarizante que establece órdenes de jerarquías”.
“Como médico psiquiatra soy muy respetuoso del lenguaje porque muchas veces el lenguaje encubre culturas. ¿De qué se quejan los colegas? De que los hacen hacer muchas horas de «guardia»; en los hospitales están los «pabellones», que son lugares en donde duermen los militares; en las farmacias hay «un arsenal de medicamentos», como en las fuerzas armadas. Cuando alguien tiene una infección grave se le da una primera dosis que se llama «dosis de ataque»”, trazó un evidente paralelismo Nidd.
“Hay algo muy llamativo también que al segundo del gobernador se le dice vicegobernador, mientras que al que está abajo del director de un sanatorio se le dice subdirector, del mismo modo que a un oficial”, relató el decano.
Finalmente, Nidd consideró que en el lenguaje está ingresando esta lógica de poder, y esa misma lógica muchas veces se cuela en el concepto de la residencia. “Es un problema cultural de mucho tiempo que necesita deconstruirse y recontruirse, nunca destruirse”, concluyó Nidd.
Formación práctica: un debate que ya tiene bastante letra acumulada y sigue sin resolverse
A fines del año pasado, los médicos residentes y concurrentes hicieron una movilización para lograr una mesa de diálogo entre los organismos involucrados en la formación de posgrado: Municipalidad, Dirección de Residencia de la provincia –y también el Ministerio de Salud–, el Colegio de Médicos y la Facultad de Medicina. En diciembre pasado, los profesionales mantuvieron una reunión con referentes de la cartera de Salud de la provincia y, en enero, con el Colegio de Médicos. Posiblemente antes de que finalice febrero tendrán una reunión interinstitucional donde se sentarán todas las partes con el fin de analizar la situación.
La problemática en los procesos de formación para los médicos recién recibidos ha sido y es objeto de estudio. De hecho, María Isabel Duré, directora nacional de Capital Humano y Salud Ocupacional, abordó en la publicación “La gestión de recursos humanos en Salud en Argentina, una estrategia de consensos (2008-2015)” un análisis sobre la situación del sistema de formación de residencias en el país. Uno de los planteos tenía como eje requerir, además de recursos económicos, “una distribución equitativa de conocimientos y capacitación de los equipos de salud”. Para la académica, además, “no alcanza con el incremento de las plazas, sino que es necesario pensar en una reestructuración global de las condiciones de trabajo”.
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