Miguel Passarini
Hay obras de teatro que entretienen, otras que conmueven, y un selecto grupo de obas que logran algo mucho más ambicioso e infrecuente: sacudir la percepción del espectador y devolverle una imagen visceral de su propio presente, donde, como dice el maestro Pompeyo Audivert, la escena no es un espejo donde reflejarse sino que ese espejo estalla en mil pedazos en la platea.
Algo de eso ocurre Presidente Schreber, última y exitosa experiencia escénica gestada por el actor, dramaturgo, director y psicoanalista local Hugo Cardozo que ofrece sus últimas funciones de la temporada, los viernes, en La Orilla Infinita.
Se trata de un acontecimiento teatral de una densidad estética y conceptual por momentos perturbadora, donde el psicoanálisis, la política y la potencia del cuerpo en escena se cruzan en un despliegue de gran maestría que todo el tiempo camina por una delgada línea que separa la acción dramática de un posible abismo.
Formado, entre más, en los proyectos de Máquinas Teatrales del referido Pompeyo Audivert, uno de sus grandes referentes, Cardozo demuestra aquí una madurez artística incuestionable. No sólo firma una dramaturgia imbricada y una dirección precisa, sino que comparte escenario junto a Ignacio Chazarreta y Paula Bertazzo (antes, Adriana Frodella) para ofrecer un trabajo físico y expresivo de altísimo voltaje, abordando la imagen casi espectral de Schreber y una pulsión que desde lo estético dialoga con el expresionismo.
En escena, las palabras no son meras explicaciones: son materia viva, impulsos que detonan el acontecimiento, la perplejidad y también la tristeza, instancias que dejan en cada espectador un cúmulo de grandes interrogantes incluso acerca del gran tema de la salud mental, en un tiempo donde es materia de debate permanente.
Cabe destacar que las memorias de Schreber, jurista y escritor alemán que nació en Leipzig (Alemania) el 25 de julio de 1842, donde también murió el 14 de abril de 1911, se convirtieron en un libro muy influyente en la historia de la psiquiatría y el psicoanálisis a nivel mundial hasta el presente, gracias a la interpretación que de ellas hizo Sigmund Freud que nunca lo entrevistó pero que sí analizó su caso en profundidad a partir de esos escritos.

Es así que el texto de la obra toma como punto de partida el libro Memorias de un enfermo de nervios de Daniel Paul Schreber, el caso paradigmático que Freud inmortalizara en la historia del psicoanálisis. Sin embargo, lo que en manos menos hábiles podría haber sido un ejercicio de teatro documental o el repaso de un árido ensayo clínico trabajado en escena, en las manos de Cardozo, se abre, estalla y se transforma en una metáfora encendida sobre la fragilidad humana y la locura personal que se vuelve colectiva, dado que todo el tiempo los dichos “delirantes” del doctor frente a su médico tratante o a su azorada mujer llegan como un eco a un presente permanente.
El gran acierto de la propuesta radica en su agudísima resonancia con la realidad argentina actual. Al rebautizar y reconfigurar la pieza como Presidente Schreber, el espectáculo tiende un puente directo y perturbador entre el universo paranoico del personaje y la desintegración del tejido social del país con el avance y el desmantelamiento deliberado que lleva adelante el gobierno libertario (la comparación es inevitable).
La inclusión de pasajes de la discutida Ley de Salud Mental 26.657 y los ecos de la memoria histórica no se sienten forzados. Por el contrario, irrumpen como denuncias que el teatro abraza con valentía y una ideología clara y concreta frente a ese acontecimiento y a la realidad contemporánea no sólo del país sino del mundo.
Acompañada por una puesta muy elocuente donde se destacan el espacio escénico, la precisa asistencia de dirección de Lucas Aquino, las iluminación de Ignacio Chazarreta, el vestuario del siempre notable Ramiro Sorrequieta, un paisaje sonoro envolvente firmado por Álvaro Penarez y la asistencia técnica de Niche Almeyda, la obra alcanza en algunos pasajes una atmósfera hipnótica y sofocante, de la que es imposible salir indemne.
Presidente Schreber es teatro en su estado más puro y necesario: una maquina poética desafiante, un acto de resistencia cultural y un espejo, como tantos que habitan el espacio escénico, que evoca imágenes desgarradoras en los que no sólo se mira el personaje sino también la sociedad, aunque silenciosa y aún en la quietud, representada en la platea y a la espera del estallido.
Para agendar
Presidente Schreber se presenta los viernes, a las 21, en La Orilla Infinita (Colón 2148). Las entradas anticipadas están disponibles ACÁ.