El Hincha

El electricista de 40 años que conmovió al mundo: la increíble vida de Vozinha

Nunca tuvo alfombra roja. Durante gran parte de su juventud, combinó la pasión por el fútbol con el oficio de electricista, trabajando codo a codo con su padre para pagar las cuentas

Detrás de cada pantalla de televisión que transmitió el Mundial de Fútbol 2026, hubo una jugada que no quedó registrada en las estadísticas: la de un hombre de 40 años, desempleado y conmovido hasta las lágrimas en el césped de un estadio imponente. Ese hombre es Josimar José Évora Dias, conocido universalmente como «Vozinha», el arquero de Cabo Verde que pasó de arreglar cables de luz a transformarse en el héroe más gigante e inesperado del planeta.

Esta no es la historia de un atleta multimillonario moldeado desde la cuna por un club de élite. Es la crónica de una resistencia silenciosa que empezó en las calles de Mindelo.

El refugio de la «Abuelita»

Para entender al superhéroe del Mundial, hay que viajar a su infancia en Cabo Verde. Su padre estaba en el servicio militar y su madre trabajaba sin descanso para sostener el hogar. Josimar creció bajo el ala de sus abuelos. De hecho, su abuela llegó a empeñar las pocas joyas que tenía para que al niño nunca le faltara un plato de comida o un par de zapatillas.

Cuando salía a jugar al fútbol con los chicos más grandes del barrio, Josimar solía recibir golpes y raspaduras lógicas del juego. Asustado, corría a refugiarse a su casa. Los vecinos, divertidos, empezaron a apodarlo «Vozinha» (que en portugués significa «Abuelita»), burlándose del niño que siempre buscaba la protección de su hogar. Odió ese apodo durante años. Sin embargo, el destino es caprichoso: décadas después, cuando jugaba en Angola y el plantel se llenó de futbolistas llamados Josimar, decidió estampar «Vozinha» en su espalda para diferenciarse. Lo que nació como una burla se convirtió en el homenaje eterno a la mujer que lo salvó.

El arquero que aprendió en YouTube

La vida de Vozinha nunca tuvo alfombra roja. Durante gran parte de su juventud, combinó la pasión por el fútbol con el oficio de electricista, trabajando codo a codo con su padre para pagar las cuentas. Mientras los arqueros modernos crecen en academias de alta tecnología, él confesó haber perfeccionado sus reflejos y técnicas de achique mirando tutoriales en YouTube por las noches.

Su salto al profesionalismo roza el absurdo: no llegó a través de un cazatalentos, sino por una convocatoria abierta que la Federación de Cabo Verde publicó en la red social laboral LinkedIn. Tenía ya 25 años —una edad en la que muchos consideran que el tren del fútbol ya pasó— cuando firmó su primer contrato. A partir de ahí, deambuló por ligas invisibles para los grandes medios: Angola, Moldavia, Chipre y el ascenso de Portugal.

Los 40 años, el desempleo y la gloria

Al Mundial 2026, Vozinha llegó con una mochila particular: acababa de cumplir 40 años, su valor de mercado era de apenas 50.000 euros y no tenía club. Estaba técnicamente desempleado. Pero el fútbol, que a veces tiene justicia poética, le tenía guardada la página más dorada de su vida.

En el debut contra España, una potencia plagada de estrellas jóvenes, el «abuelo» del torneo bajó la persiana. Fueron siete atajadas imposibles que frustraron a figuras como Lamine Yamal y Pedri. Al terminar el partido, elegido como el mejor jugador de la cancha, Vozinha se desplomó en el piso y lloró. No lloraba por el rating ni por los millones de seguidores que empezaban a lloverle en Instagram; lloraba pensando en sus abuelos, que ya no estaban para verlo.

Días después, tras otra noche épica frente a Uruguay, le tocó plantarse ante la Argentina de Lionel Messi en dieciseisavos de final. El electricista le ahogó el grito de gol al mejor del mundo en dos ocasiones clarísimas. Cabo Verde cayó con la frente en alto, pero el mundo ya se había enamorado de su arquero.

La FIFA, conmovida por el fenómeno, pagó los pasajes para que su madre pudiera viajar de urgencia a Estados Unidos y verlo atajar en vivo por primera vez en un gran escenario.

Al final del camino, con la tranquilidad del deber cumplido, Vozinha dejó una frase que resume su victoria más importante: «Hoy todo el mundo ya sabe dónde está Cabo Verde». Su historia nos recordó a todos que los sueños no tienen fecha de vencimiento y que, a veces, los héroes más grandes se forjan con cables, videos de internet y el amor de una abuela

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