Política

El Equipo Argentino de Antropología Forense lanzó sitio web sobre el cementerio de Avellaneda, donde recuperó 245 cuerpos de víctimas del Estado terrorista

Los grupos de tareas de la dictadura dejaban los cuerpos de las personas que asesinaban en la vía pública. Las fuerzas de seguridad los recogían para depositarlos en el llamado sector 134. Los 245 cuerpos exhumados fueron analizados en el marco del trabajo científico que lleva adelante el equipo desde hace décadas. Consiguieron identificar a 119. Aún restan 126

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) presentó un nuevo sitio web dedicado al cementerio de Avellaneda. Allí, logró recuperar la mayor cantidad de víctimas del Estado terrorista. En ese lugar, fueron exhumados 245 cuerpos, que luego fueron analizados en el marco del trabajo científico que lleva adelante el equipo desde hace décadas. Consiguieron identificar a 119. Aún restan 126.

El sitio web tiene el objetivo de sistematizar y poner a disposición información relevante sobre uno de los espacios más significativos en la búsqueda de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar.

La plataforma digital reúne datos, documentos y reconstrucciones vinculadas a las tareas realizadas por el organismo en ese predio, aportando una herramienta de acceso público para investigadores, familiares y la sociedad en general.

 

La página web hace foco en el sector 134 del cementerio de Avellaneda. El EAAF incorporó en el sitio una serie de precisiones técnicas para comprender el alcance y los límites de los datos presentados:

  • Fecha de muerte con rango: en aquellos casos donde no se pudo establecer una fecha exacta a partir de fuentes documentales, se utilizó un rango que corresponde a los momentos mínimos y máximos en que fue utilizada la vaquera donde se halló el esqueleto.
  • Causa de muerte indeterminada: el análisis de restos óseos permite identificar únicamente lesiones que dejan marcas en los huesos. Cuando no se registran estas evidencias, la causa de muerte se considera osteológicamente indeterminada.
  • Circuitos represivos: la reconstrucción de las trayectorias de las personas por el circuito represivo se realizó en base a documentación disponible, patrones de movilidad detectados y vínculos entre centros clandestinos de detención (CCD).
  • Edad de personas no identificadas: en los casos de restos óseos, no es posible determinar una edad exacta, sino establecer un rango etario estimado a partir de características morfológicas.

 

La información publicada surge del procesamiento realizado por el EAAF en base a datos propios, actualizado a marzo de 2026.

El EAAF es reconocido a nivel nacional e internacional por su labor en la identificación de personas desaparecidas y en la investigación de violaciones a los derechos humanos, combinando metodologías de la antropología, la arqueología y la genética. Con este nuevo sitio, el organismo profundiza su trabajo de memoria y acceso público a la información.

 

Funcionamiento del sector 134

 

Entre abril de 1976 y septiembre de 1978, el sector 134 del cementerio de Avellaneda fue utilizado para inhumar a víctimas del terrorismo de Estado. Al igual que otros cementerios municipales, funcionó como último eslabón del circuito represivo de la zona sur del Área Metropolitana de Buenos Aires, bajo la órbita de la Unidad Regional II de Lanús y de la comisaría 4a de Avellaneda.

La red de centros clandestinos denominada «Circuito Camps» (en tonos de azul en el mapa) y el campo de concentración El Vesubio (en amarillo en el mapa) fueron los lugares de cautiverio de la mayor parte de las personas identificadas en el sector 134.

Luego de ser asesinadas, sus cuerpos fueron dejados en la vía pública, de donde fueron recogidos por las fuerzas de seguridad y depositados en el cementerio de Avellaneda.

Allí también fueron inhumados varones y mujeres que murieron en operativos represivos, sin que mediara una captura. Para gestionar este espacio de disposición final, las autoridades del cementerio abrieron una puerta desde la calle lateral por donde ingresaban los cuerpos.

 

Desde 1986, un trabajo científico incansable

 

En octubre de 1986 la Cámara Federal de la Capital, que llevaba adelante una causa por la desaparición del periodista Rafael Perrota, secuestrado en julio de 1977, le pidió al EAAF que realizara un peritaje en el sector 134 del cementerio municipal de la localidad bonaerense de Avellaneda.

En ese momento, se habían abierto numerosas causas judiciales que indagaban en el uso de los cementerios municipales como lugares de destino final de las víctimas del terrorismo de Estado.

El predio del cementerio incluía una morgue policial y un sector de treinta metros por diez que estaba separado de la zona de sepulturas por un muro y al que se podía acceder por una entrada propia desde la calle.

Para ese entonces, estaba cubierto por vegetación, escombros y basura. El Equipo exploró solo una pequeña porción del terreno y encontró, en una fosa común, once esqueletos, en su gran mayoría de personas jóvenes. Ninguno coincidía con las características físicas del periodista.

Debido a la sospecha de que se trataba de cuerpos de personas desaparecidas, el EAAF presentó un informe a la Cámara Federal proponiendo excavar todo el sector 134.

Unos meses después, en junio de 1987, fue convocado para buscar allí a María Teresa Cerviño, desaparecida el 24 de abril de 1976. Todavía en dictadura, su mamá, Matilde Cerviño, había localizado la causa judicial que registraba el asesinato y en la que figuraba su traslado a la morgue de Avellaneda. No había logrado, sin embargo, recuperar el cuerpo.

 

Numerosos testimonios sobre el sector 134

 

A partir de 1983, ese expediente había documentado el testimonio de funcionarios y empleados del cementerio que afirmaban que en el sector 134 «enterraban los cadáveres que dejaban de noche las fuerzas de seguridad abandonados en las galerías». Y que el muro se había construido «para que los transeúntes no viesen los cadáveres N.N, dejados por los bomberos, por la policía o por hospitales».

Los testigos agregaron que los cuerpos eran ingresados directamente por la calle lateral, que el lugar había estado bajo control de personal policial y que a partir de abril de 1976 los empleados recibieron la orden de cavar “vaqueras”, fosas del tamaño de una vaca.

El EAAF analizó los libros del cementerio: había 157 inhumaciones registradas en el sector 134. Casi la mitad correspondían a fallecidos de entre 21 y 35 años, y una proporción significativa de ellos había muerto por “heridas de bala”. Estas características indicaban que podía tratarse de víctimas de la represión ilegal.

Otras 62 personas estaban registradas con su nombre y apellido, como María Teresa Cerviño, pero la mayoría de este grupo era de edad más avanzada.

Al mismo tiempo, el Equipo comenzó a construir hipótesis sobre quiénes podrían, entre todos los desaparecidos, haber sido inhumados en el cementerio de Avellaneda y a recuperar el perfil biológico de cada uno, sus huellas dactilares, historias clínicas, fichas odontológicas (los datos pre mortem).

No estaban disponibles aún los análisis de ADN en la Argentina, es decir que la identificación únicamente era posible comparando los rasgos de las personas cuando estaban vivas con las características observables en los esqueletos recuperados.

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