El impuesto a los combustibles se disparó y es el tributo que más creció en lo que va de la gestión de Javier Milei, pero los recursos no se vuelcan a las rutas, como indica la ley que lo creó. La conclusión surge de un estudio del Instituto Argentina Grande (IAG). En contrapartida, de acuerdo al mismo análisis, el consumo general continúa en retroceso.
El reporte expone que desde el inicio de la actual gestión presidencial, el impuesto a los combustibles líquidos (ICL) subió un 1387% en términos nominales frente a una inflación acumulada del 329% en igual período. Si se decuenta el efecto inflacionario, la carga impositiva sobre las naftas se disparó un 240%. El peso del tributo prácticamente se triplicó.
Los que llegaban para reducir carga tributaria…
El inusitado incremento, ejecutado por una gestión que prometió en campaña bajar impuestos, elevó el peso de los impuestos directos en el ticket del surtidor. De un 8,9% del precio por litro que presentaban en noviembre de 2023, pasaron al 20,1% en agosto de este año. La quinta parte.

Así, de los 2045 pesos que cuesta actualmente un litro de nafta súper en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), 411 pesos corresponden puramente a impuestos.
En noviembre de 2023, el valor de la nafta, a precios constantes de hoy, era de 1333 pesos, y la parte correspondiente al tributo era de apenas 120 pesos. El precio real del combustible en el surtidor se incrementó un 53,4% real desde el cambio de gestión, impulsado fundamentalmente por el ajuste impositivo que superó con creces el índice general de inflación.
Más recaudación y más desvío de fondos
El incremento impositivo aumentó el aporte de las naftas a las cuentas públicas. De hecho, el impuesto a los combustibles es el tributo cuya recaudación real más creció en comparación con el año 2023, acumulando una suba del 91% en términos reales en el período de enero a agosto.
Solo los Derechos de Exportación (retenciones) acompañaron este crecimiento (+3,9%), aunque eso se debió esencialmente a la baja base de comparación por la sequía histórica de 2023. En contraste, otros tributos clave como la recaudación de la seguridad social sufrieron caídas notorias a raíz de la pérdida de puestos de trabajo registrado.
El informe advierte una profunda contradicción en el uso de estos recursos específicos. Pese a que el presidente Javier Milei sostuvo de manera pública que «una ruta en buen estado salva tantas vidas como un auto seguro», las inversiones reales van en sentido opuesto.

Entre enero y agosto de 2026, los ingresos reales por el impuesto de asignación específica destinado a vialidad aumentaron un 91,2% real frente a 2023. Sin embargo, no se usaron allí: el gasto real devengado por la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) sufrió un recorte del 82,3% en comparación con igual período de 2023.
En términos agregados, de todos los fondos recaudados por el impuesto que corresponden a Vialidad, la DNV ejecutó tan solo el 32,7%. En la práctica, el gasto de Vialidad por todo concepto, incluyendo recursos de créditos externos y transferencias del Tesoro Nacional, terminó siendo incluso inferior a la suma teórica que le correspondía por asignación específica del impuesto a los combustibles.
A qué se debe destinar el impuesto (y no se hace)
Según el esquema fijado por la Ley 23.966 (Título III) y sus modificatorias, los porcentajes de asignación de lo recaudado por el impuesto a los combustibles líquidos se deben destinar a rubros específicos:
- Sistema Previsional (Ansés): aproximadamente el 28,69% de los fondos.
- Fideicomiso de Infraestructura de Transporte: el 28,58% para obras viales, corredores y transporte.
- Tesoro Nacional y Provincias (Coparticipación general): cerca del 20,8% (dividido entre la Nación y las jurisdicciones provinciales).
- Fonavi (Fondo Nacional de Vivienda): un 15,07% para planes habitacionales.
- Fideicomiso de Infraestructura Hídrica: un 4,31% para obras de manejo y control de agua.
- Subsidios al transporte público: una asignación cercana al 2,55%.
Más recaudación con menos consumo, un combo explosivo
En paralelo, el consumo de nafta en los primeros siete meses de 2026 acumuló una caída del 5,26% en comparación con el mismo período de 2023, lo que equivale a una pérdida neta de 314 millones de litros de combustible volcados al mercado local.
En relación al año pasado, el descenso en las ventas alcanza el 1,84%, según el reporte basado en estadísticas de la Secretaría de Energía.
Desplome en zonas de frontera porque es más barata en países limítrofes

La baja de ventas afectó a todas las provincias del país, aunque la caída no es homogénea. Las provincias menos afectadas fueron Buenos Aires y Neuquén. El impacto más severo se localizó en las zonas de frontera. Misiones encabeza el retroceso con un derrumbe del 32,48% en el consumo, seguida por Formosa con una baja del 26,26%.
El informe del IAG explica que este fuerte retroceso en los distritos limítrofes responde a que el precio local de la nafta aumentó por encima del valor que tiene en los países vecinos, anulando la conveniencia que solía atraer la demanda fronteriza y provocando un desplome de las ventas de estos combustibles.
Por otro lado, al desagregar por tipo de producto frente a 2023, la nafta premium experimentó una caída del 7,3% en el consumo, mientras que la nafta súper registró una disminución del 4,5%.