La incertidumbre por la salud de León XIV reabrió las dudas sobre su viaje a la Argentina. En la Casa Rosada mantienen el operativo, aunque algunos funcionarios reconocen en privado que una postergación evitaría un escenario incómodo para el oficialismo de cara a las elecciones de 2027
El diagnóstico de cáncer de León XIV volvió a poner al Gobierno argentino a la espera de una decisión del Vaticano. Mientras la Santa Sede prioriza la salud del Pontífice, en Balcarce 50 crecen las dudas sobre su llegada al país y las consecuencias políticas que podría tener una visita en plena antesala electoral.
La gira está prevista para el 8 al 11 de noviembre, pero todavía no hubo anuncios sobre posibles modificaciones. La incertidumbre generó reacciones distintas dentro del oficialismo: mientras algunos dirigentes aguardan una confirmación, otros admiten en privado que una eventual postergación traería alivio.
El principal interrogante pasa por la posibilidad de que una reprogramación termine trasladando el viaje a 2027, año de elecciones presidenciales. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, reconoció esa posibilidad, que sumó preocupación en el entorno presidencial.
La relación con la Iglesia ya venía atravesada por diferencias en torno a cuestiones sociales, entre ellas las jubilaciones, la discapacidad y la pobreza. Dentro del Gobierno consideran que una visita durante la campaña podría darle mayor visibilidad a esos reclamos y complicar el mensaje oficial.
Aunque no existe una regla que impida las visitas papales durante los años electorales, los pontífices suelen evitarlas. En el oficialismo señalan que, durante el breve papado de Robert Prevost, no registran antecedentes de viajes a países en la previa de sus elecciones presidenciales.
Cuando se confirmó la llegada de León XIV, algunos funcionarios la interpretaron como una oportunidad para cerrar el año con un gesto favorable. Otros, en cambio, advertían que el viaje podía quedar condicionado por la situación social argentina y las críticas de la Iglesia.
La noticia sobre la enfermedad del Papa tomó por sorpresa a los funcionarios, que no esperaban que el nódulo fuera maligno. Hasta entonces, confiaban en que la intervención no impediría el viaje, pese a las advertencias de especialistas sobre las dificultades que podía presentar el posoperatorio.
Durante la mañana del martes, los contactos del Gobierno con el Vaticano todavía sostenían que la visita seguía en pie. En los despachos se repetían dos argumentos: “No es una operación grave” y “no hay riesgo de que no venga”.
Sin embargo, las recomendaciones médicas de evitar los vuelos durante las tres semanas posteriores a una cirugía de este tipo abrieron nuevas dudas. Ese plazo coincide con las fechas previstas para la estadía en la Argentina, por lo que la discusión pasó a centrarse en cuándo podría viajar y qué consecuencias tendría un cambio de calendario.
La secuencia de los anuncios también dejó en evidencia la falta de certezas. La conferencia del vocero presidencial Adrián Ravier estaba programada para las 16, cuando la información transmitida por el portavoz vaticano indicaba que la operación había sido exitosa y que el itinerario no sufriría modificaciones.
Con esos datos, el funcionario brindó su conferencia. Cerca de las 17 llegó un nuevo parte médico que confirmó la malignidad del nódulo. Pese al cambio de escenario, el Gobierno mantuvo su agenda y la instrucción interna fue esperar una comunicación oficial de la Santa Sede antes de tomar cualquier decisión.
Javier Milei había expresado sus buenos deseos al Pontífice antes de la operación, pero después del resultado de la intervención evitó pronunciarse. Sus ministros también mantuvieron silencio.
En la Casa Rosada justificaron esa postura con el argumento de que volver a hablar sobre el tema podía resultar inoportuno.
Puertas adentro, sin embargo, el panorama era diferente. Algunos funcionarios reconocieron que una suspensión o postergación sería recibida favorablemente después de varias semanas de tensión con la Iglesia y de la difusión de un dato de pobreza que debilitó uno de los argumentos del oficialismo.
Por ahora, la administración libertaria no tiene certezas sobre el próximo paso. Durante el año ya había quedado a la espera de que el Vaticano confirmara la visita, designara al nuncio y estableciera las fechas definitivas. Ahora, la situación volvió a dejar la iniciativa en manos de Roma.
Mientras aguardan una respuesta, en Balcarce 50 mantienen la instrucción de no anticipar anuncios y sostener la agenda prevista, a la espera de que la Santa Sede decida si ratifica, modifica o posterga la visita.
Fuente: Data Clave
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