
Polémica en silo. “Creo sumamente importante que el Concejo pueda tratar y definir sobre este mensaje que el Ejecutivo mandó hace siete meses. No tengo dudas que si el Concejo no aprobara este proyecto, el Ejecutivo obligará a volver a lo que era el proyecto original”, aclaró desde Buenos Aires la intendenta Mónica Fein, y terminó de oscurecer todo en Rosario. La jefa del Palacio de los Leones se refirió de ese modo a la denuncia del concejal Alberto Cortés, quien en la víspera, sobre el final de la sesión en el Palacio Vasallo, había desplegado fotografías del futuro hotel que está en plena construcción sobre los antiguos silos en Puerto Norte que mostraban tres plantas prácticamente terminadas, una cuarta en etapa avanzada, y las salientes para una quinta, “cuando la ordenanza votada por este Concejo permite sólo dos”. Tras la denuncia del edil y la respuesta de la intendenta, lo que más se elevó fue la confusión: para Cortés se trató lisa y llanamente de una admisión de que se estaba violando la normativa; pero para el secretario de Gobierno, Fernando Asegurado, fue todo lo contrario y más: “Lo que se está construyendo es exactamente lo que marca la normativa”, se plantó. Ante el antagonismo, este diario acudió a la norma misma, pero tampoco allí está la solución: los planos muestran los silos a mantener –como área de preservación histórica– y son 16, pero en la fotografía no puede haber más de 14.
La denuncia sobre la construcción por fuera de la normativa fue plantada como un pedido de informes al Ejecutivo sobre el final de la sesión del jueves. El socialista auténtico Cortés pretendió incluir el tema sobre tablas y, con el acompañamiento de sus pares de la oposición, se agregó a la agenda del día. Pero después no obtuvo la mayoría especial requerida para su aprobación. El titular del bloque oficialista, Manuel Sciutto, explicó el porqué: desde hace meses está en tratamiento en la comisión de Planeamiento un nuevo mensaje del Ejecutivo para modificar la ordenanza sobre Puerto Norte. Y este mismo lunes visitarán la comisión, de la que Cortés no forma parte, precisamente los arquitectos y responsables de Transatlántica, la firma que está levantando el futuro hotel de 4 estrellas sobre los históricos silos, y que pidió una ampliación de la superficie a construir. “En todo caso ellos mismos podrán responder”, marcó el edil socialista.
Pero el tema no quedó ahí: consultada por el programa radial “El primero de la mañana”, la intendenta Fein sugirió que el Palacio Vasallo tiene responsabilidad. “Hace siete meses enviamos la iniciativa. Creo que cuando hay mensajes de este tipo hay que trabajar con celeridad. Tenemos el 31 de diciembre el Dakar en Rosario y buscamos mejorar la oferta que tenemos”, razonó.
Las palabras de la intendenta enfurecieron a ediles de la comisión Planeamiento: “La comisión viene cumpliendo de manera espectacular, y todos estamos trabajando para eso”, dijo el titular del cuerpo, Jorge Boasso. El edil radical evitó polemizar, pero recordó la obligación de los desarrolladores de acatar las normas: “El privado no puede hacer lo que se le canta”, advirtió.
Otro jaque cantó el justicialista Diego Giuliano: “La intendenta está creando un nuevo régimen: las cosas aprobadas, las cosas no aprobadas, y las cosas que hace mucho tiempo que están, entonces se puede hacer cualquier cosa”, disparó.
Freente a ello, el secretario de Gobierno se plantó: “Se está cumpliendo exactamente con el permiso otorgado. Lo que se está terminando en estos días es una altura de 42,40 metros, que es lo permitido. Y lo que hay encima son «pelos salientes» de la propia construcción”, subrayó Asegurado. Y remarcó que ayer mismo Obras Particulares del distrito Norte había realizado una inspección, comprobando lo que decía.
Asegurado sacaba así la pulseada del campo político para llevarla al plano técnico. Pero ahí volvió a insistir Cortés: la ordenanza 8.237 –“Plan Especial 2ª Fase del Centro de Renovación Urbana Sacalabrini Ortiz-Puerto Norte–, aprobada en extraordinarias el 22 de febrero de 2008, marca un área de preservación histórica de 16 silos –uno detrás de otro en dos franjas de 8– del total que supo tener esa zona portuaria, cuya actividad le dio el nombre no oficial de “Refinería” al barrio. El conjunto forma un rectángulo de 60 metros por 17 metros, y la obra prevista es una planta de 1.000 metros cuadrados –la superficie es de 1.020– montada sobre los cilindros de 32 metros de altura. Con dos silos menos, la estructura del hotel debería tener una forma de “T” y marcar también un desafío para la ingeniería: en lugar de ello, la superficie faltante se agregó en altura. “Pero la ordenanza sigue estableciendo 1.000 metros cuadrados y llevan construidos por lo menos 1.600”, concluyó Cortés.
