Christa Pike, una estadounidense de 50 años, estaba por convertirse este miércoles en la primera mujer en ser ejecutada en el Estado de Tennessee en más de 200 años. Tres décadas atrás fue condenada a la pena de muerte por el homicidio de una joven. Si bien el Tribunal que tenía a cargo el caso había intentado aletargar el destino de la sentenciada, la Corte Suprema de Estados Unidos determinó esta semana su ejecución. Pero pasó un suceso insólito y desconcertante: la homicida sobrevivió a las dos inyecciones letales que se le aplicaron en el cuerpo.
El procedimiento se realizó en la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend. Las dosis que se le aplicaron a Pike fueron de pentobarbital, un medicamento de la familia de los barbitúricos, de acción corta a intermedia, que deprime el sistema nervioso central. Sin embargo, de acuerdo con las declaraciones de testigos y los representantes legales de la condenada, a los pocos minutos la mujer seguía respirando y se la escuchaba roncar.
“Pike perdió el conocimiento, pero aún tiene pulso y ronca”, precisó el equipo legal que lleva a delante su defensa en declaraciones a la BBC. “Parece que esto no salió como se suponía que debía salir”, indicó el periodista de investigación John North, quien presenció la escena. “Cuando salimos del edificio, hasta donde sabíamos, probablemente seguía viva”, añadió.
La conmoción fue total. El Departamento de Corrección de Tennessee, encargado de administrar los centros penitenciarios, afirmó que “se siguió cada paso del protocolo de ejecución legal y establecido por el Estado”.
Tras el fallido procedimiento, la condenada fue trasladada a un hospital. En un comunicado, el equipo de defensa de la mujer de 50 años mencionó “dificultad para acceder a las venas, venas reventadas, (el medicamento) pentobarbital en mal estado, ausencia de atención médica de emergencia”.
“Este hecho es el peor que hemos visto y no se parece a ninguna otra ejecución fallida en la era moderna”, declaró Robin Maher, directora de la ONG Centro de Información sobre la Pena de Muerte: “No hay precedentes”.
Ordenan suspender la ejecución
Tras el malogrado ajusticiamiento, el gobernador de Tennessee, Bill Lee, pidió una “revisión global por parte de terceros” del caso de Pike: “Llevar a cabo las sentencias impuestas de forma legal está entre las responsabilidades más importantes del Estado; y el pueblo de Tennessee espera que se haga de manera no solo legal y constitucional, sino también efectiva”. Y pidió una investigación “exhaustiva” de la ejecución fallida, mientras que frenó el resto de las ejecuciones de este año.
La última pena de muerte cumplida de una mujer en EE.UU. fue la de Amber McLaughlin, en 2023 en el Estado de Misuri. Fue también la primera mujer transgénero ejecutada en el país. En el país norteamericano sólo 18 mujeres fueron ejecutadas desde 1976, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte.
La ejecución de Pike debía ser la número 30 desde comienzos de año en Estados Unidos, 16 de ellas tan solo en Florida. Todas se realizaron mediante inyección letal. Un grupo de expertos de la ONU había instado al gobierno de Estados Unidos y a las autoridades de Tennessee a “detener de inmediato” la muerte de Christa y a conmutar su sentencia de muerte.
Por qué se la condenó a muerte
Pike fue acusada hace más de tres décadas por el asesinato de una compañera del programa de capacitación laboral Job Corps, Colleen Slemmer, de 19 años, cometido en enero de 1995. La víctima, que tenía 18 años, había sido golpeada y apuñalada.
Según la investigación del caso, Pike participó del crimen junto a su entonces novio, Tadaryl Shipp, y otra mujer, Shadolla Peterson. El primero fue condenado a prisión perpetua, mientras que la segunda, por colaborar con las autoridades, obtuvo una pena menor. En cambio, Christa fue condenada en 1996 a la pena capital.
Los abogados de la mujer apelaron el fallo al justificar que en ese entonces, la asesina se veía afectada por episodios de abusos físicos y sexuales durante la infancia que derivaron en trastornos psicológicos, entre ellos el trastorno de estrés postraumático. Sostuvieron que esas circunstancias no fueron presentadas adecuadamente al jurado durante la fase de sentencia y que podrían haber influido en la imposición de la pena capital.
No obstante, la suspensión temporal que había conseguido el Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito fue rechazada y levantada, tanto por el gobernador Lee como por la Corte Suprema de EE.UU..