«Antes que aumente la mora, cayó el ingreso». La frase sintetiza las conclusiones de un pormenorizado estudio realizado por los economistas rosarinos del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate): las familias primero consumen sus ahorros y luego se endeudan, para terminar por no poder cumplir con sus compromisos de pago porque el deterioro pronunciado de sus salarios, jubilaciones o remuneraciones de trabajos informales no se recompone. Una bola de nieve.
Los números son claros. De la propia información oficial, y tomando como base 100 las cifras de noviembre de 2023, momento previo a la asunción de Javier Milei como presidente, el salario cayó a 86 en marzo de 2024 y las jubilaciones se contrajeron a 61. Dos años después de ese derrumbe, no volvieron al punto de partida. Allí arranca la secuencia. Primero, para quienes los tenían, la dilapidación de ahorros, luego la toma de deudas cuando se consumieron esas reservas y posteriormente el paso de una deuda sostenible a otra cara con la progresiva incapacidad de pagar las cuotas.
Toda esa saga, indican desde Mate, «arranca acá»: en la pérdida abrupta de poder adquisitivo. No de uno, sino de muchos. Y por eso no es personal, ni un tema entre privados, sino la economía y política. El título del informe lo sintetiza: «No es la gente: es la economía».
Desde qué momento mirar para entender

Los economistas rosarinos reconstruyeron el antecedente del crecimiento de la mora, lo que permite ver sus causas. Por eso, aclaran, se remontaron al inicio de la gestión libertaria para observar la película completa. De lo contrario, explican, las conclusiones son erróneas porque el fenómeno se desconecta de la situación económica. Ese desacople es en el que se apoyan funcionarios para los disparates: que la mora es por irresponsabilidad de quienes compraron a crédito televisores para el Mundial y no los pagaron porque no se consiguió un cuarto título.
Las cifras, siempre procesamiento de información oficial del Banco Central, son alarmantes. 20,9 millones de argentinos tomaron créditos de consumo, y 5,9 millones no los están pagando en tiempo y forma. No se trata de préstamos voluminosos. No es para consumos de lujo, y ni siquiera para acceder a la casa propia. En efecto, 2,4 millones de personas están en mora por deudas de menos de un salario mínimo.
Hoy los deudores en mora suman el 28% de quienes tomaron créditos. Hace apenas dos años, eran la mitad.
La secuencia del deterioro: primero se consumen los ahorros

Entre noviembre de 2023 y marzo de 2024 el salario privado registrado perdió 14 puntos y las jubilaciones casi 40. Son cuatro meses. Después hubo una recuperación parcial que nunca completó el trayecto: dos años más tarde, el privado sigue 9 puntos abajo y las jubilaciones, 24. Lo que se perdió en el arranque no se recuperó.
Ese desfasaje primero se cubrió con los ahorros. Cuando se esfumaron, llegó el crédito. Y siempre, apenas para vivir.
Las personas con un plazo fijo (ahorro) pasaron de 4,8 millones a 2,6 millones en el mismo período. Y no fue una decisión financiera en base a especulación sobre tasas, indica Mate. Eso solo es así para montos grandes, los de quienes escapan a las penurias económicas. «Las personas que desaparecen del sistema de plazos fijos son las de abajo, las que tenían un colchón chico y lo gastaron», concluye el estudio.

El derrotero es claro y explica por qué el endeudamiento masivo fue rezagado respecto del bajón de ingresos. Indica el motivo por el que comenzó en 2025 y no en 2024. En un principio, la caída de los ingresos se absorbió con el dinero guardado. Pero ese «desahorro» dura poco, y cuando no queda más colchón, la única que queda es pedir prestado.
Del crédito sostenible al crédito caro
Los deudores de prestadores no financieros (billeteras virtuales, por ejemplo) pasaron de 7,5 a 11,1 millones entre 2018 y mediados de 2024. Es cierto, esa deriva no comenzó con Milei, pero se aceleró justo cuando se acabó el ahorro quemado para afrontar el deterioro ocasionado por el modelo libertario. Y así, millones de personas se entramparon en el crédito caro.
De hecho, la expansión del crédito no bancario arranca en 2021 y responde al cambio estructural de la irrupción de las billeteras virtuales y el crédito por aplicación. Es un fenómeno paralelo a las gestiones nacionales.
Sin embargo, en el ciclo iniciado a fines de 2023 se produce un aceleramiento que es imputable a las medidas dispuestas por el Gobierno. La curva se acelera exactamente cuando tras la caída violenta del ingreso las familias consumen todos sus ahorros. El crédito no llega para financiar un consumo nuevo: es apenas para sostener el que había. No es para algo puntual, es para lo cotidiano. Y encima, a un precio que más que duplica el de los bancos y condiciona principalmente a personas de bajos recursos.

Una aclaración sobre la curva anterior. El corte de la línea en julio de 2024 no es una caída: es un cambio que remite a qué entidades le informan al Banco Central. Los dos tramos no son comparables entre sí, pero cada uno sí lo es internamente. Y ambos suben.
Créditos no bancarios: de pagar electrodomésticos en cuotas a cubrir otras deudas
Del análisis de Mate surge que las personas en mora pasaron de ser 14 de cada 100 endeudados en julio de 2024 al doble en junio último: 28 de cada cien. Y no se trata de gente que ingresó al sistema: son los mismos de antes.
Otro punto central del trabajo es que no creció el crédito no bancario en su totalidad, sino que lo hizo una parte. Las fintech pasaron de 0,5 a 5,9 millones de deudores mientras las casas de electrodomésticos y las cadenas se achicaban. El crédito de consumo cambió de manos: del mostrador de las cadenas a la aplicación de internet.
Y eso es un quiebre que responde a un clima económico diferente. Durante décadas, recalca el estudio, el crédito de los sectores populares tuvo el perfil del financiamiento en el mostrador de la casa de electrodomésticos, la tarjeta de la cadena regional, la mutual del sindicato. Eso, ahora, está fijo o en retracción.
Lo que aumentó es el préstamo que se pide desde el teléfono, se aprueba en minutos, no exige recibo de sueldo y se otorga sin que medie ninguna conversación. Y si bien eso extendió los préstamos a quienes los bancos se los niegan, la consecuencia es grave.
Dinero cada vez más caro: mora más alta
Un préstamo bancario cuesta 4,1% mensual por encima de la inflación. El de una fintech, 8,9%. Una avalancha: se cubre deuda con nueva deuda, a más del doble de interés y por parte de personas de bajos ingresos. Así, una deuda se duplica en menos de un año.
Hasta 2023, los cinco tipos de créditos se movían más o menos juntos. Pero desde mediados de 2024 los bancos comenzaron a representar un porcentaje menor del total y el resto comenzó a despegar. El crédito se abarató para quien tenía banco y se encareció para quien no.
Y combinando con el poder adquisitivo del deudor, esa diferencia de tasas se convierte en otro mecanismo de distribución regresivo. El que menos tiene paga el doble por la misma plata. Los que perdieron un trabajo registrado no acceden más a los bancos y se financian con las billeteras porque no les queda otra.

Las consecuencias son hasta obvias: la mora en el segmento de banco público en junio último fue del 15% sobre el total de la deuda. la del banco privado, del 17%. Y así escala hasta el 56% del crédito rápido. A eso se suma otro factor regresivo. La mediana (estadísticamente más representativa que el promedio) del monto de deuda por la que se entra en mora es inversamente proporcional. La de los bancos es 1.357.000 pesos y en el otro extremo, la de los créditos rápidos apenas 489.000 pesos.
En resumen: al que menos ingresos tiene le prestan menos y más caro. Una cobertura anticipada del riesgo, un esquema Hood Robin.