¿Sorpresa? El resonante triunfo del panelista y luego diputado Javier Milei en la segunda vuelta presidencial de 2023 obligó a muchos referentes del «campo nacional y popular» a rasgarse las vestiduras o, con el diario del lunes, listar ejemplos externos para atenuar con una suerte de fatalidad global estupor: cómo, profesionales ellos de la política, no detectaron el fenómeno y su magnitud. O por qué silbaron bajito mientras se consolidaba. ¿No la vieron venir o la dejaron correr?
Tal vez el problema central no sea el outsider con sus maneras irreverentes hasta la grosería. Quizás estaba ahí, a mano y en el momento justo, para condensar lo que silenciosamente, o no tanto, estaba madurando desde hace años en los márgenes de la institucionalidad política tradicional. Charlas, conferencias, libros y más libros: preludios de un final anunciado que se cocinaba en redes sociales pero también en clubes, iglesias y hasta escuelas. Y todo eso operando sobre el rechazo creciente de una gran parte de la sociedad a los progresismos de buen discurso que por sus prácticas los terminaron identificando con el «sistema».
Milei es reemplazable, como hoy habilita a pensar la búsqueda de un candidato alternativo para 2027 ante lo que el círculo rojo estima una pérdida de efectividad del personaje, que cae en inestabilidades emocionales con frecuencia creciente. No es dramático: como dijo un técnico en 1997 al hacerse cargo del equipo de Boca Juniors, «la base está».
De su construcción hubo señales. También, investigaciones y trabajo de campo que comenzaron bastante antes de la eclosión. Uno, publicado hace poco, es El libro negro de la nueva derecha. El doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet Ezequiel Saferstein identifica los escenarios –virtuales, físicos, editoriales, intelectuales, en particular culturales– donde levó esa masa que se volvió crítica.
La derecha de la derecha de Cambiemos y dos décadas de maduración
«Sobre el ascenso de la derecha o de esta derecha si se quiere, se puede hablar de un proceso más general que se remonta al proceso político abierto desde la crisis del 2001. No se reduce solamente al ascenso de Milei. Los procesos de crecimiento de las derechas vienen desde 2001«, responde Saferstein a las preguntas de El Ciudadano.
Incluso, destaca, hubo un corrimiento dentro del mismo sistema partidario. «No podemos pensar el ascenso de Milei sin tener en cuenta el de la derecha de la alianza Cambiemos». Y dentro de ella, otro proceso: «Esa derecha de Cambiemos que fue horadada por una derecha más radical, que es la que representa el movimiento de Milei y que está compuesta por distintas fracciones de las derechas argentinas: tanto de la familia liberal conservadora, que es la mayoritaria, como de la nacionalista reaccionaria».
Es (también) la cultura

El lento pero continuo desmembramiento del sistema partidario tradicional, su aislamiento de los «representados» por la reclusión en las «roscas», en las luchas internas por espacios de poder o de gestión, por la dilución de sus nortes ideológicos o por hechos de corrupción, sin embargo, no bastan para explicar la irrupción de lo que se tenía por imposible.
El trabajo de Saferstein hace foco en la tan mentada y poco entendida «batalla cultural«, que consiguió amalgamar procesos diversos en las superestructuras y en la sociedad reflotando incluso trabajos teóricos que, a priori, parecían destinados a dormir en anaqueles cubiertos de telarañas. Ya desde el título, dialoga con una de esas producciones: El libro negro de la nueva izquierda. Lo publicaron en 2016 Agustín Laje y Nicolás Márquez. Ahora referentes de la derecha extrema más allá de las fronteras, hace una década ambos circulaban por editoriales pequeñas, actos de derecha de pobres convocatorias, fundaciones liberales y espacios marginales de internet. Tozudos, persistieron. El resultado está a la vista.
«Me enfoqué en una fracción dentro de estas derechas que es la que conforma, si se quiere, un ecosistema cultural que critica a la derecha más mainstream de Cambiemos como una derecha cobarde», refiere el sociólogo. «Entonces, es una crítica hacia esa centro-derecha y además, hacia las izquierdas y toda forma de progresismo». Cómodos en el sistema, en una polarización que creyeron los beneficiaba, no sospecharon su deriva autoritaria, radicalizada, maniquea.
Letra para la rebeldía de derecha
Saferstein recuerda que Márquez publicó su primer libro en 2004, pero enfatiza que operaba desde mucho antes. «Venía interviniendo en el campo de la llamada memoria completa» sobre la época del Estado terrorista, por caso. «La intervención sobre el tema del revisionismo de la dictadura militar fue uno de los tópicos articuladores de este espacio al que luego se le fue sumando otro muy importante como fue la llamada ideología de género y la crítica a la cuestión del aborto, a la educación sexual integral, el ecologismo y otras dimensiones«.
Que el libertario se pasara tres pueblos con el libreto y desbarrancara con algunos de esos tópicos durante el Foro de Davos, en enero de 2025, es otro cantar. La prédica prendió en vastos sectores sociales. Jóvenes y mujeres, por ejemplo, sea por persuación o por sistematización de sentimientos que ya estaban, difusos y sin palabras que los expresen.
Hubo letra para un descontento que, cita Saferstein en referencia al historiador Pablo Stefanoni, hizo enroque con su esperada cantera ideológica. De hecho, ¿La rebeldía se volvió de derecha? se publicó dos años antes de que Milei llegara a la Casa Rosada.
Si no se trata de factores determinantes por sí mismos, Laje y Márquez son figuras sobresalientes entre quienes preparon el terreno, ofrecieron discurso y un anclaje teórico para convertir un rumor disperso y segmentado, pero extendido, en una opción de poder. «Podemos pensar un proceso que tiene que ver más con el campo político y otro con la escena cultural, que están vinculados, pero donde estas derechas fueron haciendo haciendo pie para crecer«.
Para el autor del Libro negro de la nueva derecha, en 2019 «se sella la alianza con Milei a partir de un evento grande en Buenos Aires». Se refiere a Márquez y Laje. Un hito, pero que reconoce historia: «Los vínculos, los intercambios y los encuentros previos a grandes eventos ya venían desarrollándose y eso permitió articular la causa liberal-libertaria en el plano económico con la más conservadora en el plano cultural».
De abajo hacia arriba y de la periferia al centro

«Los procesos políticos no pueden explicarse meramente desde arriba hacia abajo, aun cuando haya figuras como Milei que son muy determinantes para la dirección o para la construcción de un espacio«, resume Saferstein.
«Claramente Milei vino a representar malestares, la posibilidad de un horizonte de futuro en relación con la estabilización económica, la articulación de las diferentes tendencias de las derechas con una alianza presidencial también atractiva para las diversas familias, con Victoria Villarruel, más allá de que se haya quebrado al poco tiempo de haber iniciado el gobierno», concede el sociólogo. Pero se enfoca en el sustrato en que se asienta ese experimento.
No se enfrascó en el posiblemente sobredimensionado efecto de las redes sociales, ni en el esperable financiamiento del stablishment una vez que detectaron a «su» candidato. Hurgó en los libros, las editoriales, las presentaciones públicas, los festivales, los espacios de formación y las comunidades de lectores que, desde los márgenes, alimentaron el fenómeno libertario hasta depositarlo en el poder institucional.
Saferstein hizo ingeniería inversa. Indagó en los rudimentarios orígenes. Volvió, por ejemplo, sobre Unión Editorial, un sello liberal-libertario, y Hojas del Sur, una editoria nacida en el rubro de la autoayuda que se reconvirtió en plataforma del mileísmo y sus vecindades. Nadie, en su momento, lo registró.
Los jóvenes desencantados, ¿a la derecha?

La tarea, también, fue de campo. Asistió a las reuniones, charlas, festivales y conferencias iniciales en las que ni siquiera se esbozaba el sello La Libertad Avanza. Allí, el descubrimiento: la asistencia de jóvenes, que sorprendía incluso a los propios organizadores. Lo que esperaban eran personas mayores, integrantes o nostálgicos de los espacios tradicionales de la derecha.
«Lo que fuimos encontrando en este proceso es algo similar a lo que encontró también (el antropólogo y sociólogo) Pablo Semán en el mileísmo social a partir de estas ideas del mejorismo. El proceso de cómo los jóvenes mejoristas que encontraron en Milei una referencia o una forma de canalizar un malestar que tiene que ver con años de desestructuración económica, de problemas en la conformación de proyectos de vida, en la inflación…».
En suma, hubo una canalización de ese temperamento juvenil crítico con el Estado, la política tradicional y la economía impulsado principalmente por las vivencias de la generación que atravesó las restricciones y la crisis socioeconómica de la pandemia, lo que Semán bautiza como el «triple fracking pandémico».
Nosotros y ellos, incompatibles, y la conversación pública erosionada

La producción editorial de Laje y Márquez es central en el libro de Saferstein para describir ese «huevo de la serpiente». Con sus diferencias: «La de Márquez es mucho más bélica, la de Laje un poco más erudita y menos dicotómica».
«En definitiva, proponen una visión sintética y de alguna manera simplificada para pensar esta batalla cultural como el enfrentamiento entre dos grandes bandos, la derecha versus el progresismo, o la izquierda, o lo woke. El adversario o, me atrevo a decir, el enemigo, va cambiando de nombre pero en definitiva permite construir un sentido dicotómico en la conntienda política». insiste el sociólogo. Es cierto, las redes sociales son plataforma ideal para ese tipo de intercambios maniqueos. Lo que el Libro negro… pone en entredicho es si nacieron allí o esos espacios virtuales solo los potenciaron.
«Esta llamada batalla cultural se construye también en términos morales, es el bien versus el mal. Por eso la idea de los argentinos de bien versus los kukas, progresistas, izquierdistas, zurdos, que vendrían o vendríamos a ser el mal», agrega esa otra dimensión que obtura, por la descalificación, los intentos de una conversación apoyada en argumentos. El efecto contagio de esa estructura discursiva es evidente: no solo la utiliza Milei y los libertarios sino que se plegaron a ella dirigentes de otros espacios.
Y de nuevo, señala Saferstein, no es tan simple. «Esto está abordado no solamente en un tuit que pueda decir ustedes son mis enemigos y no merecen ser ciudadanos, sino también en trayectorias, teorías, conceptualizaciones, tradiciones filosóficas, de las ideas políticas trabajan en este sentido».
Esa complejidad, sigue, es la que hace posible la deconstrucción de un ideario social que aparecía como un consenso democrático más o menos sólido. «La justificación de las jerarquizaciones al interior de una sociedad, de la exclusión, la oda a la desigualdad» que se expanden en una sociedad bien entrado el siglo XXI, no provienen «solo de una una provocación», insiste. El escenario, insinúa, es más preocupante. «No lo podemos pensar en términos de reducción a malos o buenos, sino en visiones del mundo que están así, construidas».
Presentación en Rosario
Saferstein adelantó que presentará su último libro en Rosario durante el Congreso sobre democracia que organiza la Universidad Nacional de Rosario. Será el próximo 2 de noviembre a las 13.