El Gulfstream G600 con matrícula N318AG, valuado en más de 60 millones de dólares y registrado por una firma del paraíso fiscal de Delaware, estuvo demorado desde el 29 al 31 de marzo por dudas sobre sus itinerarios. Este jueves, se oficializó un sintomático cese de funciones en la Dirección Regional Aduanera Hidrovía, que investigó la aeronave utilizada por poderosos magnates
El jet privado de alta gama que permanecía retenido desde el pasado domingo 29 de marzo en el aeropuerto santafesino de Sauce Viejo por un historial sospechoso de vuelos fue liberado dos días después, pero generó movimientos políticos. Las circunstancias del aterrizaje en la provincia, precedidas por los extraños y numerosos vuelos de la aeronave durante la semana previa, coinciden con la eyección, este jueves, de un jerárquico de Aduana con funciones en Santa Fe.
El martes 31 de abril, el Gulfstream G600 con matrícula N318AG fue autorizado a despegar del aeropuerto ubicado a 17 km al suroeste de la ciudad de Santa Fe, a la vera de la Ruta Nacional 11 y de la Autopista Rosario-Santa Fe.
La aeronave es un jet de largo alcance (autonomía mayor de 12 mil kilómetros) con capacidad para 19 pasajeros y lujos de última generación. Sus modelos más recientes cuestan alrededor de 64 millones de dólares y alcanzan una velocidad de alrededor de 900 km/h.
La matrícula del aparato que aterrizó en Santa Fe indica que fue fabricado en 2021 y que está registrado en Estados Unidos a nombre de CSC Delaware Trust Co Trustee. Es una firma con sede en Wilmington, la principal ciudad del estado considerado paraíso fiscal, que se especializa en fideicomisos estatutarios, vehículos de propósito especial, fideicomisos de aeronaves y transacciones en los mercados de capitales.
El Gulfstream G600 llegó a Santa Fe proveniente de Ezeiza. Y cuando el piloto, de nacionalidad chilena, solicitó autorización para un vuelo internacional con destino a los Estados Unidos se encendieron las alarmas. Tras una investigación conjunta de la Aduana, el Senasa y Migraciones, quedó retenido.
Según registros de la plataforma FlightRadar24, el avión ingresó al país vía Córdoba, sin pasajeros, para después realizar vuelos internos transportando extranjeros que no figuraban en el ingreso original de la aeronave.
La sospecha saltó enseguida: ¿podría estar operando en el país bajo la modalidad de taxi aéreo de forma encubierta? O más grave: ¿formaría parte de alguna red narco?
Finalmente, la versión del piloto fue aceptada y se autorizó su salida del país. El hombre declaró que la aeronave realizaba vuelos privados por Argentina y realizaba conexiones internacionales con Perú, Estados Unidos y Canadá.
Los registros públicos de seguimiento aéreo indican que el avión voló el 25 de marzo desde Salta a Toronto (Canadá) y luego a Teterboro (Nueva York), regresando el 26 de marzo vía Lima (Perú) hacia Córdoba.
Luego cumplió con una serie de vuelos dentro de Argentina. Todos el 29 de marzo. De Córdoba a Santa Fe, desde Sauce Viejo a Buenos Aires. Nuevamente a Santa Fe y otra vez a Buenos Aires. El domingo a las 21.36 tocó la pista de Sauce Viejo y entonces quedó demorado.
Este viernes, el rastreo de la aeronave no estaba disponible en las plataformas por «pedido del operador».
El martes 31, el jet fue autorizado a despegar. Y hubo nuevas zonas grises. Levantó vuelo desde Sauce Viejo a las 14.30, pero no con rumbo a Estados Unidos como había declarado el piloto, sino a Chile.
Este jueves 9 de abril, el Boletín Oficial publicó la finalización de funciones de Ludovico Hernán López Meyer como Administrador Interino de la Aduana de Santa Fe, que intervino en la secuencia.
Esa resolución de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) remite el alejamiento a una «reorganización interna» y a «discrecionalidad de la función». Pero está ligado temporalmente al episodio de Sauce Viejo según los corrillos en el mundo aeronáutico.
La resolución aclara que López Meyer mantiene su estabilidad como agente de planta permanente, pero pierde el cargo jerárquico que desempeñaba en la Dirección Regional Aduanera Hidrovía.
El lujoso jet despegó, y lo mismo las sospechas por el rigor de los controles estatales cuando están involucrados personajes o empresas de gran poder económico.
El Gulfstream con matrícula N318AG tiene antecedentes de servir a los poderosos globales.
En octubre del año pasado, el foro de JP Morgan realizado en Buenos Aires generó un despliegue histórico en Ezeiza. Al menos 18 jets privados de figuras globales quedaron estacionados en el aeropuerto internacional como símbolo de la relevancia de los participante que llegaron en esas aeronaves. Una escena que no se vio incluso para la cumbre G20.
Esa cumbre del mayor grupo financiero de Estados Unidos tuvo como protagonista al CEO Jamie Dimon, que lideró reuniones cerradas con el presidente Javier Milei y empresarios locales.
Uno de los aviones privados que llegaron a Ezeiza para el foro fue, precisamente, el que estuvo demorado en Sauce Viejo.
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