El Niño alcanzó por primera vez una anomalía semanal de +2 °C en la región Niño 3.4 durante el episodio 2026-2027, según los datos de la NOAA publicados el 14 de septiembre.
El registro ubica al fenómeno en el umbral asociado a una intensidad muy fuerte, aunque todavía no permite confirmar oficialmente esa categoría, porque la intensidad de El Niño se determina mediante un promedio trimestral.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que el fenómeno continúe fortaleciéndose durante los próximos meses. El organismo estima una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte y señala que podría persistir hasta febrero de 2027, con un pico hacia el final de 2026.
El calentamiento del Pacífico ecuatorial central y oriental ya presenta valores excepcionales. Entre fines de julio y mediados de agosto, la OMM registró anomalías semanales de entre +2,2 °C y +2,6 °C en el índice Niño 3.4. Bajo la superficie, algunas zonas del océano superaron en más de 8 °C sus valores habituales.
Intensidad en aumento
El índice Niño 3.4 mide la temperatura superficial del mar en una región del Pacífico ecuatorial central. La NOAA utiliza este indicador para seguir la evolución de El Niño.
El episodio actual resulta difícil de comparar directamente con eventos anteriores. Los efectos de El Niño varían según la zona del Pacífico donde se concentra el calentamiento y según las condiciones climáticas globales.
Por otra parte, la medición de +2 °C corresponde a una semana, por lo que no alcanza por sí sola para clasificar oficialmente al episodio como muy fuerte. El promedio trimestral será el que determine la categoría de intensidad.
El dato, sin embargo, muestra que el calentamiento del Pacífico continúa en aumento. Los modelos climáticos anticipan una anomalía máxima superior a +3 °C entre octubre y noviembre, aunque ese escenario todavía pertenece al terreno de los pronósticos.
El caso de Argentina
En Argentina, la señal asociada con El Niño resulta más marcada en el Litoral y el NEA, donde aumenta la probabilidad de precipitaciones superiores a la media durante los próximos meses.
Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa concentran la señal más definida. Una mayor cantidad de lluvias puede favorecer crecidas de ríos y arroyos y anegamientos en zonas bajas.
El fenómeno no permite anticipar una inundación determinada. El Niño modifica las probabilidades de fondo, pero no establece de antemano qué ocurrirá en cada localidad.
El Paraná y el Uruguay tampoco responden de la misma manera. El Uruguay puede presentar crecidas rápidas, mientras que el Paraná suele registrar aumentos más lentos y extensos.
Los antecedentes argentinos muestran además que las grandes crecidas no dependen exclusivamente de El Niño. La crecida del Paraná de 2014 ocurrió durante una fase neutral del ENOS, por lo que no todas las inundaciones importantes pueden atribuirse al fenómeno.
A nivel nacional, el principal factor de vigilancia será la posible mayor frecuencia o intensidad de tormentas, lluvias abundantes y vientos fuertes durante la temporada de tiempo severo.
La intensidad prevista para El Niño aumenta la probabilidad de determinados impactos, pero no garantiza inundaciones ni lluvias superiores a lo normal en todas las regiones.