Hay registros fotográficos que en la ciudad, en donde- hoy - calle Rioja entre Dorrego e Italia estaba el frondoso ejemplar. Se taló en 1902 por el avance de la ciudad y la necesidad de expansión de calles y veredas ¿Se escuchaban los lamentos?
Fuente: Caras y caretas 1902
Es difícil imaginar la ciudad tal como era hace 160 años. Poco queda de aquellas calles y muchos de sus paisajes desaparecieron. Otros se pueden inferir por algunos registros fotográficos y relatos. Es el caso del “ombú de las ánimas”, de funesto trasfondo. Federico Dunger, creador del contenido Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo, habló sobre una historia poco conocida que se apoya precisamente en imágenes y testimonios que les aportan sentido a la real existencia de ese árbol ubicado en lo que hoy es calle Rioja entre Dorrego e Italia.
El ejemplar ya no existe pero hay fotos en los que se distingue entre otras estructuras edilicias difíciles de reconocer. Según la leyenda, data de 1850. Para contextualizar: en 1852, Rosario fue declara ciudad y el ombú referido estaba a una cuadra de lo que fue la primera plaza de toros de la ciudad.
Rosario no llegaba a los 1500 habitantes en 1830. Las construcciones entonces estaban emplazadas en la zona delimitada por el río Paraná y las actuales calle Maipú y 3 de Febrero. Fuera de ese radio, solo quintas. En esos años estaba la Laguna de Sánchez, ubicada en el predio de la actual Plaza Sarmiento y que en épocas lluviosas crecía hasta la calle Rioja abarcando unas siete hectáreas.
En los años que del ombú en pie, en la zona funcionaba el Palacio de Justicia, construido entre 1888 y 1890 y sede de los tribunales provinciales hasta 1960. El inmueble es el mismo, modificado y restaurado, de la Facultad de Derecho de la UNR.
Federico Dunger explicó que durante las primeras décadas del siglo XVIII, en Rosario había pena de muerte y no eran raras las ejecuciones de personas acusadas de ser peligrosos delincuentes o desertores.
El ombú fue utilizado como una suerte de paredón para esos fusilamientos, con las víctimas de la condena atadas a su grueso tronco. De todos modos, ya no está. Sus raíces del comenzaron a invadir veredas y calles y durante la intendencia de Luis Lamas, en 1902, terminó talado.
“La versión extraoficial de esta tala, en cambio, la adjudca a otra cosa. Los vecinos del lugar se quejaban de los lamentos y llantos que provenían del gran árbol. Eran las almas de los desdichados que extendían su dolor y la leyenda adjudica a los vecinos, por ese motivo, el nombre de ombú de las ánimas”, contrapone Dunger. Y señala, siempre sobre esos relatos, que los lamentos de los desdichados ejecutados se escucharon hasta décadas después de que el árbol fuera derrumbado.
Dunger señaló que el primer fusilamiento registrado en la ciudad fue en 1827 en la Plaza 25 de Mayo. El ajusticiado fue un portugués al que habían acusado de asesinar a un vecino. Hubo otros en la plaza del antiguo mercado sur, hoy plaza Montenegro. Y allí, dejaban colgados los cuerpos en los árboles “para que aquellos que tengan intenciones de cometer algún delito, lo piensen dos veces”, sostuvo el historiador.
Antes de la mitad del siglo desaparece esta forma extrema de entender una forma de justicia basada en el crimen legal.
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