La historia de la familia Di Santo en el comercio lleva muchos años en la ciudad: la cultura del trabajo de la inmigración italiana, la expansión mayorista a escala regional y la fundación de Micropack, un gigante que funcionó durante 73 años y que revolucionó la venta masiva en los años 90 con un concepto innovador de autoservicio. Tras haber cerrado ordenadamente las persianas de la empresa familiar, Luciano Di Santo, ex presidente de la firma y contador público, encabeza ahora una ambiciosa reconversión comercial.

Apoyado en la sólida relación de confianza construida durante tres décadas con la comunidad china local y nacional, Di Santo proyecta la creación del Barrio Chino en Rosario. Un polo que combinará gastronomía, turismo, comercio, servicios de bienestar y entretenimiento. Si bien no hay una ubicación definida, podría apuntar al corazón del área central de la ciudad.
Un legado de 73 años y la raíz del vínculo comercial
Para entender la gestación del proyecto del Barrio Chino, Di Santo destaca que es imprescindible remitirse a los orígenes familiares y a la evolución de Micropack, iniciada por su abuela y su padre, Lucio Di Santo, tras llegar desde Italia.

«Llevamos en la sangre la cultura del trabajo italiana. Apostar todo en la reinversión, tomar riesgos e innovar con humildad. Mi abuela empezó con un almacén en barrio Ludueña en los años 50. Luego mi abuelo y mi padre hicieron distribución en toda la provincia; mi abuelo manejaba el camión y mi padre, Lucio, con 15 o 16 años, iba a vender en colectivo por toda la provincia. En el ´94 abre el Micropack de avenida Avellaneda. El nombre sale de hacer un pequeño pack para que el comerciante pudiera surtir sus góndolas a menor precio sin tener que comprar la caja entera», contó Di Santo.
“También trabajé con mi madre, los dos de barrio Ludueña que tuvo gomería y primer taller de gas en la ciudad. Tuvieron vidas comerciales separadas con mi padre”, recordó y añadió que tiene un hermano que también se recibió de contador y trabajaron juntos.
Fue precisamente desde la década del 90 cuando se forjó la alianza estratégica con la colectividad asiática: «El 60 ó 70 por ciento de nuestros clientes eran comerciantes chinos. Con ellos construimos una relación basada en la transparencia, el respeto y el cumplimiento estricto de la palabra. En esa comunidad, la confianza es la palabra clave; si se rompe, no hay vuelta atrás», señaló sus comienzos de relación con los otros empresarios.
El fin de un ciclo y la irrupción de Todo Chen
El cambio en los patrones de consumo y el desgaste propio de una estructura masiva llevaron a la familia a tomar la decisión estratégica de cerrar las operaciones de Micropack de manera ordenada, vendiendo sucursales a cadenas locales como Dar o Supermercado Ebe y transfiriendo sus predios principales a empresarios orientales.
Allí se produjo el desembarco de Todo Chen en febrero de 2026 en los imponentes inmuebles de calle Arijón y de avenida Avellaneda, predios que suman 10.000 metros cuadrados de terreno y más de 6.000 construidos.
«Nos tocó cerrar una empresa de 73 años y podíamos habernos quedado en la queja, pero vimos que con nuestros inmuebles otra gente podía generar un mejor rédito para la sociedad. En lugar de sostener un modelo que estaba agotado, nos retiramos de manera ordenada: indemnizamos a todo el personal y muchos empleados con 30 años de antigüedad fueron absorbidos por Todo Chen, que incluso duplicó la planta de trabajadores», aclaró el empresario.

«Nosotros teníamos 7.000 productos y ellos pasaron a tener 25.000; hoy ir a Todo Chen es un espectáculo. Se armó una relación social que excede lo comercial. Nos dimos cuenta de que la cultura del trabajo italiana y la china son muy parecidas, casi hermanas», explicó sobre la transición.
El proyecto del Barrio Chino: cinco ejes para reactivar el mercado rosarino
Fue durante la venta de las últimas superficies comerciales a grupos inversores asiáticos cuando tomó forma la propuesta de armar un Barrio Chino en Rosario. Di Santo, junto a su equipo y su hermano, con quien comparte la profesión de contador y la maestría en administración de empresas en el IAE, aceptó el desafío de impulsar la iniciativa a través de la figura de un fideicomiso.
«Cuando íbamos a cerrar las operaciones, el grupo inversor nos decía: ‘La idea del Barrio Chino es muy buena, lo tienen que hacer ustedes’. Tienen una velocidad de trabajo tremenda, nos empujaron a concretarlo. Tiramos la noticia para medir la reacción de la gente y la respuesta de la sociedad rosarina lo superó todo por completo», confiesa Di Santo.

La idea del proyecto se basa en cinco puntos: en cuanto el turismo proyecta la instalación del tradicional arco de acceso traído desde China. Por la parte del entretenimiento proponen un entorno urbano dinámico con iluminación decorativa y paseos. “Se genera un ambiente”, sostuvo.
La gastronomía que será el motor principal con locales de comida rápida al paso, repostería oriental y restaurantes.
Y que haya un supermercado propiamente chino “con todos productos chinos que es algo que en la ciudad no hay”.
Y como plus brindar servicios y bienestar con la incorporación de estacionamientos y un concepto integral de spa tradicional chino como masajes, saunas, manicuría y espacios de relajación.
«Apuntamos al concepto del lujo accesible que viene de la cultura china, algo que no solo se ve en la gastronomía o en los productos masivos, sino también en la industria automotriz con marcas como BYD o GAC. El rosarino consume cada vez más cultura y gastronomía oriental», analizó.
Negociaciones urbanas y la urgencia de revalorizar el centro
Actualmente, las gestiones avanzan en la consolidación del fideicomiso, el diálogo con locatarios gastronómicos y comerciales, y la búsqueda de la locación definitiva.
«En los papeles el proyecto está en un 90%. Tenemos a la sociedad a favor, tenemos a los grupos inversores y tenemos a los operadores gastronómicos, de supermercados y de servicios. Lo único que nos falta acordar son los locales. Queremos hacerlo en el centro porque hay que levantar la zona. Hay locales que están vacíos hace cinco o siete años porque no hay movimiento comercial. No queremos que los propietarios pretendan cobrar locuras; si no nos dan los números, nos iremos a otra zona, aunque nos daría mucha pena irnos del centro», advirtió el impulsor del proyecto.
Respecto al rol de las instituciones públicas y los permisos municipales, Di Santo remarcó el carácter privado del emprendimiento: «Esto es una propuesta entre privados para salir de la queja y pasar a la acción. No le fuimos a pedir nada al Estado. Queremos abrir los primeros 20 locales, generar movimiento nocturno y consumo. Una vez que el Barrio Chino esté funcionando y consolidado, le pediremos a la Municipalidad que lo declare de interés cultural, poner las luces y realizar los trámites para traer el arco desde China. Queremos aportarle valor a la ciudad», concluyó.