Rosario, sábado 24 de octubre de 2026
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Rosario, sábado 24 de octubre de 2026

El viaje que debió ser recuerdo y terminó en tormento: crueldad, difusión de imágenes e indignación tras el caso Bariloche

Lo que debía representar el broche de oro de una etapa escolar se transformó en una pesadilla nacional. El escalofriante testimonio grabado por una de las agresoras expuso la naturalización de la violencia entre adolescentes, mientras la Justicia catamarqueña investiga dos causas que involucran difusiones íntimas y hostigamiento
El viaje que debió ser recuerdo y terminó en tormento: crueldad, difusión de imágenes e indignación tras el caso Bariloche

El viaje de egresados a San Carlos de Bariloche es, por tradición, el cierre de una etapa trascendental, el recuerdo compartido por toda una camada y la postal que se guarda para siempre. Sin embargo, para una adolescente de 17 años, esa experiencia se convirtió en una pesadilla que hoy conmociona al país entero. Lo que genera mayor indignación no es únicamente la agresión sufrida, sino la impunidad y la desenvoltura con la que se relata: quien lo narra a cámara es una de las propia participantes del episodio, quien repasa el sufrimiento de su compañera entre risas, abordando el hecho como si fuera una anécdota graciosa.

El material no fue difundido por una víctima en busca de auxilio ni por un testigo angustiado. Lo grabó una joven que formó parte de la agresión y que rememora la secuencia con absoluta naturalidad. Frente al lente, la alumna reconoce que cruzaron un límite, pero la admisión carece de peso: en la misma frase en la que admite la falta, vuelve a insultar a la joven agredida.

Durante el viaje, un grupo de alumnas rodeó a la adolescente en medio de una actividad colectiva y la increpó públicamente. Hubo burlas dirigidas a su aspecto físico y a su cabello, acompañadas por alusiones directas a un video de contenido sexual. Este material íntimo, que se presume pertenecía a la víctima, ya habría circulado previamente entre sus compañeros de colegio. Así, a una joven que ya venía impactada por la vulneración de su privacidad, la volvieron a exponer cara a cara en un espacio que debía ser de celebración compartida.

En la grabación, la autora utiliza la frase «nos fuimos medio al choto» para calificar el accionar del grupo, pero el atisbo de reflexión se desvanece de inmediato para dar paso a nuevos agravios. Según su propio testimonio, la víctima rompió en llanto y rogó que se detuvieran. La agresión escaló a tal punto que otros compañeros debieron intervenir a gritos para frenar al grupo atacante, que no mostraba intenciones de cesar por iniciativa propia.

Posteriormente, los coordinadores del viaje mantuvieron una reunión en la habitación de la alumna agredida. Durante ese encuentro, la madre de otra estudiante sugirió que la joven padecía un «brote psicótico». Ese tramo del relato adquiere un matiz sumamente perturbador, ya que la egresada que graba el video alude a dicho estado emocional entre carcajadas. Tras pedir disculpas superficiales a quienes enfrentan problemas de salud mental, la joven admite sin rodeos que se encontraba «tentada» y que le producía satisfacción el malestar de su compañera. Frente a una adolescente sumida en una crisis, la respuesta fue la diversión abierta, dejando al descubierto la ineficacia de años de campañas de concientización contra el acoso escolar al momento de frenar la violencia y su posterior registro audiovisual.

El video, ideado originalmente para el círculo reducido de la función «mejores amigos» en redes sociales con el fin de compartir la complicidad del hecho, terminó filtrándose y cobró difusión nacional, exponiendo la situación ante la opinión pública.

El episodio vivido en el Sur no constituye un hecho aislado. Según se consignó en las actuaciones, la adolescente ya enfrentaba situaciones de maltrato sistemático en el ámbito escolar antes de emprender el viaje. Se investiga si tres estudiantes ingresaron sin autorización al teléfono celular de la víctima para sustraer material íntimo que luego hicieron circular entre el alumnado, el mismo al que se hizo referencia durante el ataque verbal en Bariloche. Dos de los jóvenes que integraron la delegación fueron denunciados por dicho accionar.

La situación derivó en la apertura de dos expedientes judiciales independientes en la provincia de Catamarca. La primera causa, radicada en la Fiscalía Penal Juvenil a cargo del fiscal Guillermo Narváez, tiene a tres adolescentes imputados por la presunta producción y difusión de imágenes íntimas de una menor de edad. Si bien las defensas formularon planteos de nulidad que fueron desestimados en primera instancia, las representaciones legales han apelado la decisión. Marcos Gandini, abogado defensor de uno de los involucrados, sostuvo que no se encuentra acreditada la recepción ni la distribución del material por parte de su asistido, argumento que forma parte de la estrategia defensiva.

Por otra parte, la fiscal Paola González Pinto encabeza un segundo expediente enfocado en las conductas de hostigamiento, incluyendo los hechos denunciados durante la estadía en Bariloche. La investigación busca determinar la responsabilidad individual de la joven que aparece en la grabación, la eventual participación de otros estudiantes y la existencia de un daño psicológico con entidad penal en la víctima. Aunque el acoso o bullying no figura como un delito autónomo en el Código Penal argentino, las conductas asociadas pueden ser sancionadas si encuadran en figuras delictivas existentes.

En el ámbito institucional, el Ministerio de Educación y Trabajo de Catamarca tomó intervención y requirió al establecimiento educativo un informe detallado sobre lo acontecido y las medidas adoptadas, además de la implementación de un plan de protección y continuidad pedagógica para los alumnos involucrados. Esta actuación administrativa evalúa el rol de la institución y la preservación del estudiantado, de manera independiente a las resoluciones que adopte la Justicia penal.

El caso mantiene un alto nivel de repercusión en plataformas digitales, donde el debate abarca las responsabilidades de los adultos acompañantes, las escuelas y las empresas organizadoras de viajes de egresados. La difusión del video transformó la pieza en un testimonio sobre la naturalización de la crueldad en entornos juveniles, reabriendo la discusión sobre la convivencia escolar y la tutela de los menores en traslados estudiantiles.