Por Isabella Bollini, Joaquín Chirino y Paula Gallo
La coyuntura actual que atraviesa la Argentina se caracteriza por la dificultad del acceso a la formalidad del empleo. Particularmente en los barrios populares, esta problemática se profundiza. ¿Es el trabajo en blanco un sueño que se volvió imposible? Para conocer el verdadero trasfondo, hay que escuchar a quienes son parte de la toma de decisiones acerca de la problemática y a aquellos que se ven directamente afectados por las mismas.
La tasa de informalidad en el país se ubica en el 45% de los empleados en los aglomerados urbanos, según los datos del segundo trimestre de 2026 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Raquel “Kelly” Olmos, dirigente del Partido Justicialista, ex ministra y economista, define al trabajo no registrado como “trabajo sin derechos”. Destaca la figura de la patronal como la entidad que “tiene capacidad de acumulación de ganancia y cuya presencia se intenta diluir en esta coyuntura, naturalizando la explotación del trabajo”. Al respecto, Nicolás Greco, economista y director de Talento y Cultura de Techo, resalta que la informalidad es una característica típica de las economías latinoamericanas y que su explicación se relaciona con que, en Argentina, hay productividad alta en materias primas, un mercado que “no necesita tanto trabajo”, y menos productividad en manufactura, donde “se absorbe más mano de obra”.
Especialmente en los barrios populares, las barreras de acceso al empleo formal son múltiples. La ex ministra de Trabajo, Empleo y Seguridad Social explica: “Cuando cualquiera de nosotros se queda sin ocupación tiene un sistema de relaciones al que acudir, mientras que la gente más pobre carece de ese sistema de relaciones”. La falta de conocimiento para entender cómo buscar empleo es, para Tomás Leone, fundador de la institución de formación en oficios de la construcción Academia Unidos, uno de los primeros obstáculos para los chicos del barrio.
“No saben armar el currículum ni en qué portales depositarlo, a la hora de dar una entrevista tampoco saben cómo presentarse ni cuál es el objetivo de la misma”, argumenta Tomás. Asimismo, Araceli Ledesma, representante de la Mesa Nacional de Barrios Populares, coincide con esta perspectiva: “Hay una diferencia entre aquel profesional que se preparó y tuvo acceso a la educación, y aquel que no”. Indica que las personas “más vulnerables suelen tener vergüenza” tanto de pedir que se les haga un currículum como de buscar trabajo, “por miedo a ser rechazados por su aspecto físico o su manera de vestir”.
Araceli también plantea que no da lo mismo cuando una persona puede estudiar con los derechos básicos garantizados: “¿Quién se concentra cuando tiene frío o tiene hambre?”. En ese sentido, expresa que muchos quisieran estar estudiando a los dieciocho años, pero no alcanza el mango y tienen que salir a trabajar. Por su parte, Isaías Ponce, adolescente de un barrio de la periferia de Rosario, encuentra que las dos dificultades principales para conseguir un trabajo en blanco son “terminar la escuela y ser menor”. Ante esta urgencia, Olmos sostiene que la prioridad es que las familias tengan un sustento digno “para comprar el pan”.
En esta línea, Leone plantea que los espacios de formación que ofrecen matrícula o certificación profesional para jóvenes en barrios populares, “son casi inexistentes”, explicando que la mayoría del empleo que se suele mover en estos territorios suele ser “trabajo que se transmite de boca en boca, usualmente informal y precarizado”.
Ramona Aquino, vecina del barrio Villa Oculta de Rosario, manifiesta que el trabajo en blanco es imposible en el barrio. “Acá vienen a parar los que no tienen”, afirma, destacando al cirujeo y a la albañilería como las principales fuentes de ingreso: “Acá hay cirujanos y changas, nada más”.
Las limitaciones tecnológicas también son un factor determinante. “Hay un cambio tecnológico tan brutal a nivel planetario que la forma de trabajar cambia todo todos los días”, afirma Walter Castro, vicepresidente de la Fundación Libertad. La actualización constante es presentada como un desafío para Ledesma quien, como referente barrial, puede detectar la falta de herramientas ante un mundo que es “todo vía internet e inteligencia artificial”.

A nivel provincial, Paolo Nicolini, director del programa Germinando, iniciativa gubernamental para facilitar la inserción laboral de personas que, entre otros casos, han tenido conflicto con la ley, destaca que haber estado preso, es una cuestión que implica una marca significativa.. El director de la Academia Unidos enfatiza que, en el rubro de la construcción, “siempre piden antecedentes penales, lo que es un gran desafío para el proceso de reinserción laboral de la población que acompaña la institución”.
“Además de la dificultad del acceso existe una dificultad en el sostenimiento”, remarca Nicolini, denotando que una vez que se obtiene un empleo, que es casi siempre en negro, cuesta mucho mantenerlo. Leone explica que en los barrios existe una cultura del trabajo distinta: “A los chicos les cuesta muchísimo amoldarse a las dinámicas laborales formales, el famoso de nueve a cinco”. Desde su punto de vista, esto no solo sucede por la falta de escolarización, sino porque “están acostumbrados a trabajar en changas de manera más informal y siempre en base a la supervivencia”. Según lo planteado por los mismos trabajadores, se trabaja “para ir y volver del trabajo, y para comer”.
Por último, otra barrera se relaciona con el exceso de requisitos para postularse. El director de Germinando sostiene que “aparece un cuello de botella cuando en las ofertas laborales se pide demasiada capacitación o trayectoria a jóvenes que solo han pasado por laburos simples e informales”. “A pibes que terminaron con suerte la secundaria, se les pide experiencia” opina Ledesma, quien considera este accionar un “error gravísimo” y plantea la necesidad de que se produzca una transición.
Walter Castro ilustra lo que para él explica la informalidad a través de la dinámica entre un empleado que demanda la protección de sus derechos por su trayectoria en el trabajo y un empleador que no puede “pagar ese derecho sin fundirse”.Con ese cruce imaginario se refleja lo que sostiene como un divorcio entre lo que la ley organiza y lo que la realidad demanda.
Desde su perspectiva, lo que la empresa paga por contratar es muy alto y lo que recibe el trabajador es muy bajo, por lo que en algunos escenarios, ambos “optan irremediablemente por la informalidad”. A eso se le suma la distancia entre la productividad de una persona y lo que fija el convenio colectivo, y el peso impositivo sobre comercios que, para sostener el trabajo, terminan por inclinarse a “vender en negro”. También profundiza esta visión argumentando que, cuando las leyes laborales resultan incumplibles, se presiona a la población a la informalidad. El economista declara que el mercado informal es un mercado que funciona y continúa remarcando que la verdadera pregunta que debemos hacernos es por qué la gente se va por fuera de la ley, a la cual le atribuye la explicación de un mercado laboral argentino “que no anda bien”.
Greco reconoce que la carga impositiva en torno al trabajo “a veces termina siendo un incentivo a la informalidad”, tanto para quien contrata como para quien es contratado. Sin embargo, advierte que para remediarlo no se trata de repetir consignas, y explica: “Algunos impuestos hay que subirlos, otros bajarlos y otros rediseñarlos”. A su vez, agrega que la ausencia de control pesa tanto como la tributación y que hay sectores donde la informalidad está naturalizada y donde “no hay interés político de resolverlo”.
Olmos, por su parte, discute que el origen esté en el costo de contratar. En cambio, explica la informalidad como el reflejo de un aparato productivo debilitado, donde las políticas neoliberales fueron “degradando la estructura productiva” y empujando a los trabajadores hacia posiciones de mayor precariedad o de subsistencia. En cuanto a la idea de que flexibilizar permite crear más trabajo, asegura que “las leyes laborales no crean ni destruyen trabajo, impactan en la distribución del ingreso”, y concluye: “Lo que crea trabajo formal es la política económica”.
Extendiendo la discusión al modelo económico en su conjunto, Nicolini fundamenta que Argentina necesita recuperar el consumo y el mercado interno para generar puestos de trabajo y que el Estado debe tomar en ciertos sectores “una posición más directriz”. En sintonía, la economista justicialista reclama una industrialización que cree valor, y describe una economía fracturada en dos, ubicando por un lado a un sector extractivista y financiero con mucha dinámica, y por el otro una estructura industrial, comercial y de construcción que pierde empresas y empleo. El riesgo, destaca, es que se consolide una economía de enclave y de sobreexplotación laboral de mano de obra barata.
En contraste, como doctor en Economía, Castro ubica la vía a la formalización en el mercado, con reglas que deben leerse bajo una lupa estrictamente económica, manifestando que los problemas de la población se resuelven “con inversión y con competencia”. Así plantea que lo primero a observarse en materia laboral es “si la cantidad de empresas crece o se achica”, y que eso es lo que Argentina no tiene. Desde esa lógica, la protección del trabajador depende menos de la ley que de sus opciones, quedando “mejor resguardado” cuando son varias las empresas que quieren contratarlo. “¿El sindicato o la competencia? Para mí la competencia”, resume. Contrariamente, la ex ministra pone el foco en los derechos laborales. Sostiene que para “fortalecer la posición de las y los trabajadores”, la política pública debe impulsar “la protección y la organización gremial”.
Independientemente de la búsqueda de causas y culpables de la problemática multidimensional de la informalidad, fenómenos como la pobreza, la marginación social o el desempleo no pueden ser superados sin pensar a la sociedad como productora y trabajadora a la vez. La construcción de un país donde el colectivo de personas puedan acceder a un empleo registrado demanda decisiones políticas efectivas y transformadoras de realidades concretas. Solo una población integrada, mejor remunerada, amparada y reconocida podrá reproducirse económica, social y culturalmente, y dejar atrás el fantasma de la utopía del trabajo formal.

El rol del tercer sector: quién sostiene el territorio cuando las cosas pasan
Históricamente, un pilar fundamental en los barrios populares han sido las organizaciones sociales. “Muchas surgen a partir del 2001”, afirma Paolo Nicolini, destacando el conocimiento, la escucha y la contención que brindan las mismas. Según el funcionario público, desde los años noventa el estado se ha ido retirando en ciertas zonas, tercerizando la llegada al territorio a través de organizaciones, quienes “primero detectan y después derivan situaciones que tienen un carácter de mucha urgencia”.
Nicolas Greco, director de Talento y Cultura de Techo Argentina, da cuenta de otra función “inobjetable” que han cumplido las entidades sin fines de lucro: visibilizar la problemática laboral en los barrios. Al respecto, reflexiona: “En una sociedad cada vez más segregada que solo se informa a través de porcentajes, son las organizaciones sociales las que van al territorio, escuchan a los protagonistas de esas historias y ponen en agenda las problemáticas para construir políticas públicas”.
Asimismo, Tomás Leone define al rol del tercer sector como “fundacional”. En sus palabras: “todo lo que está relacionado a la formación y generación de oportunidades laborales en territorio, el Estado lo trabaja cien por ciento a través del sector social”. En este sentido, Kelly Olmos rescata la importancia de “fortalecer toda la red de organizaciones sociales” en la construcción de una dinámica progresiva de inserción de la población de los sectores populares al mercado formal. La ex ministra ejemplifica: “Así como se hace apoyo escolar en los comedores y en escuela, también tiene que haber cursos de capacitación laboral para las personas desocupadas del barrio”.
Araceli Ledesma, referente barrial, plantea que la articulación entre el estado y el tercer sector “sigue siendo una deuda”. En su experiencia de más de una década en la organización comunitaria, destaca lo “poco valorada y reconocida” que resulta esta labor. “Hoy está muy demonizado el sector”, afirma, “sin embargo, son quienes siguen sosteniendo el territorio cuando las cosas pasan”.
Academia Unidos: “Formar en oficios es formar futuro”
A partir de un compromiso con la integración social y la inclusión laboral, esta iniciativa nace en la ciudad de Rosario con el objetivo de generar oportunidades genuinas de empleo y crecimiento profesional a través de la oferta de becas en oficios de la construcción. El primer empuje de este proyecto surge desde la desarrolladora inmobiliaria Pensaer, aunque Tomás Leone, fundador de Academia Unidos y ex Desarrollador de proyectos en la empresa, destaca que la Academia se crea oficialmente en 2025 como Asociación Civil independiente.
Cómo líder del funcionamiento de la institución, Tomás comenta los “dos dolores” en los que se basa el valor de la propuesta: “El dolor social” en relación a la falta de oportunidades laborales y formativas en los barrios populares y el “dolor del mercado” en relación a la alta demanda de mano de obra calificada en oficios de la construcción. “Allí se encuentra una gran oportunidad de integración sociolaboral”, manifiesta, destacando al trabajo en red como la columna vertebral que caracteriza a la organización.
Actualmente, Academia Unidos cuenta con “alrededor de 50 estudiantes, repartidos en muchísimos barrios populares de la ciudad de Rosario”, entre ellos Los Unidos, Empalme, Ludueña, Godoy, Floresta, y barrio La Sexta. El cuerpo estudiantil está compuesto por jóvenes que quieren formarse en oficios de alta demanda, ya sea para conseguir trabajo o para acceder a mejores oportunidades de empleo.
EPÍGRAFES:
Epígrafe 1: Araceli Ledesma representando a la Mesa Nacional de Barrios Populares durante la presentación del Proyecto de Ley de Emergencia en Barrios Populares.
Epígrafe 2: Ramona Aquino e Isaias Ponce viven en Villa Oculta, un barrio popular de Rosario.
Epígrafe 3: Alumnos de la Cohorte 2026 en la academia unidos participan de un taller diseñado por arquitectos en el marco del ciclo de formación. Taller diseñado e implementado por arquitectos en el marco del Ciclo de Formación de la Cohorte 2026 en la Academia Unidos.
