La artista catalana, que visitará la Argentina, se presentó este lunes en Lyon y dejó a su público extasiado con un espectáculo que mezcló ballet y momentos clásicos con el desenfreno de una fiesta electrónica
Después de que el mundo hablara de ella tras el lanzamiento de su último y ya icónico disco, cuyos cortes aparecen en todas las listas entre los más escuchados del planeta, prometía éxtasis y no decepcionó. Rosalía comenzó este lunes la gira de su cuarto trabajo, el místico Lux, en Lyon (Francia), donde la catalana ofreció al público un viaje ecléctico que por momentos fue teatral como un ballet y de a ratos desenfrenado como una fiesta electrónica en una iglesia abandonada.
Con la orquesta situada en el corazón del pabellón LDLC Arena, un recinto para unas 15 mil personas que tuvieron la suerte de ver el concierto inédito, sin haber sufrido ningún spoilers, la artista ocultó herméticamente su puesta en escena hasta el último segundo antes del espectáculo, cuando unas compuertas de madera dejaron salir a su equipo portando una enorme caja blanca.
De ella salió Rosalía, como una frágil muñeca bailarina que esperaba a que le den cuerda, con tutú y zapatillas de ballet, para dar verdaderamente inicio al comienzo del concierto de la misma manera que empieza Lux, con “Sexo, violencia y llantas” y “Reliquia”.
Danzando sobre sus punteras, el ballet fue el hilo conductor de los primeros temas, también todos ellos de su último disco, hasta transformar la atmósfera en algo más lírico con “Mio Cristo Piange Diamanti”, en el que Rosalía cambió el tutú por un velo y se transfiguró en una suerte de Maria Callas.
Frente a ese inicio más delicado, el shock llegó con la wagneriana “Berghain”, para la que apareció con unos cuernos demoníacos, de plumas negras, acorde con la versión remezclada del que fue el primer single de Lux, que termina convirtiéndose en una rave desenfrenada.
El disco protagonista de la gira tan solo cedió a partir de ahí algo de terreno para dar paso a otros éxitos de su discografía, en especial de su hermano mayor, Motomami, que empezando por “Saoko” dieron paso a la fiesta.
Con “La Fama” y el público ya entregado, Rosalía recordó que era su primera vez actuando en Lyon, mientras el espectáculo pasaba a alternar los ritmos urbanos de temas como “La combi Versace” con los sonidos más de raíz que encarnaron temas como “De madrugá” o “El Redentor”.
Hubo también un momento para sorprender con una versión, la de ‘I can’t take my eyes off you’, donde Rosalía se apareció primero enmarcada en lo alto de una escalera, como una Mona Lisa en el Louvre, mientras era fotografiada por desconocidos, para después desfilar ante ellos como una estrella de Hollywood.
Uno de esos admiradores anónimos tuvo, además, la suerte de quedarse con ella para acompañarla a un confesionario, donde la estrella española le pidió que admitiera sus pecados. Él le contó la venganza que le había orquestado a su expareja tras descubrir que lo engañaba.
“Lo que te encontraste fue lo que se conoce como un perla”, le soltó Rosalía, para dar paso al tema homónimo y referencial de su último disco.
En “Sauvignon blanc” hizo honor al nombre de la canción bebiéndose una copa de vino blanco, sentada en lo alto del piano, antes de dar paso con su melodía a uno de los momentos más mágicos de la noche, envuelta en brillos, y acompañada por los cientos de linternas de celulares que se encendieron en las gradas.
Rosalía (San Esteban Sasroviras, 1992) no quiso tampoco dejar de mezclarse con los mortales mientras interpretaba “Dios es un stalker”, caminando entre los fans, muchos de ellos vestidos de blanco para la ocasión e incluso con coronas teñidas en el pelo como lleva la catalana, hasta llegar al centro del recinto para situarse en el medio de la orquesta Heritage, que ya la acompañó en su reciente actuación en los premios BRIT.
Allí en pie, como el corazón palpitante del pabellón, se quedó para interpretar “La rumba del perdón” y “CUUUUuuuuuute”, una descarga que de nuevo transformó el lugar en una rave electrónica, sobre todo al fundirse con una versión de “Sweet Dreams (Are Made of This)”, de Marilyn Manson.
Sin Bad Bunny cantó “La noche de anoche”, en una versión algo más romántica y dramatizada por la orquesta que la original, antes de dar paso al éxtasis de “Bizcochito” y “Despechá”, que ya iban marcando el final de la noche.
“Novia robot” y “Focu ‘ranni”, sin embargo, concluyeron el espectáculo para dejar claro que esta era la noche de Lux, pero el bis para despedirse del público fue un impresionante “Magnolias”, con ella sola sobre el escenario para culminar el éxtasis.
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