Rosario, viernes 23 de octubre de 2026
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Rosario, viernes 23 de octubre de 2026

“En este campo profesional hay lugar para todos y todas”

Desde este martes, María Teresa Garibay será la primera decana mujer de la Facultad de Ingeniería de la UNR en sus 95 años.

María Teresa Garibay es la primera decana mujer de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la Universidad Nacional de Rosario. La ingeniera, que asumirá formalmente este martes, busca sin embargo cómo no hacer hincapié en la condición de género y su resonancia en una institución donde la presencia femenina no llega al 25 por ciento. “Ojalá sirva como imagen, y que invite a que se sumen mujeres.
Pero lo digo pensando en un espectro más amplio: la necesidad que tiene el país de sumar ingenieros e ingenieras. Sería muy bueno”, concluye, finalizando la entrevista con El Ciudadano. A lo largo de la charla hablará de lo que le incumbe como dirigente: lograr un aumento anual de los egresados por carrera, profundizar en los trabajos de investigación y extensión, y conseguir que las condiciones de trabajo de docentes y no docentes, y el desarrollo de los estudiantes sean acordes a la tarea que le toca.

“Así de claro la tenía: estaba entre psicología e ingeniería civil”, se recuerda Garibay a los 18 años, ahora desde su escritorio como directora de la Escuela de Ingeniería Civil, el que está a punto de cambiar por el de decana. Su imagen es la de cualquier adolescente que tiene que decir qué y quién quiere ser a nivel profesional. Se decidió por su actual carrera, por la facilidad que tenía con las matemáticas. Pero además, su papá era ingeniero y llegó a ser decano de la misma Facultad, y probablemente se encargó, de alguna manera, de empaparla de la pasión por la carrera. “Supongo que tiene que ver que conocía la profesión a fondo y podía verme trabajando. También debe haber sido que me gusta enseñar”, consideró. Y distinguió: “Lo de ser decana surge casi sin querer: te llevan los hechos, la gestión, el compromiso. De a poco se ocupan lugares y también los colegas comienzan a reconocerte. Lo de mi papá y ser mujer son características”, destaca.

El hecho concreto es que la ingeniera civil María Teresa Garibay es la primera mujer en ser decana de la Facultad de Ingeniería en los 95 años que tiene de existencia. La mujer, además de graduarse en la UNR, es magíster de la Universidad Nacional de Córdoba y se ha desempeñado como docente de la institución y en diferentes cargos de gestión. A lo largo de su recorrido en la institución fue secretaria académica de la Escuela de Ingeniería Civil, secretaria técnica, subsecretaria académica y secretaria de desarrollo institucional, consejera directiva en distintos períodos, y actualmente, es consejera superior y directora de la Escuela de Ingeniería Civil. El martes asumirá como decana y se desempeñará en el período 2015-2019 en una casa de estudios que abarca seis carreras de ingenierías, dos licenciaturas y dos profesorados, y en la que conviven más de 700 docentes y 4.000 mil estudiantes.

—¿En qué va a hacer hincapié durante su gestión?

—Una de las cosas es profundizar en conseguir que haya más egresados. La cantidad de ingresantes no es tan alta y hay deserción en el primer año. El país necesita ingenieros y en ese marco incluso el Ministerio de Educación de la Nación lanzó un plan estratégico para lograr más profesionales, se busca duplicar la cantidad de egresados. Hay mucha salida laboral; incluso hay pocos egresados porque los estudiantes se van a trabajar antes de egresar. Son personas formadas, pero que no completaron el título. Por eso vamos a ver qué medidas podemos ir tomando para que haya más egresados.

—¿Cómo ha impactado este plan estratégico nacional?

—La cantidad de ingresantes no ha variado sustancialmente. Siguen siendo unos mil por año. Los graduados aumentaron por el plan Delta G, que consistía en becas para alumnos que le faltaban cuatro materias o menos para recibirse. Nos impactó porque tuvimos casi 170 becarios de los cuales cien se recibieron, y por eso aumentó la matrícula. Si no, serán unos 200 graduados anuales y se mantiene. Es un número que nos gustaría aumentar. También se han tomado otras medidas, como un cambio en el plan de estudios adaptado para los ingresantes, que vienen con cierto déficit en su formación.

—¿Cree que el problema de los primeros años radica en que los alumnos traen dificultades de la secundaria? ¿O cuál es el déficit de esa deserción en el primer año?

—Una de las dificultades es, sin duda, una falencia de formación. También hay un déficit en cuanto a actitudes hacia el estudio. Pero, aunque la matemática y la física sean duras y cuesten más, no somos la excepción. Esas dificultades se repiten en todas las facultades.

—¿Comparte la idea generalizada de que éstas son carreras difíciles?

— Y, para mí, no (se ríe). Es otro lenguaje. Es entender lo que expresa una fórmula, un problema físico, y sobre todo entender y relacionarlo con la realidad. No es aprender de memoria, sino entender las cosas. Yo les digo a los alumnos que el ciclo básico –es decir, matemática y física– son como un remedio amargo que hay que tomar sí o sí. Porque además, con esas materias los alumnos no encuentran eso a lo que vinieron, no lo ven todavía. Y es necesario que aprendan a entenderlas como herramientas para concretar lo que quieren. Pasado el ciclo básico resultan ser carreras muy lindas, apasionantes, porque lo que hacen lo ven concretado en obras. Por eso me gustaría trabajar fuerte en la extensión social, que participen los alumnos y que con los conocimientos que tienen ayudar a una localidad, a un barrio o a una comunidad, por ejemplo. Pensando en los ingresantes, además, hay un primer año que sin duda les resulta difícil. Tiene mucha carga horaria, es necesaria la continuidad, que todos los días vayan a clase y hagan las actividades que propone el docente. Es un cambio brusco. Pero yo no hablaría de dificultad, sino de continuidad y dedicación. Es imprescindible eso.

—¿Y a usted, qué es lo que más le gusta?

—De la ingeniería civil me gusta todo. Mi especialidad es la mecánica del suelo. Pero en general es toda hermosísima, porque se puede plasmar lo que se estudió en una obra que mejora la sociedad, el territorio, las comunicaciones. Y se puede ver, es tangible, es un hecho.

—Aunque no le guste hablar del tema, ¿cree que las ingenierías siguen siendo vistas como carreras “de varones”?

—Sí. Y son de las pocas carreras que quedan con esa impronta. En cada lugar que voy, las mujeres no superamos el veinte, veintipico por ciento. Las ingenierías son una de las pocas carreras que todavía no atraen mujeres. Esa es una mirada que debemos revertir, porque se trata de una capacidad intelectual independiente de ser hombre o mujer. Pareciera que este campo profesional es de los hombres, pero hay lugar para todos. Y todas.