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En Hiroshima recordaron los 80 años de la masacre: la bomba atómica que arrojó Estados Unidos sobre la ciudad japonesa

Estados Unidos es el único país que usó un arma nuclear contra un objetivo civil. El 6 y el 9 de agosto de 1945, lanzó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. En Hiroshima murieron, en un instante, 69.000 personas. A los cuatro días, otros 25.000 en Nagasaki. Otras 200.000 personas murieron de cánceres o complicaciones relacionadas con la radiación durante los siguientes cinco años.

La ciudad japonesa de Hiroshima celebró este miércoles una ceremonia en el Parque Conmemorativo de la Paz para rememorar el 80º aniversario del bombardeo atómico. Los ciudadanos se congregaron en la Cúpula de la Bomba Atómica de Hiroshima para criticar las políticas gubernamentales de desarrollo militar.

Desde el martes por la noche, multitudes se reunieron en el lugar del bombardeo portando pancartas que decían “La alianza Japón-Estados Unidos es una alianza de guerra” y “Alto a la guerra nuclear”. Así expresaron su profunda preocupación por el continuo desarrollo militar de Japón. Y pidieron esfuerzos concretos para evitar que se repitan guerras pasadas.

 

Estados Unidos es el único país que usó un arma nuclear contra un objetivo civil. El 6 y el 9 de agosto de 1945, lanzó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. Lo hizo bajo el argumento de que así aceleraba la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

 

A las 8.15 de un día soleado, el horror

 

En el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima hay un reloj detenido a las 8:15 de la mañana. A esa hora, estallaba la bomba bautizada Little Boy a unos 600 metros por encima del puente Aioi.

El sitio, con esa construcción, fue elegido por su forma de T fácilmente visible desde el cielo. La bomba fue lanzada desde un Boeing B-29 modificado para acomodar sus 4.400 kilos. En su fuselaje, estaba escrito en mayúsculas un nombre: Enola Gay. Era el de la madre del piloto.

 

Los «hibakusha» o supervivientes recuerdan un fogonazo que antecedió a una nube grisácea y densa. Enseguida, los cuerpos calcinados y el caos.

«Vi a mis amigos quemados. Me toqué la frente para comprobar si yo estaba igual y vi que de mis dedos colgaba algo. Era mi piel. Tenía los brazos en carne viva. Estaba desnuda y quemada. Se me veían los huesos de las rodillas», contaba Nagao Natsumi a un corresponsal.

 

En Hiroshima murieron, en un instante, 69.000 personas. A los cuatro días, otros 25.000 en Nagasaki. Otras 200.000 personas murieron de cánceres o complicaciones relacionadas con la radiación durante los siguientes cinco años.

 

Los sobrevivientes, una voz que desaparece

 

Nihon Hidankyo es la organización de supervivientes que persigue un mundo sin bombas nucleares, por lo que en 2024 le otorgaron el Nobel de la Paz.

«No tenemos mucho tiempo. Nos enfrentamos a una amenaza nuclear más grande que nunca. Nuestro mayor reto es cambiar, aunque sea solo un poco, a los estados nucleares que ahora nos ignoran», expresó Nihon Hidankyo.

El tiempo está dejando al mundo sin la voz de los «hibakusha». Este año quedaron por debajo del umbral de 100.000: 99.130 personas. Su edad media es de 86,13 años, según datos publicados el pasado julio por el Ministerio de Bienestar japonés.

 

Se trata de testimonios que contrarrestan al cinismo geopolítico de potencias que continúan con la carrera nuclear con fines bélicos. El 70% de los sobrevivientes cree que las armas nucleares pueden ser usadas de nuevo, según una encuesta reciente de Kyodo.

Hasta 1957, no hubo ningún tipo de apoyo para los supervivientes. Japón siguió en ese sentido las instrucciones de Estados Unidos, que ocupó el país desde el final de la guerra hasta 1952. Ahora, tienen derecho a un chequeo médico dos veces al año.

El segundo objetivo, los objetivos verdaderos

Nagasaki fue la receptora de la segunda bomba atómica, pero no era la primera candidata tras Hiroshima sino Kokura. Fat Man, como se llamaba el explosivo atómico, cayó en paracaídas desde el avión estadounidense bautizado Bock’s Car.

El descenso duró 47 segundos. La bomba erró: explotó a quinientos metros de altura y tres kilómetros más tierra adentro de lo previsto. En Hiroshima se había arrojado sin paracaídas.

Antes de todo esto, con una población diezmada y después de que Estados Unidos hubiera bombardeado Tokio, Japón estaba a punto de rendirse. Las bombas, para muchos, tuvieron como objetivo una demostración de poder militar cuando la ya potencia americana comenzaba, antes de que termine la guerra, a disputar el reparto del tablero político post guerra con la Unión Soviética.

 

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