Las tribunas en Dunedin se vistieron de celeste y blanco. Cientos de hinchas dijeron presente para alentar al plantel de Germán Portanova en su segunda cita mundialista
Enviada especial de El Ciudadano a Australia y Nueva Zelanda
“El que no salta es un ingles”, el cantito registrado de los hinchas argentinos y argentinas que acompañan a las selecciones de los deportes que representan al país abrió un extenso cancionero en “El Invernadero”. Así se lo conoce coloquialmente al Foryst Barr, estadio de la ciudad de Dunedin. Techado los 365 días del año, con lo que parecen ser plásticos transparentes, el calor del sol que salió en la ciudad del sur estuvo a tono con el de las tribunas.
Bombos, redoblantes, banderas y caras pintadas con azules y blancas. Como sucedió en Auckland, en Dunedin Argentina fue local.
La gran mayoría de los presentes son argentinos que viven en Nueva Zelanda. Algunos desde hace meses, otros ya asentados en la Isla. Llegaron en colectivos y autos, los que viven en los alrededores de Dunedin. A pie quienes son de la ciudad que cuenta con 120.000 habitantes. Algunos se animaron a arriesgar posibles resultados, otros no quisieron. Algunos son futboleros, otros no, pero cuando se enteraron que el Mundial femenino de fútbol se jugaba en Australia y Nueva Zelanda, compraron las entradas para seguir a la Selección. “Es una forma de estar más cerca de casa”, dicen.
Durante el partido, como en el Eden Park ante Italia, no pararon de alentar.
El único gol del encuentro lo hizo Stephen Eustáquio a los 46 minutos del complemento
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