Ciudad

Espacio Analógico: un lugar de encuentro, producción y amor por la fotografía

Con más de una década de trayectoria, el espacio conserva su impronta. "Algo que te saque de la habitual", define su fundadora, Laura Basílico, la esencia de esta experiencia

Luisina Ruiz Díaz (TXT y fotos) / Especial para El Ciudadano

Laura Basílico comenzó a estudiar fotografía en la escuela Musto en el año 2007 y desde ahí surgió su inquietud por lo analógico.

Laura cuenta cómo fue su inicio en la fotografía y con respecto a eso comenta: “Ese era otro momento de la fotografía, estaba pasando otra cosa a nivel general, en el sentido de que se estaban empezando a conocer tecnologías digitales un poco mejores. Pero nosotros seguíamos muy enfocados en lo que era laboratorio, entonces hacíamos fotografía blanco y negro. Mi primer acercamiento fue a la fotografía blanco y negro, durante muchos años hice eso casi exclusivamente hasta que en el 2018 Lucila Heimberg y Ximena Cosín, dos fotógrafas de Buenos Aires, me enseñaron a revelar color y desde ese momento revelo color también”.

En relación con su trayectoria, relata que se dedica a la fotografía de archivo y que actualmente está realizando la Diplomatura de Gestión y Conservación de archivos en la Unsam. Además comenta que su formación de grado es en Antropología y en Museología y con respecto a lo artístico su recorrido lo hizo con Maximiliano Peralta Rodríguez y Cintia Romero en Rincón

Sobre Espacio Analógico Laura cuenta: “Me gustaría presentarlo en relación a los tres aspectos que conforman este lugar que tiene once años de trayectoria con ese nombre. Definí ponerle ese nombre y empezó a salir en redes sociales hace ese tiempo, sin embargo yo empecé a revelar desde mucho antes”.

“Yo comencé sola con el espacio y después se fueron sumando distintas personas, en este momento me acompañan en el equipo de trabajo Maikel Plasencia González e Ignacio Walmaggia, somos los tres que estamos trabajando ahora más fuertemente”, añade.

Acerca de Espacio Analógico detalla: “tiene tres patas, una es el procesamiento de materiales fotográficos, ya sean revelados, digitalizaciones, conservación de material de archivo, por ejemplo, si alguien viene con una foto destruida. También reconstrucción, restauración. Después hay gente que viene con una valija de quinientas diapositivas de sus abuelos,con el objetivo de digitalizarlas, retocarlas, pasarlas a papel. Todo lo que sea archivo personal, lo trabajamos. Nos interesa especialmente lo que es fotografía antigua, tenemos contacto con colecciones de esas características, todo eso sería laboratorio y procesamiento de fotos”.

“La otra parte es de formación o educativa, ahí entraría todo lo que son talleres, ediciones especiales de personas que vienen a formarse específicamente en una técnica. Muchas veces fotógrafos o artistas que están desarrollando su obra y que necesitan destrabar algo de su práctica más química, entonces damos soporte en ese sentido. Vienen artistas de otros lugares», agrega al continuar con la idea.

«Acá se encuentran con que pueden hacer uso de muchas cosas. Por ejemplo, cámaras de gran formato, cámaras de placa, impresión de copias de contacto, papel salado, albúmina, cianotipia, marrón, un montón de cosas.Entonces tal vez se quedan todo un fin de semana acá estudiando esa técnica. Eso sería como el plano de la formación y ahí trabajamos los tres. Yo tengo experticia en algunas cosas y los chicos en otras, nos vamos complementando todo el tiempo”, define.

Sobre el tercer aspecto explica: “Lo comunitario y también de producción cultural. Realizamos una noche de diapositivas. Un evento que es una especie de producto cultural, donde lo que hacemos es proyectar fotografía en formato diapositiva de personas que se acercan al espacio con la inquietud de revisar un material, volver a ver algo que no han visto. Entonces, ese evento particular, que lo venimos haciendo desde el año 2024 para nosotros es muy gratificante, porque allí unimos todo. En algún punto procesamos porque la gente se lleva sus imágenes digitalizadas, hay una introducción donde contamos cómo se conservan las diapositivas, cómo funcionan, se procesan ahora y antes, por qué viran de color. Ponemos a andar varios proyectores de diapositivas, para tener varias secuencias de cosas que están pasando en el momento”.

“A este evento va mucha gente y es un público que está totalmente interesado en lo que ocurre, no siempre son fotógrafos, se reúne gente de la comunidad en general porque la resonancia del recuerdo fotográfico también es muy atractivo. Se aprende mucho porque va gente más grande que nos da pistas sobre el paisaje de ese momento, qué pasaba en la ciudad o dónde era”, dice con respecto a las personas que se acercan al espacio.

Y agrega de inmediato: “En relación a lo intergeneracional, que es como un gran eje de la noche de diapositivas, va gente muy joven, grande e intermedios. Son eventos en los que participan bastantes personas con su propio material, pero quienes no tienen material van igual, porque es re divertido. Se recrea el ritual de los años ochenta, cuando se vivía una especie de escasez de imágenes. Había gente que se juntaba a ver La Torre Eiffel, algo que ahora nos parece absurdo, pero que en ese momento era la única manera de, por ejemplo, ver París”.

La noche de diapositivas es un evento en donde no buscan un rédito económico. Generalmente realizan una rifa para poder costear el trabajo de quien participa en la misma. Además realizan otros eventos como muestras fotográficas, ciclo de proyecciones, siempre analógicas (material fílmico en Súper 8, en 16 milímetros, diapos).

Desde hace mucho tiempo se dedica a revelar y últimamente se sumó muchísima gente, personas jóvenes, con inquietudes vinculadas a que no han vivido lo analógico, el derrotero de abrir una cámara y que se te vele la película. Detalla: “Personas que está recién introduciéndose en la fotografía, otros que lo vienen haciendo, quienes persiguen el color, otros a los que les gusta el blanco y negro. Hay quienes no revelan sus rollos, sino que simplemente les interesa la parte de la toma fotográfica.Hay un montón de generaciones distintas”.

“Se ha sumado un gran grupo de gente que está revelando sus rollos que quedaron olvidados en los noventa. Entonces todas las semanas tenemos cuatro o cinco rollos viejos con imágenes latentes de hace veinte o treinta años. Eso es una locura, porque aparece la emoción y la sorpresa de gente que se está encontrando con un material (viajes a Bariloche, Bautismos, etc).  Un señor de la ciudad de Reconquista en Santa Fe, mandó una tanda de once rollos a revelar y se encontró con el registro del nacimiento de su hija, el bautismo, cuando empezó a caminar. Entonces, ese sería como otro público, que no le interesa seguir haciendo fotos pero que quiere recuperar esos recuerdos”, relata.

Con respecto a quienes no vivieron lo analógico, describe: “Lo que atrae es la situación de reconfigurar el proceso de la toma fotográfica. Este proceso es distinto porque te sujetás a menos cantidades de fotogramas. No lo estás viendo en el momento por lo cual no podés editar en el momento, como hacemos con el celular o con la cámara digital. Entonces te esmerás o le entregás un poco más de tiempo, pensás un poco más la toma. Muchas veces lo que se suele ver es una especie de narrativa en el rollo, elegís momentos puntuales. Aparecen en el transcurso de 20/24 o 36 fotogramas, un mapeo más fiel de lo que está ocurriendo”.

“Yo creo que lo que resuelve lo analógico es la parte de la edición posterior. La forma final es más visual, otra estética que está vinculada a azares y decisiones que se toman cuando comprás un rollo, hay cosas que no vas a terminar de saberlas, es una sorpresa también y eso es muy lindo. En un mundo en el que la imagen no es para nada sorpresiva», agrega..

Con relación a cómo se mantiene un proyecto con esta características en un momento donde lo digital es lo predominante la fotógrafa expresa: “Desde el 2007 hubo momentos muy duros donde por ejemplo en la pandemia no se conseguían rollos color, 2018-19, todo era muy difícil y costoso. Hoy se está sumando más gente.Y agrega: “Nos interesa especialmente esto y lo damos todo, es una especie de resistencia, por momentos la invitación constante del mundo es a hacer otra cosa. Entonces permanecer en este lugar haciendo esto específicamente y demás es de mucho trabajo y de mucho amor. Eso sí lo puedo decir porque no habría otro modo”.

”Yo creo que las personas están buscando lo analógico. Hacer otra cosa, que a veces ni siquiera tiene que ver con algo tan fotográfico sino más bien se trata de algo más sensible o afectivo. Quizás se está necesitando eso, encontrar algo que te saque de lo habitual”, cierra Laura.

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