Con dirección de Gustavo Di Pinto y actuaciones de Clara Galindo, Santiago Pereiro, María Florencia Echeverría, Analia Saccomanno, Juan Manuel Raimondi, Juan Alberto Pereiro, Lorena Salvaggio, Laura Fuster, Galo De Lorenzo y Manuel González, la obra se conocerá este sábado en La Orilla Infinita
Miguel Passarini
La cultura en la Argentina se erige en este tiempo como una “Balsa de la Medusa”, un último bastión de resistencia frente a la ignorancia, el desatino y una falsa e impuesta idea de libertad. Allí, como en esa balsa que salva a unos pocos de la tragedia y el naufragio final, el buen teatro, el gran fenómeno vivo de la cultura, busca los lugares por los cuales acercarse al público, siempre con su doble tarea, haciendo equilibrio entre lo poético y lo político.
Ese teatro bello y “salvaje”, como diría el recordado Jorge Ricci, es el que interpela y siempre intenta dejar un puñado de preguntas en las y los espectadores. Y en los últimos treinta años, eso es lo que ha hecho el grupo de experimentación y creación escénica Esse Est Percipi (“Ser es ser percibido”), que lleva adelante el actor, dramaturgo, director y docente Gustavo Di Pinto, que este fin de semana vuelve al ruedo con un nuevo estreno en La Orilla Infinita, La función de los invisibles, un juego de palabras por esa última función de la que todos serán testigos y, al mismo tiempo, una pregunta acerca de cuál es la función de esos a los que nadie ve o no quiere ver.
“En un presente complejo para las artes escénicas de la región, donde las salas y los colectivos independientes resisten los embates del desamparo institucional y presupuestario, La función de los invisibles asume el desafío de visibilizar la fatiga de los cuerpos y el peligro del silenciamiento al que las políticas estatales arrastran al sector”, dijo Gustavo Di Pinto, a cargo de la dramaturgia y dirección y al frente de un equipo artístico que desde la actuación completan Clara Galindo (también a cargo del entrenamiento y coreografía aérea), Santiago Pereiro (también a cargo del entrenamiento actoral), María Florencia Echeverría, Analia Saccomanno, Juan Manuel Raimondi, Juan Alberto Pereiro, Lorena Salvaggio, Laura Fuster, Galo De Lorenzo y Manuel González, con diseño y realización de vestuario de Lorena Salvaggio, realización vestuario para acrobacia de Marcela Yanez Castillo, diseño de escenografía de Gustavo Di Pinto, plástica de carteles y señales de Pamela Martínez, diseño de iluminación de Ignacio Almeyda, arreglos musicales de Esteban Pereiro, asistencia de dirección y técnica de Manuel Berbari Sforza, diseño gráfico de Fernando Galassi y prensa y difusión de Carina Culasso.
En un punto perdido de una ruta desierta, un auto detenido y un trapecio al costado del asfalto se convierten en el escenario fortuito para un grupo de comediantes y artistas circenses que parecen haber quedado suspendidos en el tiempo. Entre el absurdo, la intemperie y la melancolía de las funciones suspendidas, los personajes transitan sus propios fracasos, los silencios acumulados y las verdades postergadas, descubriéndose de pronto ante la mirada de alguien que, desde las sombras, los estaba observando.
La puesta de Esse Est Percipi se mueve entre la comicidad física de cuerpos que ya no encuentran público y la fragilidad de quien cuelga de un trapecio sin red, indagando en los sacrificios de la creación independiente. A través de un relato poético y descarnado, los integrantes de esta peculiar caravana exponen sus costuras y heridas, transformando la escena en un territorio donde habitar y actuar es, ante todo, un acto genuino de supervivencia e identidad.
“Lo de la ambigüedad del título, es exactamente eso, La función de los invisibles es un concepto que juega deliberadamente con esa doble lectura o sentido. Por un lado, la función teatral concreta, la «última función». Y por el otro, la pregunta política y existencial que nos hacemos permanentemente y que tiene que ver con qué función cumplimos los artistas, para qué estamos. Esta obra nace de esa sensación de desconcierto y angustia al ver cómo aquello por lo que tanto se luchó y que creíamos conquistado para siempre con la Ley Nacional del Teatro y la creación del Instituto Nacional del Teatro (INT, hoy desfinanciado), se desmoronaba frente a nuestros ojos sin una reacción social masiva. Fue la primera vez que me senté a escribir una obra solo, en mi casa, antes de ensayar, como un mecanismo de catarsis y de resistencia frente al mensaje implícito de que para muchos no cumplimos ninguna función”, dijo conmovido el dramaturgo y director Gustavo Di Pinto acerca de esta nueva propuesta surgida del despojo y la resistencia, en la que una troupe de artistas varados funciona como metáfora universal sobre el pánico humano a desaparecer y ser olvidados.
“El año pasado festejamos los 30 años de Esse Est Percipi. Nuestro grupo nació antes de la existencia del INT, pero creció y se consolidó gracias a la Ley de Fomento, al igual que todo el teatro independiente del país. El lema que nos da nombre, «Ser es ser percibido» hoy cobra una urgencia brutal. Las políticas actuales no nos están prohibiendo de frente: nos están borroneando, buscando hacernos invisibles. En la obra, el grupo de artistas queda varado en la ruta porque su diminuto Fiat 600 se detiene y la caravana los abandona. Hoy sentí que a Percipi y a tantas salas y grupos del país nos están dejando abandonados a la vera del camino, como si no existiéramos”, destacó respecto de la desidia del gobierno nacional y el desfinanciamiento del INT denunciado por estos días una vez más por diversas entidades.
En el mismo sentido, el creador se explayó: “De todos modos, en la obra exploramos que la invisibilidad no es sólo la que nos impone el contexto político. Hay otra invisibilidad tan dolorosa como la institucional: y es la de nosotros mismos en lo cotidiano cuando nos quedamos en silencio, cuando no nos miramos con nuestras parejas, con nuestros colegas o en nuestros trabajos. Esa incomunicación del que ama en silencio como pasa con Quinto, uno de los personajes de la obra; o de las que no dicen «te quiero» a tiempo como María o Margarita, convive en el escenario con la crisis del sector. Son dos formas de la misma pregunta”.
Respecto de un concepto que transita el imaginario colectivo de la comunidad teatral que siempre parece estar obligada a volver a foja cero, Di Pinto reflexionó: “Coincido en que hay algo estructural. El teatro rosarino vive en una lucha histórica por asomar a una superficie de legitimidad, muchas veces eclipsado por la visibilidad del teatro porteño que desembarca en la ciudad. Pero también creo que ahí radica nuestra mayor potencia. Reinventarnos desde el margen nos obliga a no dar nada por sentado. En cada función de las que haremos de La función de los invisibles, un personaje diferente ensayará una respuesta a esta pregunta tan insistente respecto de por qué seguimos adelante. Quizás esa repuesta apresurada de Catalina, Cándido, Teresa o el personaje al que le toque en esa función en particular, nos ayude a comprenderlo”.
“Por todos estos motivos, La función de los invisibles es una obra nostálgica, evocativa pero también esperanzadora porque este grupo, desde las sombras y a cierta distancia, es observado y cuando Teresa dice: «No actuamos para usted querido, actuamos para no borrarnos», miente un poco. Si sigo haciendo teatro en estas circunstancias es porque no me rindo. Mantengo una luz de esperanza fundada en los trabajadores del INT que defienden lo que queda, en los compañeros teatristas de Rosario y de todo el país que sostienen la actividad a como dé lugar, y en mi grupo que tiene clarísimo por qué resiste”, sumó el creador de recordados materiales como, entre muchos otros, Vittorino Pacheco o A la gran masa argentina.
Para forjar este recorrido, el grupo de trabajo se apoyó en algunos referentes indiscutidos: “Para crear el andamiaje de esta invisibilidad, por un lado, rescatamos esa lengua de la espera propia del universo de Samuel Beckett, pero bajada de lleno a nuestro territorio: la llanura santafesina, la ruta vacía y un Fiat 600 partido al medio donde resuena la música de Feliciano Brunelli como un latido que se niega a apagarse. En lo visual, la puesta toma la soledad de las pinturas de Edward Hopper y el concepto de Junichiro Tanizaki sobre El elogio de la sombra. Y en el centro emocional está la mirada de Leonardo Favio, dándole una nobleza inquebrantable y luminosa a estos artistas varados que el mundo ya no toma en serio”.
La función de los invisibles se conocerá este sábado 5 de septiembre, a las 21, en La Orilla Infinita (Colón 2148), donde seguirá en cartel todos los sábados hasta finales de noviembre. Las entradas anticipadas se pueden comprar ACÁ.
El ala pivot de 40 años oriundo de Chascomús dialogó con El Ciudadano a horas…
La fiscalía federal del caso analiza el material secuestrado para determinar la trazabilidad del dinero…
Ambos uniformados quedaron inmediatamente detenidos y alojados a disposición de la Justicia. Tras confirmarse el…
El Canalla recibe este sábado a Gimnasia. El encuentro comenzará a las 17, será dirigido…
Consiguieron su tercer título frente a las locales en el Wagener Stadium. Sofía Cairó, la…
Personal de la Brigada Aérea de la Policía de Santa Fe vio la maniobra ilegal…