La concejala Fernanda Gigliani pidió debatir más allá de las presiones sociales el intento de prohibición de la actividad de cuidacoches. “Nuestro rol no es hacer un TikTok o un video en Instagram para caerle bien a la sociedad. A nosotros nos votan para intentar resolver los problemas”, sintetizó
Fernanda Gigliani transita su cuarto periodo como concejala en Rosario. Hija de familia peronista, llegó desde San Nicolás con 18 años, para estudiar abogacía. Recién llegada empezó a coordinar un voluntariado con chicos que limpiaban vidrios en Oroño y Pellegrini. Aprendió la política mirando la foto de Perón y Evita en el televisor de la cocina, pero su militancia la empezó al lado del socialista Héctor “Tigre” Cavallero, a quien reivindica como el mejor intendente desde la vuelta de la democracia, aunque también lo enfrentó allá por el 2014.
En diálogo con el stream Política de El Ciudadano, se definió como una persona “sin filtro”, que dice lo que piensa. Y cuando la política la supera, agarra los tambores. Hace tres años arrancó percusión “para no psicotizarse”. Sobre la prohibición de cuidacoches, pidió no errar el diagnóstico: “Nuestro rol no es hacer un TikTok o un video en Instagram para caerle bien a la sociedad. A nosotros nos votan para intentar resolver los problemas”.
—En la previa de la última elección dijiste que el Ejecutivo avanzaba cada vez más sobre el Concejo y eso desdibujaba el rol del cuerpo deliberativo local. ¿Sigue siendo así o se revirtió ese proceso?
—No se revirtió. Creo que en algún punto se profundizó. La ordenanza de (construcción de) torres determinó que emprendimientos de gran envergadura ya no vuelven al Concejo para su debate. También se eliminó el requisito de solicitar las factibilidades de las empresas prestatarias de servicio. Acá se van a emitir permisos de edificación sin saber si mañana esa gente va a tener luz o agua. A eso se suma que durante la pandemia se le dio al Ejecutivo la potestad de autorizar el uso del espacio público y quedó instalado hasta hoy. Cada vez que los concejales queremos votar un expediente de ese tipo, nos dicen que tenemos que coordinarlo con una mesa de eventos que no sabemos quién la conforma.
—¿Pensás que el debate del año próximo sobre la Carta Orgánica que se implementará en la ciudad podrá modificar algo en ese sentido?
—Aspiro a que la futura Carta Orgánica ponga al Concejo en el rol que nunca debería haber perdido. Pero también se agrandó demasiado la cuestión de la autonomía. Le pusieron una sobredimensión a la expectativa. El Tigre Cavallero arregló la Circunvalación cuando la Nación no ponía un peso y se comió un juicio por eso. Cubrió con fondos municipales gran parte de la salud pública. Y estaba lejos de la autonomía. Podés tener la mejor Carta Orgánica, pero si no tenés decisión política, la autonomía no sirve para nada. El negocio de algunos es no hablar del tema, después poner candidatos y darle a esa Carta el contenido que le convenga al poder de turno. La Carta Orgánica para que sea bien representativa tiene que discutirse con todos los actores de la sociedad civil. Pero ese ejercicio ciudadano hoy no lo veo.
—Los estatuyentes locales se van a elegir el año próximo. Venimos de elecciones con participación a la baja. ¿Qué pensás que puede pasar hacia adelante?
—Para mí el dato más dramático de la última elección fue que había más gente en la panadería que en las escuelas. La gente estaba en las panaderías, había cola en las panaderías, pero no había cola en las escuelas. Eso es tan gráfico: “ya ni siquiera voy y expreso mi malestar votando a otro o rompo el voto adentro del sobre. Ahora ni siquiera voy”. El Campo Nacional y Popular algo aprendió, o debería haber aprendido, de que la unidad es necesaria, pero con la unidad no alcanza. El rejunte no nos alcanza. Juntarnos para ganar una elección sin un programa que nos una, sin un destino común, no sirve. Si no logramos reconstruir ese lazo de confianza entre quienes decimos representar y la sociedad, podemos poner el candidato que queramos y la sociedad, por más desesperanzada y enojada que esté con Milei, no va a venir para acá.
—¿Cómo evaluás el proyecto de Juan Monteverde sobre el sostenimiento de la Salud Pública? El oficialismo dice que ataca la capacidad de decisión de los rosarinos.
—El oficialismo no leyó el proyecto de Monteverde. Las intervenciones son maliciosas. Rosario sostiene una política pública de salud que no es solamente para los rosarinos. Estamos sosteniendo la salud de parte del área metropolitana, incluso de otros departamentos linderos. Corresponde que la provincia envíe los recursos para poder sostenerlo y nosotros holgadamente poder dedicar parte de esa inversión a otras demandas importantes de la ciudad. Todas las intervenciones del oficialismo fueron de ignorancia porque no leyeron el proyecto, o para desvirtuar lo que Monteverde quiso decir.
—Otro tema que se discute, tanto en la Legislatura como en el Concejo, es este intento de prohibición de la actividad de cuidacoches. ¿Cuál es tu mirada?
—Primero hay que hablar seriamente del tema. Hay concejales que no saben de lo que están hablando, no tienen idea del diagnóstico. Mezclan todo en la misma bolsa. Si vos salís a la calle, la gente obviamente los cuidacoches le generan malestar. Para la mayoría son un problema. Si vos venís y les decís mañana “los exterminamos”, parte de la sociedad va a estar de acuerdo. Nuestro rol no es hacer un TikTok o un video en Instagram para caerle bien a la sociedad. A nosotros nos votan para intentar resolver los problemas.
Entonces, por un lado tenés a quienes se organizan en asociaciones ilícitas para cometer delitos, muchos vinculados a las barras de fútbol o a bandas de narcomenudeo. Allí lo que tiene que hacer la justicia y el Ministerio de Seguridad es dar respuesta. Pero por otro lado tenés gente que está fuera del sistema hace años. El casi el noventa por ciento de los que hoy se desempeñan como cuidacoches viven en la calle, están en situación de calle. En dos años de Milei se acrecentó la cantidad de gente que vive en la calle. ¿Esa gente de qué va a vivir? El Estado no puede hacerse el distraído. Tiene que tener un diagnóstico claro y reconstruir los proyectos de vida de estas personas. Hoy tenés familias enteras laburando de cuidacoches. Descreo de esos concejales que dicen hay que prohibirlos como si de la noche a la mañana por una sola prohibición esa gente va a desaparecer.
Hoy estamos también frente a una sociedad que no quiere ver esto. No quiere ver al cuidacoche, no quiere ver al que duerme en el palier de un edificio porque tiene frío y vive en la calle. No quiere ver a un pibito que te pasa por una mesa en un bar a pedirte. Todo eso es parte de la explosión de un sistema.
Yo soy militante política, laburé con chicos adolescentes en situación de calle. Yo no voy a vender verdura ni voy a venir a decir acá algo que le caiga bien a la sociedad. A mí no me votan para eso, me votan para trabajar en serio.
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