Espectáculos

Estar acá y estar ahora: Jorge Drexler trajo el candombe a Rosario con “Taracá”, su nuevo álbum

El músico uruguayo presentó el pasado martes en el Bioceres Arena los temas que integran su último material discográfico acompañados por los grandes clásicos de su carrera

Santino Bugatti, especial para El Ciudadano

Es martes y en Rosario parece que va a llover. El Bioceres Arena ya está preparado para una visita fuera de lo común que agotó localidades. Jorge Drexler es sin duda una de las voces más sensibles e inteligentes de la música de habla hispana. Su trayectoria de más de 35 años testifica el profesionalismo y la curaduría musical que desarrolló a lo largo de su carrera. Con álbumes como Frontera, Eco y Amar la trama, por mencionar algunos, combinan palabras, conceptos y rimas con historias personales y familiares que se mezclan con lo instrumental y con una búsqueda de sonidos que parece no tener límites. Tras dos exitosas fechas en Mendoza y Córdoba, presentó su último material de estudio titulado Taracá en la ciudad donde alguna vez vivió unos meses para filmar una película. 

Antes de que dé inicio, Ele Mariani musicaliza la entrada de aquellos últimos espectadores que llegan sobre la hora. Con su guitarra y su voz, logra transmitir lo que una banda entera. Y es ahí donde llega la primera sorpresa de la noche: Jorge se apersona en el escenario, en un enorme gesto de reconocimiento hacia la telonera: pues él mismo la seleccionó junto a su equipo y se ve reflejado en ella recordando, al pasar, su época de telonero, agregando que es una tarea difícil. El público obedece y ovaciona a Ele ante el artista que ya estaba casi listo para salir a escena.

Se hacen las 21.30 y las luces se apagan. El compás de los aplausos no es el normal: clap clap clap…clap clap, el público lo conoce. Saben a quién vinieron a ver. Al finalizar, en la oscuridad, el desfile de los músicos a sus puestos aparece Jorge y el anterior ritmo se desarticula en un aplauso mezclado con vitoreos y silbidos. El tiempo parece detenerse cada vez que empieza un recital y esta vez el impacto fue más acentuado.  “Toco madera” es la canción que abre el disco y abre el show:  es la primera ventana al imaginario del disco, fue su primer single y lo abre de manera sorprendente. Se trata de una canción enérgica y percusiva, que pone al tambor en el centro destacando el protagonismo y la centralidad una de las claves más conocidas del candombe, este género de raíces afro-uruguayas que fue censurado durante los años de dictadura en Uruguay y en muchos lugares del mundo, y que se homenajea en este y en algunos temas de más adelante.

Le sigue “¿Cómo se ama?”, donde hace una radiografía del amor moderno, de cómo las redes sociales y la desconfianza desdibujaron las ideas que se tenían antes sobre formar un vínculo. Una angustia generacional vuelta canción. Y no llega ni a pensar una posible respuesta que ya inserta otra duda de la mano de una canción que ideó en la pandemia, cuando la conexión humana estaba obligatoriamente mediada por la tecnología, y donde nació una herramienta tan útil como peligrosa: “¿Hay alguien A.I.?”. 

La canción es una advertencia sobre los alcances de la inteligencia artificial y, con un ropaje melódico y rítmico, se pregunta por la identidad del fantasma dentro de la máquina, o si acaso el fantasma es la máquina misma que avanza y evoluciona y amenaza los roles jerárquicos que existen en la sociedad entre el hombre y el robot, existiendo la posibilidad de que ese límite se quebrante y desembocando en una nueva pregunta por la identidad y las competencias de los seres humanos: “¿Qué es lo que hace a un ser ser un ser humano?”. La respuesta en este caso se exige y se tensiona con las visiones que se tienen sobre el futuro. 

Ya en el cuarto tema retoma parte de su repertorio pasado: “Transporte” es bibliografía obligatoria en la música de Drexler, tanto como lo es el álbum al que pertenece, Eco, del 2004. Y así siguió la noche, trenzando clásicos con nuevos lanzamientos y con breves monólogos en los que compartió algunos pensamientos, significados y búsquedas antropológicas reflejadas en cada canción.

El camino del artista

Para llegar a este nivel de expectativa por parte de su público, Jorge no recorrió un sendero lineal: hubo muchas decisiones arriesgadas que debió tomar y muchos cambios de rumbo que devienen en el Drexler que se conoce hoy. Pero hace 43 años una joven versión de él entraba a la facultad de medicina para seguir el legado de sus padres (ambos cirujanos) y atravesaba una vida universitaria marcada por los horrores y la opresión de la dictadura: la política y la lucha por los derechos humanos fueron protagonistas en su crianza y en la de sus padres y seguían presentes en sus épocas de formación. 

Años después, en el 92, llegó a recibirse de médico y ese mismo año lanzó su primer disco. La luz que sabe robar, se llamó, logró vender 33 cassettes y, él cuenta en una auto-burla, que conocía personalmente a 30 de los compradores. De esta manera vivió largos años de su vida con dos profesiones totalmente opuestas en que, por momentos, una demandaba más que otra. La música no aparece de manera azarosamente en su vida sino que siempre estuvo latente, desde niño, cuando se escapaba a la casa de su vecina para tocar el piano que ella tenía y que cuando fallece, le regala a Jorge y hoy conserva en casa de su hermana. 

Luego siguió practicando con la guitarra  y escribiendo al mismo tiempo. Él cuenta que su formación musical siempre fue extracurricular y complementaria a su carrera principal. Hasta que luego de 6 años de ejercer, la música por fin tomó las riendas de su vida para no soltarlas nunca más.

Es que una noche, inolvidable según él, le tocó telonear a Joaquin Sabina en su paso por su país. El afamado cantante español lo escuchó tras bambalinas y posterior al show lo invitó unos tragos en el bar “El lobizón” donde posiblemente lo haya convencido de dejar por completo su vida anterior para aferrarse a la composición e interpretación musical. En “Pongamos que hablo de Martínez”, una canción de su álbum Salvavidas de hielo de 2017, el uruguayo le rinde homenaje al español y le agradece por su amistad aun vigente desde aquellos años. Este martes la interpretó para el público rosarino con especial sensibilidad.

Momento bisagra

Treinta años pasaron desde que el cantante uruguayo emigró hacia el viejo continente, precisamente a España, para desarrollar su vida familiar y su oficio. Pero el sedentarismo nunca lo caracterizó, pues pasaron muchas cosas en el medio que lo obligaron a moverse y a trazar rutas por el mundo sin dejar de visitar a su querida Uruguay tres o cuatro veces al año. Hace poco tiempo, la muerte de su padre fue un motivo de retorno a su país, suceso que marcó un momento bisagra en su vida y que no es aislado al proceso de idear y producir lo que sería su último lanzamiento, Taracá

Él mismo destaca este momento y lo vincula con otro momento de su pasado donde piensa en un juego curioso de roles familiares: Jorge se encontraba en Uruguay cuando lanzó Frontera (1999), que es grabado y producido en su país de origen y cuyo recuerdo relaciona a su primer hijo: Pablo Drexler. Hoy en día el jóven también es cantante bajo el seudónimo PabloPablo pero cuando nació provocó una extraña sensación en Jorge. Él dejaba de ser solo hijo para convertirse también en padre. Entraba en ese cruce de perspectivas en que una persona lo llama “papá” y otra lo llama “hijo”. 

Fue en noviembre de 2024 que Günter Drexler, un reconocido médico judío de origen alemán, papa de Jorge, fallece a sus 89 años en Montevideo y amputa la doble condición del artista: ahora dejaba de ser hijo, para convertiste solo en padre. Taracá estaba en proceso y es con estos datos que logra entenderse uno de los pilares del disco: el retorno a su tierra.

Taracá

Su decimoquinto álbum de estudio fue lanzado el 13 de marzo de 2026 en todas las plataformas digitales y trae consigo una invitación a recorrer distintas geografías y cruces, palpitar distintos ritmos, abordar las crisis que son transversales a él y al mundo, habitar las preguntas que se plantea sin necesidad de darles una respuesta, sino de expandirlas. El disco podría  ser catalogado como un “disco de candombe”, pero no seria una definicion del todo completa ya que entrelaza también la samba con la milonga y hasta ritmos urbanos, y todo esto con featurings de lujo y de amplia variedad: Young Miko, La rueda de Candombe, Ängeles Toledano y la murga uruguaya Falta y Resto, por hacer mención de algunos de sus partícipes. 

Desde España a Puerto Rico, Jorge explora instrumentos y voces que dotan de una especificidad sonora a cada canción a primera escucha, y confecciona letras y estribillos pegadizos que posicionan al álbum como uno de sus estrenos más exitosos, desplazando de su listado de canciones más escuchadas a los clásicos que la ocupaban. Taracá, cuyo significado es explicado en el tercer track del disco, cuenta con 11 canciones que pretenden tanto dejar un mensaje como sembrar las dudas que lo movilizan.

Cuando llega “El tambor chico”, el mencionado tercer track, se entiende el significado del título del álbum: Taracá es la onomatopeya de los tres golpes que marcan el contratiempo del tambor chico, palabra que Jorge había pensado sin más, pero al compartirlo con Facundo Balta, uno de sus productores, este le hizo dar cuenta del verdadero significado del concepto. Taracá es estar acá, y al entender esto el cantante remató con otra idea: estar acá y estar ahora. Se convierte en un aféresis. La presencia en espacio-tiempo. Lo único e irrepetible de los momentos. La importancia de sentirse presente en la tierra que es de uno. Un gesto cultural hacia Uruguay.

Después llega en el disco “Te llevo tatuada”para calmar la euforia que deja un buen candombe. Un dueto que es una confesión íntima. Con solo guitarras que la acarician llega a uno de los puntos más sensibles de la obra, donde le declara devoción a su amada cuando pareciera que, después de un tiempo de estarla guardando, se encarnó en su piel como un tatuaje.

El álbum cierra de manera contundente con “Las palabras”, un tema que en su presentación en Rosario el artista decidió ubicar en el medio y con un gesto que sorprendió a su público: baja del escenario por primera vez para dar inicio a un set acústico en el medio de la enorme sala. La fila 10 y sus alrededores consiguen en este momento una vista y una cercanía de él que no se esperaban. Solo, interpreta el tema donde se explicita la importancia del lenguaje y de su selección para comunicar correctamente. 

Las palabras son permanentes, dejan huellas en las personas que le sobreviven al paso del tiempo. Escogerlas de manera adecuada es vital en obras como ésta, entendiéndose como todo lo que se oye a lo largo de Taracá tiene su particular significado. 

A continuación en la set list del concierto interpreta “Guitarra y vos”, “Inoportuna” y el tema que le valió un Oscar: “Al otro lado del río”. También suenan “Soledad” y “Amar y ser amado”. En esta última sigue expresando su inquietud por los misterios del amor y de los vínculos humanos, develando esta idea de que nunca habrá una experiencia totalmente errada ni una totalmente correcta en cuanto al amor, sino que este obra en la subjetividad de quien lo experimenta. El espacio-tiempo se sigue posicionando como otro de los ejes que funcionan en Taracá.

En este momento vuelve al escenario principal donde todo este tiempo estuvieron las voces corales en que Jorge apoyaba su canto. En este último tercio del show, interpreta las canciones a las que mayor significado le atribuye. Además de “El tambor chico” presenta “Cuando cantaba Morente”, un homenaje nostálgico, con el retorno de las guitarras de Zitarrosa y con el recuerdo vivo de Enrique Morente, cantaor español que muere de forma prematura, considerado uno de los renovadores del flamenco y que Jorge conoció en sus primeras vueltas por España junto a Sabina. Ángeles Toledano es la española que tiene la tarea de desplegar en su canto la añoranza de aquel tiempo, con su voz catalogada como una de las de mayor proyección dentro del panorama musical andaluz.

“Nuestro trabajo/Los puentes” son dos canciones que acabaron siendo un mashup pero que cada una tiene su historia. Y es que “Los puentes” nace en los cuadernos de Drexler en 2017, en vísperas de la primera asunción de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Pero no tomaba cuerpo hasta este año que enlaza en el mismo track con “Nuestro trabajo”. Es así como, en conjunto, reflexiona sobre el rol del artista en estos tiempos de desorden mundial, confusión e incertidumbre, donde es normal oír discursos que deslegitiman la labor de quien canta, toca, pinta, escribe, vive de lo que le gusta. Reafirma el carácter de trabajo de todo obrar artístico y resalta su importancia con la analogía de tender un puente: puentes transversales que cruzan vastos abismos de ignorancia para conectar con otras personas, otras generaciones, otros sentidos. Y es que al acercarnos al abismo es mejor tener un puente que cruzar hacia un lugar mejor. Está en cada uno armarse de valor para hacerlo.

Casi finalizando, llega “¿Qué será que es?, donde instala esta cuestión de cómo puede definirse la vida en pocas palabras. “Vivir y no tener vergüenza de ser feliz”, puede ser una de las respuestas. Apreciar la “belleza de ser un eterno aprendiz” puede ser otra. A sus más de 60 años Drexler sigue aprendiendo de él mismo y de las personas que lo rodean, de gente más grande y también de gente más joven. Esta canción de candombe toma un cuerpo circular cual tambor, donde la pregunta rueda por su senda infinita y encuentra una de sus más fieles respuestas en la niñez, el inicio: “es bonita”. Es destacable su video musical que reúne imágenes que capturó su padre con la súper 8 en los años de crianza del niño uruguayo que entonces se hacía la misma pregunta que el hombre en el que se transformó. 

Ya cerrando, y tras el clásico amague de irse sin cantar sus top globales, vuelven a apuntarlo las luces y resulta inevitable para los espectadores pararse a bailar al ritmo de “Ante la duda, baila”. Esta canción es una demostración del impecable storytelling que Drexler ejecuta, narrando cómo, a través de los siglos, en diferentes lugares y momentos se censuraban y castigaban las prácticas musicales y bailables por ser consideradas vulgares tornando hacia lo último, a la democratización del género reggaeton y dejando una invitación a bailar ya que la historia ha cambiado. Se arman rondas de baile y trencitos entre las sillas que a esta altura perdieron su orden.

Llegaron las más conocidas: “Sea”, “Me haces bien” y “Todo se transforma” se unieron en el último momento para que el público enloquezca y se emocione. Por primera vez el Bioceres Arena fue sede de un verdadero círculo de candombe, de raíz uruguaya y de resistencia, elementos que conforman la columna vertebral del último lanzamiento de Drexler que dejó en los rosarinos una sensación de felicidad incomparable. Ejercerla, sin prejuicios y sin vergüenza, es la tarea que ahora cada uno debe afrontar.

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