La crisis que se desató por las trabas chinas a las importaciones argentinas de aceite de soja sigue generando reacciones entre los empresarios del sector.
Esta mañana, el vicepresidente de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina, Miguel Calvo, reclamó que la Casa Rosada encare con seriedad las gestiones con el gobierno asiático para superar el conflicto.»El tema es importante y hay que ponerle todos los cañones», planteó.
De todas maneras, el empresario intentó desdramatizar la situación al destacar que “tampoco es para suicidarse, esto no significa el caos, hay una traba con el principal comprador de aceite de soja, pero lo que hay que sentarse a negociar».
En el mismo sentido, Calvo planteó que a largo plazo China «no puede dejar de comprarle» soja a la Argentina porque, según afirmó, el país es el único productor de la oleagionosa en las cantidades que demanda el gigante asiático.
Además, se mostró confiado en que la reunión que el canciller Jorge Taiana mantendrá mañana con el embajador chino, Gang Zeng, para expresarle su «absoluto malestar y desagrado» por el bloqueo a la importación de aceite de soja procedente de la Argentina sirva para destrabar la disputa. «Siempre se espera que se encuentren soluciones. Nuestra expectativa es positiva», afirmó Calvo.
El 19 de enero pasado, en medio de la crisis por el uso de reservas y el desplazamiento de Martín Redrado del Banco Central, y para no dejar a Julio Cobos a cargo del Poder Ejecutivo, Cristina Kirchner suspendió un viaje a China que tenía previsto desde hacía meses. Para los empresarios del sector esa fue una decisión desacertada que provocó la escalada de tensión con el país asiático.
La disputa comercial tiene que ver además con las medidas que el Gobierno dispuso a productos de calzado, textiles y otras manufacturas chinas que también se fabrican en la Argentina y podrían verse afectadas por competencia desleal.
La cuestión preocupa a la Casa Rosada porque la decisión del gobierno de Hu Jintao de bloquear el ingreso de aceite de soja procedente de la Argentina significaría más de 1600 millones de dólares menos para la balanza comercial nacional y otros 620 millones de dólares menos de ingresos fiscales por retenciones.